Los mercados financieros globales concluyeron una semana de alta tensión, marcada por dos frentes de preocupación que sacudieron las bolsas y los precios de las materias primas. Por un lado, el encarecimiento del petróleo, impulsado por la intensificación de la guerra entre Estados Unidos e Irán, generó expectativas de un repunte inflacionario. Por otro, la irrupción de Kimi K3, un avanzado modelo de inteligencia artificial desarrollado en China, reavivó las dudas sobre las elevadas inversiones y las estratosféricas valuaciones del sector tecnológico estadounidense, provocando un retroceso en índices clave.
El Nasdaq Composite, que agrupa a las principales empresas tecnológicas, sufrió su primera caída semanal en tres semanas, al retroceder 2.90%. El S&P 500 no se quedó atrás, perdiendo 1.55%, mientras que el Dow Jones bajó 0.93%. La jornada del viernes consolidó esta tendencia negativa, con caídas del 1.40% para el Nasdaq, 1.01% para el S&P 500 y 0.77% para el Dow Jones.
IA CHINA: EL NUEVO "DEEPSEEK"
El golpe se concentró de manera particular en las empresas vinculadas con la inteligencia artificial. El sector de tecnologías de la información del S&P 500 retrocedió 3.78% durante la semana, y el de servicios de comunicación cayó 2.38%. La cautela se intensificó tras el lanzamiento de Kimi K3 por parte de la startup china Moonshot AI. Este modelo, pocas horas después de su presentación, escaló a la cima de Arena, una prestigiosa clasificación de herramientas de programación con inteligencia artificial, según reportes de la agencia AFP.
El desempeño de Kimi K3 llevó a analistas y a algunos inversionistas a evocar el llamado “momento DeepSeek” de principios de 2025. En aquel entonces, un modelo chino demostró la viabilidad de desarrollar sistemas de IA competitivos a costos significativamente menores que los de sus contrapartes estadounidenses. El temor actual no se limita a que China alcance tecnológicamente a Estados Unidos, sino que modelos más económicos, de código abierto y personalizables podrían erosionar la capacidad de empresas como OpenAI y Anthropic para mantener sus elevados precios por servicios de IA.
Además, una competencia más feroz podría obligar a los inversionistas a reevaluar las valoraciones de las compañías productoras de chips y constructoras de centros de datos, especialmente tras las masivas inversiones multimillonarias destinadas a la infraestructura de IA. El índice de semiconductores de Filadelfia, por ejemplo, ya acumula una caída superior al 20% desde su máximo de junio, lo que técnicamente lo sitúa en un mercado bajista.
Sin embargo, esta corrección no necesariamente señala el fin del auge de la IA. Algunos expertos señalan que Kimi K3 es un modelo de gran envergadura y su operación aún demanda una considerable capacidad de procesamiento. Por ello, el impacto inmediato podría sentirse más en los precios y la cuota de mercado de los desarrolladores de software que en una contracción estructural de la demanda de chips. También surgieron indicios de que las ventas no afectaron a todo el mercado por igual. Mientras las grandes tecnológicas retrocedían, el índice S&P 500 de ponderación igualitaria, que otorga el mismo peso a cada compañía, alcanzó un máximo histórico durante la semana. Esto sugiere que la presión vendedora se concentró en las empresas que más se habían beneficiado del entusiasmo por la IA.
PETRÓLEO SE DISPARA Y COMPLICA EL ESCENARIO GLOBAL
La segunda gran fuente de preocupación fue el contundente repunte del precio del petróleo. El Brent cerró la semana rondando los 88 dólares por barril, registrando una ganancia de aproximadamente 15.6%. Por su parte, el West Texas Intermediate (WTI) concluyó cerca de los 82 dólares, con un avance superior al 15%. Tan solo el viernes, ambos referentes del mercado petrolero aumentaron más de 4%, tras una nueva escalada de ataques entre Estados Unidos, Irán y aliados de Washington en la región.
La reanudación de las hostilidades el 7 de julio provocó una drástica reducción en el tránsito de crudo por el estratégico estrecho de Ormuz. El flujo promedio de barriles diarios disminuyó de 9.4 millones a 5.5 millones durante la última semana, según datos de Banco Base. Este paso marítimo es vital, ya que antes del conflicto concentraba cerca del 20% del petróleo y gas natural licuado consumidos a nivel mundial.
Por el momento, la capacidad de otros productores para ajustar sus rutas y suministros ha impedido que el precio del Brent supere la barrera de los 100 dólares. No obstante, nuevos ataques contra buques, terminales petroleras o infraestructura energética podrían interrumpir un volumen mayor de suministro, desatando otra escalada de precios.
Para los consumidores finales, un petróleo más caro se traduce inevitablemente en mayores costos de gasolina, transporte, electricidad y mercancías. Además, complica la labor de los bancos centrales, ya que una renovada presión inflacionaria podría posponer los recortes de tasas de interés o incluso abrir la puerta a nuevos incrementos.
La tasa del bono del Tesoro estadounidense a diez años cerró alrededor del 4.55%. Al final de la semana, los mercados incluso anticipaban la posibilidad de que la Reserva Federal elevara su tasa de referencia en 25 puntos base en diciembre, después de que varios de sus funcionarios advirtieran sobre los riesgos al alza que aún enfrenta la inflación.
LA BOLSA MEXICANA RESISTE, PERO EL PESO SE DEBILITA
A diferencia de Wall Street, el principal índice de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) logró un avance semanal de 0.21%, cerrando alrededor de los 66,634 puntos. Con este resultado, el índice bursátil mexicano interrumpió una racha de cuatro semanas consecutivas de pérdidas. Entre las empresas que destacaron por sus ganancias se encontraron Grupo Carso, con un avance de 6.37%; GCC, con 4.68%; Cemex, con 3.98%; Megacable, con 3.39%, y Grupo Bimbo, también con 3.39%.
Sin embargo, el peso mexicano no pudo escapar de la aversión generalizada al riesgo. La moneda mexicana cerró la semana alrededor de las 17.53 unidades por dólar, registrando una depreciación semanal de entre 0.31% y 0.34%, según los horarios de corte de distintas instituciones. Durante la semana, el peso llegó a cotizar en 17.56 unidades por dólar, su nivel más débil desde el 9 de julio. La presión sobre la moneda mexicana provino principalmente de la guerra en Oriente Medio, la salida de inversionistas de activos considerados de riesgo y la incertidumbre comercial en Estados Unidos. A estos factores se suma la inminente ronda de conversaciones entre México y Estados Unidos sobre el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), un tema que añade una capa adicional de incertidumbre a la economía nacional.