La inteligencia artificial ha irrumpido con fuerza en la antesala de la consulta médica, transformando la manera en que los mexicanos buscan información sobre su salud. Un creciente número de pacientes recurre a plataformas digitales, buscadores y sitios especializados para resolver dudas sobre síntomas, enfermedades, medicamentos o resultados de estudios, y en este panorama, la IA ha escalado posiciones de manera notable.

Un estudio reciente, "El Paciente Digital Mexicano 2025", elaborado por la Fundación Mexicana para la Salud (FUNSALUD) y Central Media, revela que las plataformas de inteligencia artificial se han consolidado como la tercera fuente más utilizada para obtener información relacionada con la salud. Este avance las sitúa solo por detrás de los motores de búsqueda generales y los sitios web especializados, un salto significativo desde el octavo lugar que ocupaban el año anterior.

La investigación, que encuestó a más de 2,000 pacientes y cuidadores usuarios de internet, arrojó que el 23% de los participantes utilizó plataformas de IA para informarse sobre temas de salud. Entre las herramientas más populares se encuentran ChatGPT, seguido de cerca por Gemini y Meta AI. Este dato subraya una tendencia más amplia: el 40% de los encuestados afirmó utilizar internet con frecuencia para gestionar aspectos de su salud, integrando así la IA a un ecosistema ya digitalizado de atención e información.

Adrián Alcántara, CEO de Doctoralia México, señala que este fenómeno se enmarca en un contexto donde el acceso a la atención médica presenta desafíos económicos considerables. "El 65% utiliza herramientas digitales antes de acudir al médico", comenta, evidenciando la preexistencia de una digitalización en la búsqueda de información sanitaria.

El informe Global Medical Trend Rates 2025 de Aon proyecta un incremento del 14.5% en los costos médicos para los planes de salud en México durante 2025, superando el promedio latinoamericano del 10.7%. Esta escalada en los precios, según Caia Taback, directora de Enterprise Accounts de The Joint Chiropractic, podría estar influyendo directamente en la decisión de los pacientes de recurrir primero a la IA.

"El costo de la atención médica cambió la forma en que las personas piensan sobre su salud. Cuando el precio influye en la decisión de buscar atención médica, no es difícil imaginar que también influya en que consulten a una IA antes de acudir con un médico", explica Taback. Un estudio de KFF en Estados Unidos de marzo de 2026 corroboró esta hipótesis, indicando que el 32% de los adultos recurrió a herramientas de IA para obtener información o consejos de salud, y de estos, el 19% admitió no poder costear una consulta médica. La cifra se elevó al 29% entre los usuarios menores de 30 años.

La problemática del acceso a la salud no es exclusiva de México o Estados Unidos. En América Latina, un estudio de McKinsey sobre consumidores de servicios de salud reveló que el 62% de los encuestados había pospuesto atención médica, principalmente por barreras de accesibilidad y asequibilidad. Adicionalmente, el 26% de los latinoamericanos recurría a canales digitales para información preventiva y de salud, mientras que un 20% deseaba contratar un seguro privado pero no podía permitírselo.

Sin embargo, el uso de la inteligencia artificial para resolver dudas de salud no está exento de riesgos. La principal preocupación radica en la posibilidad de que las respuestas generadas por la IA, aunque parezcan convincentes, contengan errores, incluso graves. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido sobre la capacidad de estos modelos para producir información que aparenta ser autorizada y razonable, pero que puede ser inexacta.

En el ámbito de la salud, una respuesta errónea puede tener consecuencias directas en las decisiones del paciente, afectando cuándo buscar atención médica, qué síntomas considerar relevantes o cómo interpretar información sobre una enfermedad. Adrián Alcántara enfatiza la importancia de mantener claras las limitaciones de la IA en este contexto: "La IA debe potenciar la práctica médica, no sustituir el criterio clínico del especialista".

Desde Doctoralia, se aclara que, si bien la IA se utiliza en diversos procesos internos, no se emplea para realizar triaje de forma autónoma ni para emitir diagnósticos. Estas funciones críticas permanecen bajo la estricta responsabilidad del profesional de la salud. Por lo tanto, la idea de que una respuesta de chatbot pueda reemplazar la valoración clínica de un médico es una suposición peligrosa.

La OMS también señala otros riesgos inherentes a los sistemas de IA, como la reproducción de sesgos presentes en los datos de entrenamiento, comprometiendo la privacidad de información sensible, o la generación y difusión de desinformación médica difícil de distinguir de contenido confiable. Este exceso de información, a menudo imprecisa, puede exacerbar la ansiedad del paciente.

Se identifica el fenómeno de la cibercondría, donde las búsquedas repetitivas de síntomas y enfermedades en internet, amplificadas por la IA, pueden llevar a una interpretación errónea de los resultados, generando preocupación innecesaria. El desafío, concluye Alcántara, reside en establecer los límites y condiciones para el uso de esta información, asegurando que complemente y no reemplace la experticia médica profesional.

En este escenario, la IA se presenta como una herramienta de doble filo: por un lado, democratiza el acceso a información de salud en un contexto de altos costos y barreras de acceso; por otro, introduce riesgos significativos relacionados con la precisión, la privacidad y la potencial desinformación, demandando un uso cauteloso y siempre supeditado al criterio médico profesional.