La capacidad de la inteligencia artificial para recrear la imagen y la voz de personas fallecidas ha desatado un debate ético y legal sobre la propiedad y el control de la identidad digital post mortem. Herramientas cada vez más sofisticadas pueden tomar fotografías, videos, audios y publicaciones en redes sociales para construir representaciones digitales de individuos, abriendo un abanico de posibilidades que van desde el consuelo hasta el fraude y la suplantación.
En México, la ausencia de una regulación específica sobre qué puede hacerse con la identidad digital de una persona tras su muerte deja un vacío legal que recae principalmente en el terreno de la ética. Jorge Zamarrón Gómez, director de Innovación y Desarrollo de la funeraria J. García López, subraya que el verdadero límite no reside en lo que la tecnología puede hacer, sino en lo que éticamente debería permitirse.
El Recuerdo Digital y sus Límites Éticos
La aparente trivialidad de compartir una fotografía en redes sociales esconde el potencial de que cada archivo contribuya a una representación digital más precisa de una persona. La propia experiencia de J. García López con su campaña “Sigues aquí” es un claro ejemplo. La iniciativa permitía a las familias subir una foto de un ser querido fallecido para generar una breve animación, logrando más de 15,000 registros. Sin embargo, este éxito llevó a la empresa a cuestionarse la profundidad de su intervención.
“¿Quién nos está dando autorización de que nosotros hagamos eso?”, se preguntó Zamarrón. Esta reflexión condujo a la decisión de no repetir dinámicas similares, al considerar que, más allá de preservar un recuerdo, la recreación digital podía cruzar una línea y facilitar el mal uso de información personal. El desafío, según Zamarrón, no es impedir que la tecnología conserve la memoria, sino definir dónde termina el recuerdo genuino y dónde comienza la fabricación de una identidad artificial.
La perspectiva de la funeraria se inclina hacia el uso de la tecnología para conservar información de manera segura, en lugar de intentar recrear a la persona. J. García López ofrece una “bóveda digital” donde los usuarios pueden almacenar recuerdos familiares, como fotografías y videos, para su preservación y fácil localización. La preocupación de los clientes, según Zamarrón, se centra más en evitar que sus datos sean utilizados para recreaciones no autorizadas que en solicitar la resurrección digital de sus difuntos.
Clientes consultan activamente sobre cómo impedir que sus fotografías sean empleadas para generar videos o representaciones que muestren a personas realizando acciones que nunca ocurrieron. “Ya sabemos que incluso con herramientas de inteligencia artificial gratuitas puedes hacer que una persona hable, puedes recrear la voz, puedes hacer un video”, advierte Zamarrón, reflejando una inquietud compartida por especialistas en ciberseguridad.
La Amenaza de la Suplantación y el Fraude
David González, secretario de Researcher para ESET Latinoamérica, alerta sobre el riesgo inherente a la entrega de grandes volúmenes de información personal a herramientas digitales. Estos datos pueden ser explotados para crear contenidos que suplanten la identidad de una persona, facilitando así el engaño a terceros. La preocupación se extiende incluso a la información de personas fallecidas, cuyos datos pueden revelar detalles sensibles sobre sus familiares y allegados aún con vida.
En caso de una brecha de seguridad en plataformas que almacenan este material, los ciberdelincuentes no solo obtendrían imágenes o voces, sino también el contexto necesario para orquestar ataques de ingeniería social más sofisticados y dirigidos. El problema, sin embargo, comienza mucho antes del fallecimiento.
Tendencias Digitales y Cesión de Derechos
En los últimos años, la práctica de compartir fotografías personales con herramientas de IA para seguir tendencias, como la creación de avatares o la modificación de imágenes, se ha vuelto común. Un informe de Sensor Tower señaló un crecimiento del 216% en las descargas globales de la app de ChatGPT y un aumento del 27% en sus usuarios activos semanales durante la semana del 31 de marzo de 2025, tras el despliegue general de la generación de imágenes. Sam Altman, CEO de OpenAI, reportó en ese entonces la adición de un millón de usuarios en tan solo una hora.
González advierte que esta aparente inocencia puede llevar a los usuarios a subestimar la información que comparten y los derechos que ceden. Una fotografía, más allá de un rostro, puede contener metadatos y detalles contextuales sobre la persona, su entorno y sus actividades. Por ello, la discusión sobre la identidad digital después de la muerte debe iniciarse mucho antes del funeral, considerando que cada archivo digital contribuye a la construcción de un legado digital que puede ser vulnerable.
La recomendación de los expertos es clara: compartir información únicamente cuando sea estrictamente necesario y con plena conciencia de los riesgos asociados. La protección de la identidad digital, tanto en vida como después de ella, se convierte en una responsabilidad compartida entre usuarios, desarrolladores y legisladores, quienes deben trabajar conjuntamente para establecer marcos regulatorios que salvaguarden la privacidad y prevengan el mal uso de la tecnología.