La Asociación Nacional de Industrias del Plástico (ANIPAC) ha lanzado un llamado urgente a la Secretaría de Economía para que reconsidere la cuota compensatoria impuesta a la resina de PVC proveniente de Estados Unidos. Los industriales argumentan que esta medida, si bien buscaba proteger la producción nacional, ha elevado los costos de materia prima a niveles insostenibles, dejándolos a merced de la competencia desleal proveniente de Asia.

Francisco Espinosa, presidente de la sección de PVC de la ANIPAC, expresó en entrevista con Expansión una profunda preocupación: "Como industriales tenemos una preocupación muy muy fuerte porque esto nos saca totalmente del mercado a los transformadores de PVC en México. Sería desastroso porque el sector de PVC en México cubre muchos productos de muchas industrias y estaría peligrando a desaparecer". La situación, advierten, pone en riesgo la supervivencia de un sector clave para la manufactura mexicana.

El Origen de la Crisis: La Cuota Compensatoria

La Secretaría de Economía, en marzo de 2026, publicó en el Diario Oficial de la Federación una resolución preliminar que estableció una cuota compensatoria de 639 dólares por tonelada para el PVC de origen norteamericano. Esta medida respondió a una solicitud de Mexichem, el único productor nacional de resina de PVC suspensión, quien alegó prácticas de discriminación de precios por parte de productores estadounidenses.

Sin embargo, el efecto inmediato para los transformadores mexicanos ha sido un encarecimiento drástico de su principal insumo. Según Espinosa, la resina de PVC importada bajo esta cuota alcanza precios de entre 1,250 y 1,300 dólares por tonelada. En contraste, el precio internacional de referencia se sitúa entre 890 y 950 dólares por tonelada. Esta disparidad, señalan, resta competitividad a los productos manufacturados en México.

La Presión Asiática: Competencia Desleal

El problema se agrava con la entrada de productos terminados y semiterminados provenientes del mercado asiático. Estos productos llegan a México a precios que la industria local considera imposibles de igualar, incluso aquellos que provienen de países sin tratados comerciales con nuestro país. "El país recibe competidores con productos terminados –a precio ridículamente bajo– pues no hay manera de que la industria nacional subsista", afirmó Espinosa.

La diferencia de costos es abismal. En Asia, la tonelada de resina de PVC se cotiza alrededor de los 700 dólares. Aun sumando los costos de transporte hasta México, el precio final se mantiene entre 950 y 1,000 dólares por tonelada, una cifra significativamente menor a la que enfrentan los transformadores mexicanos con la cuota compensatoria vigente.

El Pliego Petitorio de ANIPAC

Ante este panorama, la ANIPAC ha solicitado formalmente a la Secretaría de Economía una revisión exhaustiva de la cuota compensatoria. El objetivo es lograr su eliminación o, en su defecto, una reducción sustancial que permita que el precio de la tonelada de resina se ubique entre los 900 y 1,000 dólares. Este rango, consideran, crearía un escenario de competencia más equitativo.

Adicionalmente, la asociación pide la implementación de aranceles para los productos terminados que ingresan al país desde Asia, con el fin de nivelar el campo de juego para los industriales nacionales. "Todo esto para salvar la cadena productiva del PVC en México. Nosotros como industriales pensamos que el gobierno debe defender la cadena productiva completa, desde el productor de resina nacional hasta el que vende el producto terminado, por eso la relevancia de la decisión de Economía", subrayó Espinosa.

Expectativas y Decisiones Pendientes

La industria del plástico se encuentra a la espera de la decisión final de la Secretaría de Economía, la cual se anticipa para finales de agosto o septiembre. La resolución sobre la cuota compensatoria al PVC estadounidense y la posible aplicación de medidas contra las importaciones asiáticas serán cruciales para el futuro de este sector manufacturero en México.

En el contexto económico actual, la industria del plástico enfrenta un doble desafío: por un lado, la necesidad de mantener la competitividad de sus productos en un mercado globalizado y, por otro, la protección de la cadena productiva nacional frente a prácticas comerciales que distorsionan la competencia. La postura de la Secretaría de Economía será determinante para el equilibrio entre la apertura comercial y la defensa de la industria local.

Históricamente, las políticas de cuotas compensatorias y aranceles han sido herramientas utilizadas por los gobiernos para proteger sectores industriales estratégicos. Sin embargo, su aplicación debe ser cuidadosamente calibrada para evitar efectos adversos, como el encarecimiento de materias primas que perjudique a otros eslabones de la cadena productiva. La demanda de ANIPAC pone de manifiesto la complejidad de estas decisiones y la necesidad de un análisis profundo de sus implicaciones.

La industria transformadora de PVC en México es un motor importante de empleo y desarrollo. Sus productos se utilizan en una amplia gama de sectores, incluyendo la construcción, la automotriz, la salud y la agricultura. Cualquier medida que ponga en riesgo su operación podría tener repercusiones significativas en la economía nacional.

La competencia asiática, caracterizada por bajos costos de producción y, en ocasiones, prácticas de dumping, representa un reto constante para las industrias de diversos países. México no es la excepción, y la respuesta de las autoridades económicas será clave para determinar si la industria nacional puede sortear esta amenaza y mantener su capacidad productiva y de generación de empleo.

La ANIPAC ha sido enfática en señalar que no buscan un proteccionismo absoluto, sino condiciones de competencia justas que les permitan operar y prosperar. La reducción de la cuota compensatoria al PVC estadounidense y la posible imposición de aranceles a productos asiáticos son vistas como pasos necesarios para alcanzar este objetivo y asegurar la viabilidad a largo plazo del sector.

La Secretaría de Economía se encuentra ante una encrucijada que definirá el futuro de la industria del plástico en México. La decisión que tome tendrá un impacto directo en la competitividad, el empleo y la capacidad de innovación del sector, así como en la relación comercial con Estados Unidos y la dinámica de las importaciones provenientes de Asia.