La economía mexicana respira un poco más tranquila. La inflación general se desaceleró significativamente en mayo, ubicándose en 3.94 por ciento anual, una notable caída desde el 4.45 por ciento registrado en abril. Este descenso no solo representa el segundo nivel más bajo del año, sino que también devuelve el indicador al rango de variabilidad objetivo del Banco de México (Banxico), una señal alentadora para la estabilidad de precios.
El principal motor de esta moderación fue la disminución en la presión de los componentes no subyacentes. La tasa anual de estos productos pasó de 5.08 por ciento en abril a 3.10 por ciento en mayo, gracias, en gran medida, a una desaceleración en los precios de los agropecuarios. Esto sugiere que las presiones inflacionarias más volátiles y estacionales están cediendo.
Sin embargo, la inflación subyacente, que es un mejor reflejo de la tendencia de los precios a mediano plazo, mostró una moderación más tímida. Pasó de 4.26 por ciento a 4.19 por ciento anual, su nivel más bajo desde mayo de 2025. Dentro de este rubro, los precios de las mercancías se moderaron a 3.78 por ciento, su menor cifra en 12 meses. Por otro lado, los servicios continuaron su tendencia al alza, alcanzando el 4.57 por ciento, su mayor dato en 11 meses, lo que indica que las presiones inflacionarias persisten en este sector clave.
En su comparación mensual, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró una variación negativa de 0.21 por ciento. Esta es la primera caída mensual para un mes de mayo desde 2024 y la primera contracción mensual en un año. La baja se debió principalmente a la inflación no subyacente, que acumuló dos meses consecutivos de descensos, pasando de -0.18 por ciento en abril a -1.65 por ciento en mayo, su mayor contracción desde mayo de 2023.
Por su parte, la inflación subyacente mensual aumentó 0.22 por ciento, una cifra inferior al 0.31 por ciento observado en abril y su nivel más bajo desde noviembre de 2025. Dentro de este componente, las mercancías avanzaron 0.16 por ciento y los servicios 0.29 por ciento, mostrando una tendencia de desaceleración generalizada, aunque aún presente.
Entre los productos que experimentaron un alza significativa en sus precios, destacaron la papa y otros tubérculos, la vivienda propia, las loncherías, fondas, torterías y taquerías, el gas doméstico LP y el pollo. En contraste, la electricidad, el tomate verde, el huevo, el chile serrano y el pepino jugaron un papel crucial en contener las presiones inflacionarias generales.
Analistas económicos han recibido el dato con optimismo, pero también con cautela. Andrés Abadía, economista en jefe para Latinoamérica de Pantheon Macroeconomics, calificó la noticia como positiva al devolver la inflación general al rango de Banxico. No obstante, advirtió que la desaceleración se debió en gran parte a componentes volátiles y estacionales, por lo que la inflación subyacente, que se mantiene elevada, sigue siendo la señal más relevante.
Paulina Anciola, subdirectora de Estudios Económicos de Banamex, coincidió en que el resultado estuvo ligeramente por debajo de las expectativas y fue explicado por la reversión en precios de frutas y verduras, así como por subsidios en tarifas eléctricas. Banamex mantiene su pronóstico de que la inflación general cerrará 2026 en 4.3 por ciento, sugiriendo que la desaceleración observada no alterará drásticamente las perspectivas para el cierre del año.
Víctor Gómez Ayala, economista en jefe de Finamex Casa de Bolsa, resaltó la sorpresa positiva proveniente del comportamiento favorable de frutas y verduras, especialmente el tomate y los chiles. Sin embargo, también hizo hincapié en la volatilidad de estos componentes, advirtiendo que no necesariamente marcan una tendencia permanente.
Riesgos Persistentes y Presiones al Productor
De cara a la segunda mitad de 2026, los especialistas identifican varios riesgos que podrían reavivar las presiones inflacionarias. Entre ellos se encuentran la persistencia de presiones en el sector de servicios, posibles aumentos en los precios de los alimentos, choques energéticos, la volatilidad cambiaria y los efectos derivados del Mundial de Futbol sobre los precios de servicios turísticos y de alimentos.
Paulina Anciola señaló específicamente el riesgo de disrupciones más significativas asociadas al fenómeno de El Niño, que podría generar aumentos considerables en los precios de frutas y verduras. Este escenario se agrava en un contexto de incremento en las referencias internacionales de fertilizantes, lo que podría encarecer la producción agrícola.
Paralelamente, las presiones sobre los precios al productor se han fortalecido. El Índice Nacional de Precios Productor (INPP), que incluye el petróleo, aumentó 0.46 por ciento mensual y 2.98 por ciento anual en mayo. Este crecimiento anual es el más alto desde septiembre de 2025, impulsado por el encarecimiento de energéticos, productos mineros y mercancías destinadas a la exportación.
Dentro de las actividades secundarias, los precios elevaron su crecimiento anual a 3.24 por ciento, su nivel más alto desde julio de 2025. La minería, en particular, mostró un aumento anual del 32.04 por ciento, la mayor alza desde junio de 2022. Por destino de la producción, los bienes finales para exportación crecieron 2.47 por ciento anual, indicando una tendencia alcista en los costos de producción que podría, eventualmente, trasladarse a los consumidores finales.