La historia de Mexicana de Aviación, un emblema del transporte aéreo mexicano, es un relato de altibajos que culminó en su desaparición y, ahora, en un renacimiento bajo el auspicio del gobierno de la Cuarta Transformación. Sin embargo, las cicatrices de su pasado, marcadas por la quiebra y un concurso mercantil prolongado, parecen seguir pesando sobre sus alas, sembrando dudas sobre su viabilidad a largo plazo.

El Legado de la Quiebra: Un Pasado que No Cede

Fundada en 1921 como Compañía Mexicana de Transportación Aérea (CMTA) y oficialmente constituida como Compañía Mexicana de Aviación en 1924, la aerolínea ostenta el título de la más antigua del país. Su trayectoria, sin embargo, ha estado lejos de ser un vuelo tranquilo. Tras ser adquirida en 2006 por un consorcio liderado por el empresario Gastón Azcárraga, la compañía enfrentó una tormenta perfecta. La recesión económica global y la epidemia de influenza AH1N1 en México golpearon duramente sus finanzas, mermando la demanda de vuelos y sus ingresos.

El 28 de agosto de 2010 marcó el fin de una era: Mexicana de Aviación cesó operaciones. La incapacidad para alcanzar acuerdos laborales viables y su crítica situación financiera sellaron su destino. Durante los cuatro años que duró el tortuoso proceso de concurso mercantil, más de 30 inversionistas mostraron interés en reflotar la aerolínea, pero ninguno logró concretar una inversión que salvara la empresa. Finalmente, en 2014, la juez Edith Alarcón declaró en quiebra a Mexicana de Aviación y sus filiales Click y Mexicana Inter (Link), aunque MRO, su base de mantenimiento, logró salir del proceso.

La Sombra de Azcárraga y la Promesa de AMLO

Las acusaciones de malos manejos recayeron sobre Gastón Azcárraga, entonces director general, quien huyó a Estados Unidos tras renunciar en mayo de 2012 y vender sus acciones meses después. La posterior retirada de los cargos en su contra al final del sexenio de Enrique Peña Nieto generó profunda indignación entre exempleados y sindicatos, como la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores, quienes vieron en ello una falta de justicia.

Fue el expresidente Andrés Manuel López Obrador quien, durante su campaña y mandato, prometió el regreso de Mexicana a los cielos. Esta promesa se materializó en mayo de 2023 con la publicación del decreto que oficializó la constitución de la Aerolínea del Estado Mexicano, bajo la tutela de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena). La compra de la marca se formalizó en agosto de 2023 por 815 millones de pesos, un pago que, según el gobierno, permitiría resarcir a 7,400 extrabajadores y jubilados.

La adquisición incluyó también tres inmuebles y un simulador de vuelo, elementos clave para el reinicio de operaciones. El 26 de diciembre de 2023, Mexicana retomó el vuelo con su viaje inaugural desde el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) hacia el nuevo Aeropuerto de Tulum.

Un Regreso con Pasajeros, ¿Pero con Alas Sólidas?

Desde su renacimiento en diciembre de 2023, la nueva Mexicana de Aviación ha buscado consolidar su presencia. La adquisición de más aviones Embraer y la ampliación de sus rutas son parte de esta estrategia. Los datos recientes de la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) muestran un incremento en su actividad: de enero a abril de este año, la aerolínea realizó 2,584 vuelos, duplicando la cifra del mismo periodo del año anterior. El número de pasajeros también ha crecido, alcanzando 156,806 viajeros en el primer cuatrimestre, un aumento del 30% respecto a 2025.

Sin embargo, este crecimiento operativo no parece ser suficiente para disipar las preocupaciones. La comparación de la tasa de crecimiento de vuelos frente a la de pasajeros sugiere que la aerolínea aún lucha por optimizar su capacidad y rentabilidad. El fantasma de la quiebra de su predecesora, marcada por deudas impagables y una gestión cuestionada, planea sobre este nuevo proyecto. La historia de Mexicana es un recordatorio de la fragilidad de la industria aérea y de cómo las decisiones financieras y laborales pueden llevar al abismo, incluso a un ícono nacional.

El éxito a largo plazo de esta nueva encarnación de Mexicana dependerá de su capacidad para gestionar eficientemente sus recursos, atraer una base de pasajeros sólida y, sobre todo, evitar repetir los errores del pasado que la llevaron a su primer y doloroso adiós. La pregunta que queda en el aire es si esta vez, el gobierno y la aerolínea lograrán construir un futuro sostenible o si, una vez más, la historia de Mexicana de Aviación se convertirá en un epitafio de buenas intenciones y oportunidades perdidas.

El contexto de la industria aérea mexicana, altamente competitiva y sensible a factores económicos y de seguridad, presenta un desafío considerable. La presencia de aerolíneas consolidadas y la volatilidad en los costos operativos, como el precio del combustible, exigen una gestión ágil y una estrategia clara. La nueva Mexicana, operada por la Sedena, introduce un elemento de control estatal que podría ofrecer estabilidad, pero también plantea interrogantes sobre la eficiencia y la burocracia inherente a las operaciones militares.

Analistas del sector señalan que, si bien el rescate de la marca y la compensación a extrabajadores son medidas socialmente relevantes, la viabilidad comercial de la aerolínea es el factor determinante. La dependencia de rutas específicas y la necesidad de expandir la flota con aeronaves modernas y eficientes son cruciales. La historia de Mexicana es, en esencia, un espejo de las complejidades económicas y políticas de México, donde los símbolos nacionales a menudo se ven atrapados entre el anhelo popular y las duras realidades del mercado.

La narrativa oficial celebra el regreso de Mexicana como un triunfo de la 4T, un acto de justicia para los trabajadores y la recuperación de un patrimonio nacional. Sin embargo, la perspectiva crítica subraya los riesgos financieros y la posibilidad de que este proyecto se convierta en una carga para las finanzas públicas, especialmente si no logra demostrar una rentabilidad sostenible. La historia aún se está escribiendo, y el desenlace de Mexicana de Aviación será un capítulo más en el complejo legado de la política aérea mexicana.