México ha logrado posicionarse como un jugador de peso en el escenario del comercio internacional, pero su éxito se concentra de manera abrumadora en un solo sector: los bienes. En 2025, la nación se erigió como el octavo mayor exportador de mercancías a nivel mundial, registrando ventas al exterior que rozaron los 665,000 millones de dólares, según datos de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Este dominio en el ámbito de los bienes se explica, en gran medida, por la fortaleza de la manufactura mexicana, impulsada significativamente por el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y décadas de profunda integración económica con su vecino del norte. Sectores como la automotriz, la electrónica y la maquinaria han sido pilares de esta bonanza exportadora.

Sin embargo, el panorama cambia drásticamente cuando el foco se traslada a las exportaciones de servicios. Áreas como las finanzas, el desarrollo de software, la educación, la logística, la consultoría, las plataformas digitales y las telecomunicaciones muestran un rezago considerable. Las exportaciones mexicanas de servicios apenas sumaron 63,792 millones de dólares en 2025, experimentando un crecimiento anual de tan solo 1.6%.

Esta modesta expansión contrasta fuertemente con el avance global en el comercio de servicios, que se acercó al 8% en el mismo periodo. Esta disparidad ha relegado a México al puesto 19 entre los mayores exportadores de servicios a nivel mundial. Si se considera el comercio intracomunitario de la Unión Europea, la posición mexicana desciende aún más, hasta el lugar 31.

La brecha se hace aún más evidente al analizar los servicios suministrados digitalmente. De los 63,792 millones de dólares exportados en servicios, solo 19,532 millones de dólares provinieron de actividades realizadas a través de redes digitales. Esta cifra representa una minúscula fracción, apenas el 0.37%, del comercio mundial de servicios digitales, a pesar del auge de plataformas tecnológicas, el manejo de datos, la inteligencia artificial y las soluciones remotas.

La OMC subraya la creciente importancia de los servicios, estimando que representan cerca de la mitad del comercio mundial medido en valor agregado. Sectores como finanzas, transporte, telecomunicaciones, educación y tecnología son cada vez más determinantes para la competitividad de las naciones.

Ante este escenario, surge la pregunta obligada: ¿por qué una economía con la capacidad de exportar miles de millones de dólares en bienes no ha logrado replicar ese éxito en el sector de servicios?

El T-MEC, si bien fortalece el comercio de bienes, no ha sido suficiente para impulsar las exportaciones de servicios. En 2025, México exportó a Estados Unidos 534,315 millones de dólares en bienes, lo que representó el 81% del total. Aunque el tratado incluye un capítulo dedicado al comercio transfronterizo de servicios, buscando facilitar la prestación y eliminar barreras, las exportaciones mexicanas de servicios hacia EE. UU. sumaron 44,021 millones de dólares en 2025, equivalentes al 69% del total de servicios exportados. El resto se distribuye a países como Suiza, Alemania y Canadá.

Sergio Contreras, presidente del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior (COMCE), señala que la atención pública y empresarial se ha enfocado casi de manera exclusiva en el comercio de mercancías, eclipsando las oportunidades en el sector de servicios. La discusión en torno al T-MEC ha acaparado la agenda comercial, dejando en segundo plano el potencial de los servicios, tanto en Norteamérica como en otros acuerdos estratégicos, como el existente con la Unión Europea.

Contreras destaca que el acuerdo con la Unión Europea ofrece oportunidades significativas en sectores como transporte marítimo, comercio electrónico, servicios financieros, paquetería, logística y contratación pública. Por primera vez, empresas mexicanas podrían competir en licitaciones públicas europeas, mientras que firmas del continente tendrían acceso a procesos similares en México.

La relación con Europa es particularmente relevante, dado que las empresas europeas exportan servicios a México por 17,800 millones de dólares, mientras que las importaciones mexicanas desde Europa ascienden a 9,200 millones de dólares, según BusinessEurope. La modernización del acuerdo comercial bilateral promete una mayor liberalización en áreas clave como el comercio digital, servicios ambientales, transporte, telecomunicaciones y servicios financieros.

Sin embargo, la clave para capitalizar este potencial no reside únicamente en los tratados comerciales. Pedro Casas, director general de la American Chamber of Commerce of Mexico (AmCham), enfatiza que el factor decisivo es el talento. México posee ventajas inherentes, como su proximidad a Estados Unidos, su integración económica y una considerable comunidad mexicoamericana.

No obstante, Casas advierte que el dominio del idioma inglés sigue siendo un desafío importante para el desarrollo pleno del sector de servicios. A pesar de ello, el país ya se ha consolidado como un centro relevante para la instalación de centros de llamadas (call centers) y la prestación de servicios empresariales, abarcando desde el desarrollo de software y análisis de datos hasta ingeniería, diseño y consultoría para corporaciones globales.

Se observa también un interés creciente por parte de compañías internacionales en establecer operaciones de atención remota en territorio mexicano. La industria fintech, con la Ciudad de México consolidándose como un polo regional de emprendimiento tecnológico y financiero, representa otra área de gran potencial.

Para aprovechar plenamente estas oportunidades, Casas considera indispensable fortalecer la formación en carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), con el objetivo de cultivar un mayor número de profesionales especializados y altamente calificados en estas áreas.