La economía mexicana enfrenta un panorama sombrío con la inversión fija bruta registrando su décimo noveno mes consecutivo a la baja. En marzo, la contracción anual fue del 3.1%, profundizando una tendencia preocupante que comenzó hace más de un año y medio y que pone en entredicho la capacidad del país para generar crecimiento sostenible.
Las cifras, dadas a conocer por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), revelan una caída del 3.5% en febrero, lo que subraya la persistencia de un problema estructural que afecta la confianza de los inversionistas. Este prolongado periodo de retroceso es uno de los más extensos de las últimas cuatro décadas, una señal alarmante para la segunda economía más grande de América Latina.
La desaceleración económica que atraviesa el país parece estar directamente ligada a la falta de inversión, especialmente la privada. Expertos como Gabriela Siller, directora de análisis económico de Banco Base, señalan que esta tendencia no es más que un reflejo de la "falta de confianza para invertir en México". Las consecuencias son palpables: el Producto Interno Bruto (PIB) potencial del país, es decir, la tasa máxima a la que podría crecer sin generar presiones inflacionarias, se ha reducido a un modesto 1.4%.
La incertidumbre generada por las políticas comerciales de Estados Unidos, particularmente las relacionadas con posibles aranceles y la renegociación de acuerdos como el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), añade una capa adicional de complejidad. La dependencia de México de su vecino del norte como principal socio comercial hace que cualquier fluctuación en la relación bilateral tenga un impacto directo y significativo en la economía nacional.
Un ejemplo claro de esta tensión comercial se manifiesta en las recientes propuestas de la Casa Blanca. Se ha informado que Estados Unidos busca imponer nuevas reglas para la producción automotriz en América del Norte, exigiendo que al menos el 50% de los componentes de los vehículos fabricados en la zona de libre comercio sean de origen estadounidense. Si bien Canadá, con un promedio superior a este umbral, no se vería tan afectada, muchos vehículos producidos en México podrían no cumplir con este requisito.
El T-MEC, negociado originalmente durante la administración de Donald Trump, ya establece reglas de origen que exigen que el 75% del valor de un vehículo provenga de América del Norte para gozar de aranceles preferenciales. Sin embargo, la imposición de nuevos aranceles a automóviles extranjeros por parte de Trump, bajo el argumento de incentivar la relocalización de empleos en territorio estadounidense, añade presión a la cadena de suministro y a la producción automotriz en México.
Las negociaciones comerciales entre México, Estados Unidos y Canadá se encuentran en un momento crucial. Mientras se prepara una revisión programada del T-MEC, las discusiones bilaterales entre México y Estados Unidos avanzan, aunque con desafíos. Canadá, por su parte, ha expresado su deseo de renovar el acuerdo por otros 16 años, pero enfrenta críticas por lo que algunos consideran un rezago en la negociación de temas comerciales fundamentales.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha señalado que Estados Unidos tiene un número considerable de cuestiones técnicas comerciales con México, superando las que tiene con Canadá. Algunas de estas diferencias, según Carney, son de carácter "fundamental y estructural", incluyendo los aranceles sectoriales impuestos por Trump al acero, al aluminio y a los automóviles.
La falta de inversión fija bruta no solo frena el crecimiento económico actual, sino que también compromete el potencial a largo plazo. Una menor inversión en maquinaria, equipo, construcción e infraestructura limita la capacidad productiva del país, reduce la competitividad y dificulta la generación de empleos de calidad.
Las políticas internas del gobierno, la percepción de riesgo y la falta de un entorno de certidumbre jurídica y regulatoria son factores que, según analistas, contribuyen a la desconfianza de los inversionistas. La ausencia de señales claras y consistentes por parte de las autoridades puede disuadir tanto la inversión nacional como la extranjera, creando un círculo vicioso de bajo crecimiento y escasa dinamización económica.
El sector de la construcción, en particular, ha mostrado debilidad, con una caída del 2.4% en marzo según las cifras desestacionalizadas del Inegi. Si bien la inversión en maquinaria y equipo mostró un ligero repunte mensual, la tendencia general de la formación bruta de capital fijo sigue siendo negativa, evidenciando la fragilidad del panorama económico.
Ante este escenario, se vuelve imperativo para el gobierno mexicano implementar medidas que restauren la confianza de los inversionistas. Esto podría incluir políticas fiscales más predecibles, un marco regulatorio más claro y estable, y un impulso decidido a la seguridad jurídica. La atracción de inversión es fundamental no solo para el crecimiento del PIB, sino también para la creación de empleo y la mejora del bienestar de la población.
La relación comercial con Estados Unidos, si bien representa una oportunidad, también exige una estrategia diplomática y económica sólida. México debe defender sus intereses en el marco del T-MEC y buscar diversificar sus socios comerciales para reducir la dependencia y mitigar los riesgos asociados a las políticas de su vecino del norte.
En resumen, la prolongada caída de la inversión fija bruta es un llamado de atención urgente para la economía mexicana. Abordar las causas subyacentes, que van desde la falta de confianza hasta la incertidumbre comercial, es esencial para revertir la tendencia y sentar las bases de un crecimiento económico más robusto y sostenible en el futuro.