La infraestructura vial de la Ciudad de México se ha convertido en una trampa mortal. Baches profundos, la ausencia casi total de alumbrado público y señalizaciones inexistentes o confusas están elevando exponencialmente el riesgo de siniestros viales, una problemática que se agrava drásticamente con la llegada de la temporada de lluvias.

Nicolás Rosales Pallares, presidente de la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad (AMTM), ha encendido las alarmas al señalar que durante los meses de precipitaciones pluviales, los incidentes de tránsito aumentan hasta un alarmante 25 por ciento anual. Esta estadística, lejos de ser un número aislado, refleja una negligencia sistemática en el mantenimiento y la adecuación de las arterias que diariamente transitan millones de ciudadanos.

Un Peligro Constante

La combinación de oscuridad y desperfectos en el asfalto crea un escenario de alto riesgo. Los conductores, al no poder visualizar a tiempo los obstáculos o las condiciones del camino, se ven forzados a maniobras evasivas que frecuentemente terminan en colisiones. Los baches, que se han vuelto una característica endémica de muchas avenidas, no solo representan un peligro de accidente, sino que también causan daños severos a los vehículos, generando costos adicionales para los usuarios.

La falta de iluminación adecuada en tramos carreteros y urbanos es otro factor crítico. En muchas zonas, la oscuridad es casi total después del anochecer, impidiendo la correcta percepción de la distancia, la velocidad y la presencia de otros vehículos, peatones o ciclistas. Esta penumbra, sumada a la falta de reflejantes o señalización vertical y horizontal en buen estado, convierte la noche en un campo minado para quienes deben circular.

La Temporada de Lluvias: El Factor Multiplicador

La temporada de lluvias, que suele extenderse durante varios meses, exacerba estas deficiencias. El agua acumulada en los baches los hace aún más difíciles de detectar, y la visibilidad se reduce drásticamente, tanto para los conductores como para los peatones. Las vialidades se vuelven resbaladizas, y la capacidad de frenado de los vehículos disminuye, aumentando la probabilidad de derrapes y choques.

El aumento del 25 por ciento en incidentes viales durante este periodo no es una casualidad, sino una consecuencia directa de la incapacidad de las autoridades para mantener la infraestructura en condiciones óptimas. Cada año, se repite el mismo patrón de riesgo elevado, sin que se implementen soluciones de fondo que garanticen la seguridad de los usuarios.

Responsabilidad y Consecuencias

La responsabilidad de garantizar la seguridad vial recae directamente en las administraciones públicas encargadas del mantenimiento de la infraestructura urbana. La omisión en la reparación de baches, la falta de inversión en sistemas de alumbrado eficientes y la ausencia de señalización clara y visible constituyen una falla grave en el cumplimiento de sus deberes.

Las consecuencias de esta negligencia van más allá de los daños materiales. Los siniestros viales resultan en lesiones graves, discapacidades permanentes e incluso la pérdida de vidas. Cada accidente es una tragedia para las familias involucradas, y la recurrencia de estos eventos subraya la urgencia de una intervención efectiva.

Un Llamado a la Acción

El llamado de la AMTM es un grito de auxilio ante una situación que se ha vuelto insostenible. Se requiere una acción inmediata y coordinada por parte de las autoridades capitalinas para abordar estas deficiencias. La reparación de baches debe ser una prioridad constante, no una respuesta reactiva a los reportes.

Asimismo, es fundamental invertir en la modernización y expansión del sistema de alumbrado público, asegurando que todas las vialidades cuenten con iluminación suficiente y funcional. La señalización debe ser revisada, actualizada y mantenida en óptimas condiciones, incluyendo la pintura de carriles, señalamientos horizontales y verticales, y elementos de advertencia.

Implicaciones a Largo Plazo

La falta de atención a la infraestructura vial no solo pone en riesgo la vida de los ciudadanos, sino que también tiene implicaciones económicas. Los daños a vehículos, los costos médicos por accidentes y la pérdida de productividad debido a lesiones o fallecimientos representan una carga significativa para la sociedad.

Además, una infraestructura deficiente puede disuadir la inversión y afectar la movilidad urbana, impactando negativamente en el desarrollo económico y social de la ciudad. La seguridad vial debe ser vista como un componente esencial de la calidad de vida urbana y un pilar para el progreso.

El Contexto de la Movilidad Urbana

En el contexto actual de la movilidad urbana, donde se promueve el uso de vehículos particulares, transporte público, bicicletas y la movilidad peatonal, la seguridad en las vialidades se vuelve aún más crucial. La coexistencia de diferentes modos de transporte exige una infraestructura que garantice la protección de todos los usuarios, sin importar su medio de desplazamiento.

La visión de una ciudad segura y eficiente para la movilidad debe ir acompañada de acciones concretas que aborden las fallas estructurales existentes. La seguridad vial no es un lujo, sino un derecho fundamental que debe ser garantizado por quienes ostentan el poder público.

¿Qué Sigue?

La pelota está ahora en la cancha de las autoridades. La advertencia de la AMTM debe ser tomada con la seriedad que merece. Se espera que se implementen planes de acción concretos y con plazos definidos para la rehabilitación de la infraestructura vial, la mejora del alumbrado y la actualización de la señalización.

La ciudadanía, por su parte, continuará exigiendo condiciones de movilidad seguras. La presión social y la visibilización de estas problemáticas son herramientas clave para impulsar los cambios necesarios y evitar que la infraestructura vial siga cobrando vidas innecesariamente.