Una vasta transferencia de riqueza está a punto de reconfigurar el panorama patrimonial global en las próximas dos décadas, con un impacto significativo esperado en México. Si bien se proyecta que billones de dólares cambiarán de manos a nivel mundial, el país enfrenta el riesgo de que esta transición exacerbe las profundas brechas de desigualdad existentes entre sus jóvenes.

La Concentración Patrimonial en México

El reporte de UBS y Capgemini señala que la Generación Z, junto con millennials y la Generación X, serán los principales receptores de esta riqueza intergeneracional. Sin embargo, en México, la estructura patrimonial ya se caracteriza por una alta concentración. Según estimaciones de Axxets, solo entre el 3% y el 6% de los jóvenes mexicanos recibirá patrimonios significativos, como empresas, inmuebles o portafolios de inversión. El resto, la gran mayoría, deberá construir su patrimonio principalmente a través de sus ingresos salariales.

León Harari, CEO de Axxets, aclara que estas cifras son aproximaciones basadas en estadísticas de concentración patrimonial y tamaño de las generaciones, no un registro exacto de futuros herederos. No obstante, la desigualdad con la que parten las nuevas generaciones es innegable. El World Inequality Report 2026 indica que el 10% más rico de México posee el 70.6% de la riqueza nacional, con el 1% acaparando el 38%. En contraste, la mitad de la población apenas posee el 2.3% del patrimonio total.

Esta disparidad es aún más pronunciada en términos de patrimonio que de ingresos. Mientras el 10% de mayores ingresos percibe el 59.1% del total nacional, la mitad inferior recibe solo el 7.7%. Esto subraya que la desigualdad futura de los jóvenes mexicanos no solo dependerá de sus ganancias laborales, sino fundamentalmente de los activos con los que inicien su vida adulta.

El Capital que Genera Capital

Harari destaca que uno de los efectos más importantes de esta transferencia de riqueza es el poder del capital para generar más capital. Quienes hereden activos como empresas, inmuebles o portafolios de inversión, no solo obtendrán un patrimonio inicial, sino también fuentes de ingresos pasivos (rentas, intereses, dividendos, ganancias de capital). Un joven que deba construir su patrimonio desde cero, incluso con un ingreso laboral similar, tendrá que dedicar años de su salario para acumular activos que produzcan rendimientos.

"Incluso invirtiendo mal, lo que un chavo de estos (herederos) puede ganar de intereses en un año, hay familias enteras que nunca lo van a ver", ilustra Harari, enfatizando la brecha que se abre desde el principio.

Los datos internacionales corroboran esta tendencia. Entre 1995 y 2025, el 1% más rico a nivel mundial capturó el 36.7% del crecimiento total de la riqueza, mientras que la mitad inferior solo obtuvo el 1.1%, según el World Inequality Lab. Esta dinámica se produce tras décadas de reconstrucción y acumulación patrimonial, especialmente desde la década de 1980, lo que sugiere que la próxima transferencia intergeneracional ocurre en un contexto de fuerte concentración de activos privados.

Para México, esta diferencia es particularmente relevante. El World Inequality Lab estima que la riqueza promedio de una persona en el 10% superior equivale a unos 295,046 euros (en paridad de poder adquisitivo), frente a apenas 961 euros para la mitad inferior. El 1% más rico promedia alrededor de 1.59 millones de euros PPP. La herencia tiene el potencial de trasladar una parte significativa de esta brecha a la siguiente generación.

Nuevas Generaciones, Nuevas Inversiones

La forma en que se administrará esta herencia también está evolucionando. Harari observa que los clientes jóvenes de Axxets difieren de las generaciones anteriores. Mientras los padres suelen priorizar la protección del capital mediante instrumentos tradicionales, los hijos muestran un mayor interés por startups, venture capital, tecnología, inteligencia artificial y otros activos de mayor riesgo. Su apego a inversiones tradicionales como los bienes raíces parece disminuir.

Además, los herederos jóvenes demandan mayor liquidez y cuestionan más los costos de los servicios financieros. Comparan plataformas, revisan comisiones y consideran que tareas como la construcción de un portafolio básico pueden ser automatizadas mediante herramientas digitales o inteligencia artificial.

La evidencia internacional respalda este cambio. Un estudio de Capgemini reveló que el 81% de los individuos de alto patrimonio neto (HNWI) de las generaciones más jóvenes planea abandonar la firma que administra el patrimonio de sus padres dentro del primer o segundo año tras recibir la herencia. Una de las razones principales, citada por el 46% de ellos, es la falta de servicios adaptados a sus necesidades y preferencias de inversión modernas.

Esta transformación en la gestión de activos, combinada con la disparidad en la recepción de la herencia, plantea un escenario complejo para la equidad económica en México. La brecha entre quienes inician con un capital sustancial y quienes deben construirlo desde cero podría ampliarse, redefiniendo las oportunidades y trayectorias económicas de la Generación Z en el país.