La persistente amenaza del gusano barrenador está asfixiando a los ganaderos mexicanos, imponiendo costos crecientes y manteniendo sellada la frontera de Estados Unidos al ganado vivo. Este doble azote representa un golpe devastador para un sector que depende crucialmente del mercado estadounidense, uno de los pilares de su economía.

En 2023, México exportó más de mil millones de dólares en ganado vivo a Estados Unidos. Sin embargo, la reaparición de esta mortífera mosca en territorio mexicano en 2024 provocó que la Unión Americana impusiera un cierre fronterizo al ganado procedente de nuestro país. Las estimaciones de Comecarne, la asociación mexicana del sector cárnico, apuntan a pérdidas por exportaciones no realizadas que rondan los 2 mil 800 millones de dólares, una cifra que subraya la magnitud del impacto económico.

El Impacto en los Precios y Costos

Si bien la venta de carne de res empacada, que no fue incluida en la prohibición, ha experimentado un cierto impulso, la realidad para los productores es sombría. Una encuesta reciente de la Asociación Mexicana de Productores de Carne (AMEG) revela una caída del 12 por ciento en el precio del kilogramo de becerro en pie durante el primer semestre del año en curso. A esta depreciación se suman los incrementos en los costos de los controles veterinarios, la obtención de certificados sanitarios y la adquisición de medicamentos esenciales para prevenir y tratar las lesiones causadas por el gusano barrenador del Nuevo Mundo.

La problemática no se limita a México. Recientemente, la plaga hizo su aparición en Estados Unidos, con alrededor de 20 casos confirmados entre los 86 millones de cabezas de ganado del país. El regreso de esta mosca, erradicada en EU hace aproximadamente cinco décadas, genera la preocupación de un brote a gran escala que podría acarrear pérdidas anuales superiores a los 700 millones de dólares solo para el sector ganadero texano.

La Realidad en el Campo Mexicano

En México, la factura ya es considerable. En los últimos dos años, se han registrado más de 20 mil casos de infestación en ganado bovino, de un total cercano a los 37 millones de cabezas, según datos oficiales. Adicionalmente, se han documentado otros 13 mil casos en diversas especies animales, evidenciando la amplia diseminación del parásito.

Ronaldo Ocampo, un ganadero de 65 años del sur de Chiapas, cuyo rebaño ha sufrido los embates de la plaga, describe la situación con crudeza: “Cuando Estados Unidos estornuda, nosotros nos infartamos, porque dependemos de ellos”. Su experiencia personal es un reflejo de la crisis que atraviesa el sector.

Un toro de su granja, valorado en casi 10 mil dólares, contrajo una infección por gusano barrenador el año pasado, obligándolo a incurrir en gastos veterinarios de emergencia. Su perro pastor, vital para el manejo del rebaño, perdió parte de una pata tras la invasión de larvas. Varios becerros murieron al ser invadidos por las larvas en sus cordones umbilicales, una infección que Ocampo no detectó a tiempo.

El ganadero estima que el gusano barrenador le ha costado cerca de 8 mil dólares, sin contar las pérdidas derivadas de la caída de precios en el centro de acopio local, donde las tarifas por kilogramo han disminuido un 20 por ciento desde la suspensión de importaciones por parte de Estados Unidos.

El Ciclo de la Plaga y sus Consecuencias

La mosca del gusano barrenador deposita sus huevos cerca de las heridas de los animales de sangre caliente. Si no se interviene a tiempo, las larvas comienzan a alimentarse del tejido vivo, generando lesiones que pueden ser fatales. Esta dinámica representa un peligro constante para la salud animal.

En México, más de la mitad del ganado se cría en régimen de libre pastoreo. En los estados del sur, donde la infestación se originó, la mayoría de los ganaderos operan ranchos de tamaño relativamente pequeño, con unas pocas decenas de vacas como promedio. Esta estructura productiva dificulta la implementación de medidas de control a gran escala y deja a muchos productores en una situación de vulnerabilidad.

“No solo me está afectando que se muera el animal”, lamenta Ocampo. “El precio del torete se vino para abajo. Esto está pegando mucho en nuestra economía”. Su testimonio encapsula la desesperación y la incertidumbre que enfrentan miles de ganaderos mexicanos ante una plaga que amenaza su sustento y la seguridad alimentaria del país.

El contexto histórico de la lucha contra el gusano barrenador en América del Norte es relevante. Décadas de esfuerzos coordinados permitieron su erradicación en Estados Unidos y Canadá, pero su reaparición en México y ahora en territorio estadounidense plantea un desafío significativo para las agencias sanitarias y los productores. La cooperación internacional y la inversión en programas de control y erradicación serán cruciales para mitigar los efectos de esta plaga y proteger uno de los sectores productivos más importantes de México.

Las implicaciones económicas van más allá de las pérdidas directas. La incertidumbre generada por la plaga y las restricciones comerciales podría desalentar la inversión en el sector ganadero mexicano, afectando su capacidad de crecimiento y desarrollo a largo plazo. La dependencia del mercado estadounidense, si bien ha sido un motor de crecimiento, también expone al sector a riesgos significativos ante eventos sanitarios como este.

Analistas del sector señalan que la situación actual exige una respuesta integral que combine medidas sanitarias robustas, apoyo económico a los ganaderos afectados y estrategias para diversificar los mercados de exportación. La resiliencia del sector ganadero mexicano se pondrá a prueba en los próximos meses, mientras se busca contener la propagación del gusano barrenador y recuperar la confianza de los mercados internacionales.

La seguridad alimentaria es otro aspecto crítico. La reducción en la producción y el aumento de los costos podrían, eventualmente, traducirse en un encarecimiento de la carne de res para el consumidor final, afectando el acceso a proteínas de calidad para la población. La interconexión entre la salud animal, la economía y la seguridad alimentaria queda patente en esta crisis.

La comunidad ganadera espera con urgencia medidas efectivas por parte de las autoridades sanitarias y gubernamentales para controlar la plaga y facilitar la reapertura de la frontera. La colaboración entre el sector público y privado será fundamental para superar este desafío y asegurar la viabilidad a futuro de la ganadería mexicana.

La situación actual subraya la importancia de la vigilancia epidemiológica constante y la capacidad de respuesta rápida ante brotes de enfermedades y plagas que puedan afectar al sector agropecuario. La experiencia con el gusano barrenador servirá, sin duda, como un llamado de atención sobre la necesidad de fortalecer las capacidades de sanidad animal en el país.