México enfrenta un déficit monumental en su sistema de cuidados, un área crucial para el bienestar de infantes, jóvenes, adultos mayores y, de manera fundamental, de quienes dedican su vida a esta labor no remunerada. El Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) ha encendido las alarmas al estimar que se necesitan más de 580,000 millones de pesos adicionales cada año para conformar un sistema de cuidados verdaderamente integral.

Esta cifra, que representa un desafío mayúsculo para las finanzas públicas, equivale a 1.5 puntos del Producto Interno Bruto (PIB). Alcanzar este nivel de inversión permitiría al país acercarse a los tres puntos del PIB, un umbral considerado como referencia por organismos internacionales de la talla del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Actualmente, el Estado mexicano destina alrededor de 468,641 millones de pesos a los cuidados, lo que se traduce en 1.2% del PIB. Sin embargo, un análisis detallado del CIEP revela que la mayor parte de estos recursos, un 64%, se canaliza a través de transferencias directas a programas sociales, como la beca Rita Cetina. Si bien estas ayudas alivian la carga económica de muchos hogares, no abordan la necesidad estructural de un sistema robusto.

El restante 35.3% de los fondos se dirige a la provisión de servicios y bienes públicos, mientras que una mínima fracción, apenas el 0.6%, se destina a infraestructura esencial como hospitales, guarderías y casas de descanso. Lo más preocupante es que solo el 0.002% de los recursos se invierte en esfuerzos para generar un cambio cultural profundo en la percepción y valoración del trabajo de cuidados.

Estos datos, que por primera vez se desglosan en el Anexo 31 del Presupuesto de Egresos de la Federación 2026, subrayan la urgencia de replantear la estrategia de financiamiento. Las investigadoras del CIEP, Alejandra Macías y Nubia Pedroza Chávez, enfatizan que las transferencias, aunque necesarias, son insuficientes para construir un sistema de cuidados que garantice la vida, el bienestar, la dignidad y la autonomía de todas las personas.

La directora ejecutiva del CIEP, Alejandra Macías, advierte que las finanzas públicas enfrentan presiones significativas y que la ampliación del financiamiento para cuidados no puede depender únicamente de reasignaciones internas del gasto. Se requiere la generación de ingresos permanentes, progresivos y solidarios, un reto que exige una visión a largo plazo y reformas estructurales.

Ante este panorama, el CIEP ha propuesto tres vías para fortalecer la financiación de los cuidados. La primera contempla la posibilidad de financiar estos servicios a través de contribuciones a la seguridad social, buscando un modelo más equitativo y sostenible. La segunda vía apunta a la necesidad de reformas tributarias y fiscales, con un enfoque particular en la revisión de las renuncias recaudatorias del sector público, como las deducciones a automóviles nuevos.

La metodología desarrollada por el CIEP para evaluar estas renuncias desde la perspectiva de los cuidados es innovadora. Permite identificar qué exenciones fiscales podrían estar vinculadas directamente con el trabajo de cuidados y determinar si están cumpliendo sus objetivos o si representan una oportunidad perdida para generar recursos.

La tercera propuesta del CIEP se centra en el desarrollo de seguros privados de cuidados a largo plazo. Si bien estos seguros podrían tener un sesgo hacia los sectores de mayores ingresos, Macías reconoce que podrían contribuir a redistribuir las cargas de cuidado entre la población y ofrecer alternativas de protección financiera.

El director de Investigación del CIEP, José Luis Clavellina, resalta la rentabilidad económica de invertir en infraestructura para cuidados. Una inversión estratégica en este sector, especialmente en la primera infancia, tendría un efecto multiplicador en la economía. Facilitaría la incorporación de más mujeres al mercado laboral, impulsando la producción, los ingresos, el consumo y, consecuentemente, la recaudación fiscal.

La falta de un sistema de cuidados integral no solo afecta el bienestar individual y familiar, sino que también representa un freno para el desarrollo económico del país. La dependencia de transferencias, sin una inversión sólida en servicios e infraestructura, perpetúa un modelo que no reconoce ni valora adecuadamente el trabajo de cuidados, fundamental para el sostenimiento de la sociedad.

El llamado del CIEP es claro: México necesita una transformación profunda en su política de cuidados. Esto implica no solo destinar más recursos, sino también reorientar el gasto, explorar nuevas fuentes de financiamiento y fomentar una corresponsabilidad entre el Estado, el sector privado y la sociedad civil.

La discusión sobre el sistema de cuidados debe trascender el ámbito económico y convertirse en una prioridad social y política. La inversión en cuidados es, en última instancia, una inversión en el futuro del país, en su capital humano y en la construcción de una sociedad más justa y equitativa para todas las generaciones.

El desafío es mayúsculo, pero las propuestas del CIEP ofrecen un camino viable para que México pueda construir un sistema de cuidados que esté a la altura de sus necesidades y que garantice el bienestar de todos sus ciudadanos.