En una comparecencia ante la Cámara de Diputados, Édgar Amador Zamora, secretario de Hacienda y Crédito Público, expuso la crucial labor de los estímulos fiscales para contener la inflación en México. Según sus declaraciones, si el gobierno no hubiera implementado apoyos fiscales a las gasolinas y el diésel, el alza general de precios en el país superaría actualmente el 4%. Esta cifra contrasta con el 3.4% registrado, un nivel que, según Amador Zamora, se mantiene dentro del rango objetivo del Banco de México gracias a estas medidas.
El Escudo Fiscal Contra la Inflación
El secretario detalló que la Secretaría de Hacienda ha actuado como un escudo protector del poder adquisitivo de las familias mexicanas. Las presiones inflacionarias, provenientes en gran medida de choques externos y particularmente de la volatilidad en los precios de los combustibles a nivel internacional, han sido mitigadas mediante estos mecanismos. La intervención gubernamental, a través de subsidios a las cuotas del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), ha sido constante desde abril de este año. Estos apoyos han variado, llegando a cubrir el 100% del impuesto para el diésel en semanas recientes, con cuotas cero y estímulos complementarios.
El objetivo de inflación del Banco de México se sitúa en 3%, con un margen de +/- 1%. La inflación observada en la primera quincena de septiembre, un 3.42% según el INEGI, se mantiene, según Hacienda, dentro de este parámetro gracias a la política de estímulos. Sin embargo, esta estrategia no está exenta de costos para las finanzas públicas. Estimaciones del IMEF señalan que, al cierre de junio de 2026, estos apoyos fiscales ya representaban una pérdida de más de 47,000 millones de pesos para el erario.
La recaudación del IEPS federal, que es el gravamen al que se aplican estos estímulos, ha mostrado una tendencia a la baja. Al cierre de julio, la recaudación sumaba 222,231 millones de pesos, lo que representa el 51.3% del objetivo anual de 432,487 millones de pesos. Esta caída del 3.4% real respecto al año anterior subraya el impacto fiscal de la política de contención de precios.
El Diésel: Un Pilar de la Economía y la Inflación
El diésel, como combustible esencial para el transporte masivo de mercancías y personas, juega un papel fundamental en la estructura de precios de la economía mexicana. Su incidencia en el alza general de precios es, por tanto, significativa. La decisión del gobierno de subsidiar este combustible, incluso hasta llegar a cuota cero en el IEPS, busca directamente atenuar el impacto en la cadena de suministro y, consecuentemente, en el bolsillo de los consumidores.
La dependencia de México de las importaciones de diésel, que se estima en un 40%, añade una capa de complejidad a la política de precios. Las fluctuaciones en los mercados internacionales y la necesidad de asegurar el abasto interno obligan a una intervención constante, cuyos costos fiscales se reflejan en la recaudación tributaria.
Impulso a la Inversión Pública y el Crecimiento
Más allá de la gestión inflacionaria, Amador Zamora aprovechó su comparecencia para destacar los avances en materia de inversión pública. Señaló que el país se encuentra en una nueva fase de expansión de su capacidad productiva, fundamental para elevar el crecimiento potencial. La estrategia nacional de inversión contempla más de 1,500 proyectos en sectores clave como energía, transporte, agua, vivienda e infraestructura, con una proyección de más de 5.6 billones de pesos durante la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum.
La inversión pública, según el titular de Hacienda, ya está generando un impulso tangible al crecimiento económico. Entre enero y junio de 2026, el valor de la construcción pública en sectores como electricidad, telecomunicaciones, transporte y urbanización experimentó un crecimiento anual del 28%. Proyectos emblemáticos como el Tren AIFA–Pachuca y el ramal Lechería–AIFA del Tren Suburbano fueron mencionados como ejemplos concretos que no solo mejoran la infraestructura, sino que también impulsan la creación de empleo formal en las regiones beneficiadas.
Contexto y Análisis
La política de subsidios a combustibles es una herramienta recurrente en México para mitigar el impacto de la volatilidad de los precios internacionales. Históricamente, los gobiernos han recurrido a estos apoyos para proteger a la población, especialmente en periodos de alta inflación o cuando los precios del petróleo se disparan. Sin embargo, esta política genera un costo fiscal significativo, que se traduce en menores ingresos para el erario y, potencialmente, en la necesidad de recortar gasto en otras áreas o de aumentar la deuda.
La comparación realizada por el secretario Amador Zamora, al señalar que la inflación sería superior al 4% sin estos apoyos, subraya la magnitud del efecto de los subsidios. No obstante, también pone de relieve el dilema entre la estabilidad de precios a corto plazo y la sostenibilidad de las finanzas públicas a largo plazo. La dependencia de las importaciones de diésel, además, expone a la economía mexicana a riesgos externos y limita la capacidad de maniobra del gobierno.
El impulso a la inversión pública, por otro lado, responde a la necesidad de modernizar la infraestructura y aumentar la competitividad del país. Los proyectos mencionados buscan no solo mejorar la conectividad y la logística, sino también sentar las bases para un crecimiento económico más robusto y sostenible. La cifra de 5.6 billones de pesos en inversión proyectada es ambiciosa y su ejecución exitosa será clave para alcanzar los objetivos de desarrollo económico de la administración actual.
La comparecencia del secretario de Hacienda se da en un contexto de atención constante a los indicadores económicos, donde la inflación y el crecimiento son variables críticas. La estrategia dual de contener la inflación mediante subsidios y, al mismo tiempo, estimular la inversión pública, refleja los desafíos y prioridades de la política económica del gobierno mexicano.