La era digital ha traído consigo una nueva y preocupante forma de desinformación: influencers virtuales generados por inteligencia artificial (IA) que, con una facilidad alarmante, se están utilizando para promocionar remedios y consejos de salud sin ninguna base científica. El caso del médico especialista en trastornos del sueño, Eduard Estivill, quien denunció que su imagen y voz fueron utilizadas para promocionar productos falsos y habilidades culinarias inexistentes, es solo la punta del iceberg de una práctica que gana terreno rápidamente.

Estos avatares, diseñados para ser perfectos y carentes de las imperfecciones humanas, se han convertido en herramientas atractivas para industrias que buscan vender suplementos alimenticios y otros productos relacionados con el bienestar. Empresas sin escrúpulos están empleando estas figuras digitales para hacerse pasar por médicos o especialistas, difundiendo afirmaciones engañosas que comprometen la salud de los usuarios. La escalabilidad de esta práctica es asombrosa: una investigación del New York Times reveló que es posible producir hasta 1,200 videos al día con IA por un costo promedio de apenas 10 dólares, gracias a la accesibilidad de diversas plataformas, muchas de ellas gratuitas.

La Delgada Línea Entre Información y Atención Clínica

Regina Espinoza Athié, cofundadora y CEO de Cuéntame, una plataforma dedicada a la salud mental, advierte sobre el principal riesgo: la confusión entre información general y atención clínica. Si bien un influencer de IA puede ofrecer recomendaciones genéricas, carece de la capacidad para acompañar un proceso terapéutico real. Un profesional de la salud, en contraste, conoce la historia individual del paciente, detecta cambios a lo largo del tiempo, interpreta señales no verbales y adapta el tratamiento a las circunstancias específicas de cada persona. Esta distinción es crucial, ya que los objetivos de un influencer y un profesional de la salud son diametralmente opuestos: mientras el primero busca retener la atención de la audiencia, el segundo trabaja por la mejora y recuperación del individuo.

Además, la estética de estos avatares, diseñados para ser impecables y sin limitaciones, crea una comparación irreal con la vida cotidiana. Aunque sepamos que son artificiales, la aspiración a esa perfección puede generar frustración y expectativas poco realistas. Estos personajes son cuidadosamente elaborados para inspirar confianza, desde su apariencia y tono de voz hasta los diplomas falsos que exhiben en sus consultorios virtuales. El objetivo es influir en consumidores vulnerables que buscan soluciones rápidas para problemas de salud crónicos, lo que puede llevar a escenarios imprecisos y dietas o tratamientos que no se ajustan a las necesidades individuales.

La Transferencia de Confianza Hacia lo Artificial

Luis Arturo Sirgo Cruz, director nacional de la licenciatura en psicología clínica del Tecnológico de Monterrey, explica este fenómeno a través de la "transferencia de la confianza". Cuando nos enfrentamos a figuras que se asemejan a rostros humanos, tendemos a atribuirles sentimientos de confianza, incluso si sabemos que son creaciones digitales. Esta tendencia se ve exacerbada por la disponibilidad constante de estos personajes, su gratuidad y la ausencia de listas de espera o juicios. Ofrecen una experiencia libre de estrés y diseñada para ser agradable, generando una falsa sensación de cercanía y comprensión.

Sin embargo, Espinoza Athié recalca la diferencia fundamental: "sentirse escuchado no es lo mismo a ser atendido". Un profesional de la salud no solo escucha, sino que evalúa, acompaña, identifica riesgos y, cuando es necesario, confronta al paciente para facilitar un cambio positivo y duradero. La superficialidad de la interacción con un avatar de IA no puede reemplazar la profundidad y el rigor de la atención médica profesional.

El Desafío de Distinguir lo Real de lo Artificial

Las cifras son alarmantes: un estudio de la Universidad de Waterloo reveló que el 40% de las personas ya no son capaces de distinguir entre rostros reales y aquellos generados por IA. Si bien el estudio permitió a los participantes examinar las imágenes detenidamente, la mayoría de los usuarios de internet consume contenido de manera superficial, sin el tiempo ni la atención necesarios para detectar las sutiles diferencias. Andreea Pocol, autora principal del estudio, señala que quienes solo leen noticias negativas o carecen de tiempo son particularmente susceptibles a no captar las señales que delatan a una imagen generada por IA.

Ante este panorama, Espinoza Athié ofrece recomendaciones clave para discernir entre contenido real y falso:

  • Desconfiar de promesas de resultados rápidos o absolutos: Evitar a quienes prometen eliminar la ansiedad o lograr pérdidas de peso drásticas en pocos días.
  • Exigir evidencia y credenciales: No confiar en contenido que carece de fuentes verificables o credenciales, especialmente si se utiliza para vender productos.
  • Identificar recomendaciones personalizadas: Desconfiar de consejos idénticos para todas las personas, sin considerar las diferencias individuales.
  • Reconocer tácticas de manipulación: Estar alerta ante la generación de urgencia, culpa o miedo para impulsar decisiones.
  • Priorizar la consulta profesional: No dejarse engañar por avatares que no invitan a consultar con un profesional de la salud cuando la situación lo amerita.

La proliferación de influencers de IA en el ámbito de la salud y el bienestar representa un desafío significativo para la veracidad de la información y la protección del público. La capacidad de la IA para imitar la apariencia humana y generar contenido a gran escala exige una mayor vigilancia y un pensamiento crítico por parte de los consumidores para evitar caer en las trampas de la desinformación y los remedios falsos.