La firma del acuerdo comercial modernizado entre México y la Unión Europea representa una oportunidad histórica para atraer capital europeo hacia sectores estratégicos, pero la concreción de esos flujos dependerá de la capacidad del país para posicionarse con fuerza en la agenda de inversionistas internacionales. Veronique Billia, directora general de Amexcap, subrayó que el verdadero reto comienza ahora: salir a buscar ese capital con una narrativa sólida, datos concretos y proyectos de infraestructura que respalden la apuesta.

Entre 2015 y 2024, la inversión extranjera directa proveniente de la Unión Europea alcanzó 88,700 millones de dólares, según cifras del Instituto Mexicano para la Competitividad. España lideró con 32,900 millones de dólares, consolidándose como el segundo mayor inversionista extranjero en México, mientras Alemania aportó 24,400 millones, principalmente en automotriz y química. Estos números demuestran una relación comercial robusta que puede expandirse significativamente con el nuevo marco regulatorio.

Amexcap realizará una misión estratégica a Madrid y Ámsterdam durante la tercera semana de junio para presentar oportunidades mexicanas ante fondos e inversionistas institucionales europeos. La elección de Madrid responde a la cercanía histórica y empresarial con España, mientras que Ámsterdam permitirá participar en SuperReturn, un foro global enfocado en mercados emergentes donde México busca elevar su visibilidad.

Las áreas de mayor potencial incluyen infraestructura logística, transición energética, inteligencia artificial e innovación tecnológica. La manufactura ha concentrado 46,900 millones de dólares de inversión europea en la última década, representando 53% de los flujos totales del bloque hacia México. El sector de equipo de transporte lideró con 21,600 millones, seguido por bebidas y tabaco con 9,700 millones.

Gilberto Lozano, consultor senior de Roland Berger, advirtió que para materializar estas inversiones México debe reducir preocupaciones sobre seguridad y demostrar compromiso con estándares de sostenibilidad y derechos laborales que cumplan con las reglas de origen europeas. La certidumbre regulatoria y la aceleración de proyectos de infraestructura digital y energética serán determinantes.

El contexto reciente muestra desafíos: en 2024 la inversión europea cayó a 5,800 millones de dólares, equivalente a 15% de la IED nacional, debido a desinversiones de España y Francia en un entorno de incertidumbre electoral y reformas internas. Sin embargo, el acuerdo modernizado llega en el momento preciso para revertir esa tendencia y posicionar a México como destino preferente del capital europeo que busca diversificarse fuera de Asia.

La apuesta es clara: convertir la modernización comercial en inversión productiva real. Con una estrategia proactiva de promoción, infraestructura competitiva y certidumbre jurídica, México puede capturar una porción significativa de los flujos de capital europeo que buscan oportunidades en la transición verde y la revolución tecnológica. El acuerdo abre la puerta; ahora corresponde al sector empresarial y al gobierno cruzarla con paso firme.