La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en el ámbito educativo mexicano ha superado por mucho la capacidad de las instituciones para establecer directrices claras. Un reciente censo revela que una vasta mayoría de estudiantes universitarios utiliza estas herramientas de forma semanal, principalmente para la generación de textos. Sin embargo, una preocupante proporción de alumnos en instituciones públicas desconoce si sus centros de estudio cuentan con normativas para su uso, evidenciando un vacío en la regulación que la Secretaría de Educación Pública (SEP) busca ahora llenar.

Ante este panorama, el gobierno federal ha iniciado un proceso de consulta nacional para definir reglas sobre el uso de IA, redes sociales y plataformas digitales en la educación. Se han programado tres foros regionales en Nuevo León, Chiapas y Guerrero, donde especialistas, docentes, padres de familia y miembros de la comunidad escolar aportarán sus perspectivas para conformar una propuesta que eventualmente será presentada al Congreso. Esta iniciativa se suma a las medidas ya implementadas en 16 estados del país, que han optado por prohibir o regular el uso de dispositivos móviles en las aulas, aunque con alcances y excepciones variables.

El Debate: ¿Prohibir o Regular?

La discusión sobre la IA en las escuelas se intensifica ante la falta de criterios unificados. Mientras algunas entidades han optado por restricciones directas sobre dispositivos, la pregunta fundamental sobre cómo la IA impacta el proceso de aprendizaje y si puede sustituir el razonamiento del estudiante sigue sin respuesta clara. Luis Portales Derbez, director de Experimentación y Medición de Impacto del Instituto para el Futuro de la Educación del Tec de Monterrey, subraya la necesidad de abordar la realidad: la IA ya es una herramienta presente y su uso debe ser guiado por criterios bien definidos.

Portales Derbez se muestra escéptico ante la idea de una prohibición generalizada. Basado en su experiencia docente, reconoce que dispositivos como celulares o audífonos pueden ser distractores, pero también pueden transformarse en valiosas herramientas para actividades pedagógicas, como la consulta de información o el uso de plataformas generativas. "Prohibir no necesariamente es bueno", afirma, abogando por una regulación que enseñe a los estudiantes las implicaciones de usar estas tecnologías durante el aprendizaje y cómo integrarlas de manera efectiva en el salón de clases.

Criterios para la Integración de la IA

La clave, según el experto, reside en considerar la edad de los alumnos, la evidencia científica disponible y el propósito específico de la herramienta. Si bien restricciones en la primera infancia pueden justificarse por motivos de desarrollo y salud, los estudiantes de niveles superiores deben aprender a manejar la tecnología que encontrarán en su futuro académico y profesional. La brecha digital en México añade otra capa de complejidad, donde el acceso a internet y dispositivos varía drásticamente entre instituciones, haciendo que el teléfono del estudiante sea, en muchos casos, la única vía de acceso a recursos digitales.

"Tenemos que tomar decisiones con base en lo que sabemos y en la evidencia que aporta la ciencia", insiste Portales. La pregunta central no debe ser si se prohíbe o se permite, sino "para qué vamos a utilizar el dispositivo y cuál es su propósito". Ambas posturas extremas, la prohibición total o la apertura sin límites, podrían conducir a problemas similares.

El Tec de Monterrey y la IA: Un Enfoque Multifacético

El Tec de Monterrey ha adoptado un enfoque integral para abordar la inteligencia artificial en la educación. Sus esfuerzos se centran en tres ejes principales: primero, asegurar que tanto estudiantes como profesores comprendan el funcionamiento y las limitaciones de la IA; segundo, evaluar herramientas que puedan potenciar la enseñanza a través de retroalimentación personalizada y rutas de aprendizaje adaptadas; y tercero, preparar a los alumnos para el uso de estas aplicaciones en el entorno laboral.

La institución ha integrado competencias transversales de inteligencia artificial en sus planes de estudio a partir de 2026. Además, fomenta y financia proyectos de investigación propuestos por docentes, evaluando rigurosamente sus resultados antes de adoptar cualquier tecnología como herramienta institucional. "La inteligencia artificial es un habilitador, no un sustituto", enfatiza Portales, aclarando que su valor reside en complementar el plan de estudios, no en reemplazarlo.

Más Allá del "Prompt": El Valor del Razonamiento

El verdadero límite de la IA en la educación se manifiesta cuando esta suprime el proceso de razonamiento del estudiante. Un chatbot puede ser una herramienta valiosa para explorar ideas, solicitar aclaraciones y contrastar información. Sin embargo, su uso indiscriminado para generar ensayos completos que luego son copiados sin análisis crítico puede mermar el desarrollo cognitivo y el pensamiento crítico del alumno.

"Si me hace más flojo y no me hace pensar, va a afectar mi proceso de desarrollo y mi parte cognitiva", advierte Portales. La clave está en utilizar la IA como un catalizador para la reflexión y el aprendizaje profundo. Cuando un estudiante utiliza la herramienta para plantear un problema, cuestionar una respuesta y profundizar en los argumentos, la IA se convierte en un aliado del proceso educativo, no en un obstáculo. La discusión sobre su regulación debe centrarse en cómo fomentar este uso constructivo, asegurando que la tecnología sirva para potenciar las capacidades humanas, en lugar de reemplazarlas.