Millones de pequeñas y medianas empresas (pymes) en México albergan el deseo de expandir sus horizontes hacia el comercio internacional, pero se encuentran con barreras significativas que les impiden dar el salto. La falta de financiamiento adecuado, el desconocimiento de los tratados comerciales, la dificultad para establecer contactos con compradores y la ausencia de acceso a cadenas de valor globales son obstáculos persistentes que mantienen a estos negocios fuera del mercado exterior.
Juan Pablo Castañón, vicepresidente del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior (COMCE), ha señalado que la aspiración de muchos empresarios mexicanos es contar con las facilidades, el acceso, el financiamiento y el conocimiento necesarios para integrarse a las cadenas de valor y poder exportar. Sin embargo, el desafío va más allá de una simple transacción de venta en el extranjero. Las pymes requieren un proceso de profesionalización, la identificación de compradores potenciales, un entendimiento profundo de las preferencias arancelarias que ofrecen los tratados comerciales de México, y el cumplimiento riguroso de los requisitos fiscales, aduaneros y logísticos.
Betsabé Rocha, secretaria de Economía de Nuevo León, ha corroborado esta situación, advirtiendo que incluso aquellas empresas que ya realizan exportaciones a menudo carecen de todos los elementos necesarios para maximizar el aprovechamiento de los acuerdos comerciales. En muchos casos, las empresas terminan pagando aranceles que podrían evitarse simplemente por desconocimiento de las preferencias disponibles o por falta de asesoría especializada para utilizarlas. "Obviamente que no están preparadas, que no tienen todos los elementos listos", afirmó Rocha, subrayando la necesidad de profesionalizar y formalizar a estas empresas, dotándolas de las herramientas adecuadas para que visualicen las exportaciones como una vía real de crecimiento.
Un ejemplo ilustrativo de esta dinámica es el caso de una imprenta que, enfrentando una disminución de clientes y una creciente competencia de productos asiáticos, encontró una nueva fuente de ingresos a través de la fabricación de libros personalizados. Esta empresa logró expandir su mercado a Europa, Canadá y Puerto Rico, demostrando que la exportación no es un coto exclusivo de los grandes conglomerados industriales, sino una posibilidad tangible para empresas de menor escala con la estrategia y el apoyo adecuados.
En este contexto, el modelo empresarial de Italia emerge como una referencia valiosa. A diferencia de otros grandes exportadores, la fortaleza industrial italiana se sustenta en gran medida en una red de pequeñas y medianas empresas altamente especializadas que se integran eficientemente en cadenas productivas, logrando así la comercialización de bienes con un valor agregado considerable. "En pequeña y mediana empresa, Italia es experta y sobre todo para comercio exterior", destacó Castañón, sugiriendo que México podría adoptar mejores prácticas de este modelo para construir la infraestructura, el conocimiento y los vínculos necesarios para sus propias empresas exportadoras.
La relación comercial con Italia también presenta una oportunidad para diversificar el comercio mexicano, que actualmente se encuentra fuertemente concentrado en Estados Unidos. Lorenzo Vianello, presidente del Comité Empresarial Bilateral México-Italia del COMCE, señaló que Italia es el segundo socio comercial de México dentro de la Unión Europea. Aunque la balanza comercial favorece a Italia, una parte significativa de sus exportaciones hacia México consiste en maquinaria y tecnología, insumos cruciales para la industria y la infraestructura mexicana, lo que a su vez contribuye a mejorar la competitividad del país.
Los datos recientes respaldan esta tendencia: las exportaciones mexicanas hacia Italia experimentaron un crecimiento cercano al 30% durante el primer semestre de 2026 en comparación con el mismo periodo del año anterior. Por su parte, los envíos italianos a México aumentaron alrededor del 9%. Valentina Valente, jefa de la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de Italia en México, ha resaltado la creciente importancia de México para las empresas italianas, calificándolo como el principal destino de sus exportaciones hacia Latinoamérica, acaparando un tercio del total.
El acuerdo comercial modernizado entre México y la Unión Europea promete ampliar aún más estas oportunidades. Se prevé que, una vez completado el proceso de entrada en vigor, casi el 99% de los productos intercambiados entre ambas regiones queden libres de aranceles, lo que facilitaría significativamente el comercio bilateral.
La integración de un mayor número de pymes a las cadenas productivas será uno de los temas centrales del 32 Congreso de Comercio Exterior Mexicano, organizado por el COMCE en Monterrey del 27 al 29 de octubre. Italia participará como país invitado, presentando un pabellón dedicado a empresas de tecnología, maquinaria y servicios. El evento espera reunir entre 750 y 1,000 asistentes, y contará con talleres, encuentros de negocios y reuniones estratégicas entre pequeñas empresas y grandes compradores, con el objetivo de que las pymes no solo exploren mercados internacionales, sino que también aseguren contratos dentro de las cadenas de suministro de compañías ya establecidas en México.
En el ámbito de la economía mexicana, la necesidad de fortalecer el acceso al financiamiento y la integración a cadenas de valor para las pymes es un tema recurrente. Históricamente, las pequeñas y medianas empresas han enfrentado desafíos para acceder a créditos bancarios y para competir en mercados globales, a menudo debido a la falta de información, garantías o la escala necesaria para cumplir con los requisitos de las grandes corporaciones. El gobierno y las organizaciones empresariales han implementado diversas iniciativas a lo largo de los años para abordar estas problemáticas, buscando fomentar la exportación y la competitividad de este sector, que representa una parte fundamental del tejido empresarial del país.
El contexto internacional actual, marcado por una creciente interconexión de las economías y la importancia de las cadenas de suministro globales, hace aún más apremiante que las pymes mexicanas superen estas barreras. La capacidad de un país para competir en el escenario mundial depende en gran medida de la fortaleza y la diversificación de su base empresarial, incluyendo la participación activa de sus pequeñas y medianas empresas en el comercio internacional.
Las implicaciones de no abordar estas deficiencias son múltiples. Por un lado, se limita el potencial de crecimiento económico y de generación de empleo en el país. Por otro, se desaprovechan las oportunidades que ofrecen los acuerdos comerciales y la apertura económica. La falta de financiamiento y acceso a cadenas de valor no solo afecta a las pymes individualmente, sino que también puede tener un impacto en la balanza comercial y en la capacidad del país para atraer inversión extranjera que busque integrar a proveedores locales en sus operaciones.
Las reacciones esperables ante esta situación suelen incluir llamados a políticas públicas más efectivas, programas de capacitación y asesoría más accesibles, y la promoción de instrumentos financieros adaptados a las necesidades de las pymes. Las organizaciones empresariales, como el COMCE, juegan un papel crucial en la articulación de estas demandas y en la facilitación de espacios de encuentro y colaboración entre empresas y autoridades.
Lo que sigue en este panorama es la implementación de estrategias concretas que permitan cerrar la brecha entre la aspiración exportadora de las pymes y su realidad operativa. Esto podría incluir desde la simplificación de trámites y la mejora del acceso a información sobre mercados y tratados, hasta el desarrollo de programas de financiamiento a la medida y el fomento de la vinculación entre pymes y grandes empresas, tanto nacionales como extranjeras, que operan en México.