La semifinal del Mundial 2026 entre Inglaterra y Argentina no es solo un partido de fútbol; es un capítulo más en una rivalidad cargada de historia, marcada por la Guerra de Malvinas y las genialidades de Diego Armando Maradona.

El encuentro de este miércoles evoca recuerdos profundos en el corazón argentino, especialmente el de los cuartos de final de México 1986. Aquella victoria albiceleste por 2-1, cimentada por la icónica "Mano de Dios" y el "Gol del Siglo" de Maradona, fue interpretada por muchos como una revancha deportiva tras la derrota en la guerra de las Malvinas, un conflicto bélico que se libró apenas cuatro años antes.

La guerra, que tuvo lugar entre abril y junio de 1982, dejó un saldo trágico de 649 combatientes argentinos y 255 británicos fallecidos. Este evento, aún presente en la memoria colectiva y el discurso político de Argentina, ha teñido cada enfrentamiento mundialista posterior entre ambas naciones como una auténtica batalla, más allá de lo deportivo.

Tras el memorable triunfo de 1986, que culminó con Argentina alzando la Copa del Mundo, la rivalidad continuó. En Francia 1998, otro triunfo sudamericano por la vía de los penales en octavos de final fue celebrado con euforia en las calles argentinas.

Sin embargo, el destino trajo un golpe duro en Corea-Japón 2002. Un gol de penal de David Beckham sentenció un 1-0 a favor de Inglaterra en la fase de grupos, eliminando a una ilusionante selección argentina en la primera ronda, un recuerdo amargo para los aficionados.

Una Rivalidad con Raíces Profundas

La conexión futbolística entre Argentina e Inglaterra trasciende estos episodios recientes. Sus orígenes se entrelazan con la propia historia del fútbol en el país sudamericano.

Según expertos, el fútbol llegó a Argentina de la mano de inmigrantes británicos a finales del siglo XIX, quienes trabajaban en la expansión de ferrocarriles y en empresas de importación y exportación. Entre 1904 y 1915, numerosos equipos ingleses realizaron giras amistosas por territorio argentino, sentando las bases de esta relación deportiva.

Periodistas deportivos argentinos señalan que Inglaterra representaba, para el imaginario futbolístico del país, el arquetipo del fútbol europeo, más allá de otras potencias como Alemania, Francia, España o Italia.

Los primeros encuentros amistosos entre ambas selecciones se remontan a principios de la década de 1950. El primer choque en una Copa del Mundo ocurrió en Chile 1962, con una victoria inglesa por 3-1 en la fase de grupos.

Cuatro años después, en Inglaterra 1966, el combinado local se impuso por 1-0 con un gol de Geoffrey Hurst, asegurando su pase a semifinales y, eventualmente, su único título mundial hasta la fecha. Ese partido es recordado también por la expulsión del capitán argentino Antonio Rattín, quien al abandonar el campo, según se relata, apretó con fuerza el banderín del córner con los colores británicos.

Patrones y Supersticiones

Un detalle que muchos en Argentina han destacado en los días previos a este encuentro es un curioso patrón: cada vez que la selección albiceleste ha vestido su camiseta alternativa, de color azul, ha salido victoriosa contra Inglaterra en mundiales. En contraste, cuando ha lucido su tradicional casaca celeste y blanca, ha sufrido derrotas.

Este tipo de supersticiones, abundantes en la cultura futbolística argentina, se mezclan con un palpable clima de tensión y expectación en las calles.

La importancia de este partido para Argentina es tal que, según testimonios de periodistas locales, muchos aficionados preferirían vencer a Inglaterra incluso a costa de perder la final del torneo.

La relevancia del encuentro, sin embargo, se ancla principalmente en lo deportivo, en la búsqueda de la gloria mundialista, aunque los ecos de la historia y la geografía siempre añadan una capa extra de significado a este duelo entre dos naciones con una relación tan compleja como apasionante.