La Selección de Irán se encuentra en una encrucijada sin precedentes, preparándose para su participación en el Mundial 2026 mientras su país se ve envuelto en un conflicto bélico con Estados Unidos e Israel. Esta situación, inédita en la historia de la Copa del Mundo de la FIFA, añade una capa de complejidad y presión a la ya de por sí exigente competición.

En medio de su concentración en Turquía, dos pilares del equipo, Saeid Ezatolahi y Mohammad Ghorbani, compartieron con la agencia AP las profundas implicaciones de la guerra en su preparación y su estado anímico. Ezatolahi, un veterano que disputará su tercer Mundial, reconoció la dificultad de desconectar de la realidad de su país.

"Para ser honesto, no es fácil", admitió Ezatolahi, mediocampista de 29 años. "Ese va a ser mi tercer Mundial. Para mí y para algunos de los otros jugadores, quizá sea más fácil manejar este tipo de cosas. Al final... va a ser difícil para nosotros porque, al mismo tiempo, seguimos las noticias en nuestro país y las cuestiones políticas pueden afectar la mente de los jugadores y de la gente".

La logística para el equipo iraní también ha sido un desafío considerable. Los problemas para obtener visas de Estados Unidos obligaron a trasladar su base de entrenamiento de Tucson, Arizona, a Tijuana, en la frontera entre México y Estados Unidos. Tras pasar más de dos semanas en Turquía, el equipo se prepara para viajar a México, donde completará su preparación antes del torneo.

La comunidad iraní en Los Ángeles, donde se jugarán los primeros partidos de Irán, genera expectativas de un fuerte apoyo. "Sin duda, esperamos tener muchos aficionados durante nuestros partidos", señaló Ezatolahi. "Va a ser mucha presión para nosotros porque la expectativa va a ser alta. Solo deseo que podamos hacerlos sentir orgullosos y mostrarles que los iraníes están preparados para cualquier trabajo duro".

Mohammad Ghorbani, quien debutará en un Mundial con Irán a sus 24 años, expresó una perspectiva similar, enfocada en el deber y la esperanza que el equipo representa para su nación.

"Estamos atravesando circunstancias especiales en este momento, pero somos futbolistas y tenemos que jugar, entrenar y prepararnos", afirmó el jugador del Al Wahda de Abu Dabi. "Sabemos que nuestra gente ha pasado por muchas dificultades durante la guerra en Irán, y vamos allí por ellos, para conseguir los mejores resultados para la alegría de la gente de nuestro país".

El conflicto que rodea a Irán tiene raíces profundas. Los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre territorio iraní el pasado 28 de febrero, que resultaron en la muerte de altos funcionarios, desencadenaron represalias por parte de Irán contra Israel y fuerzas estadounidenses en la región. Además, el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz ha generado preocupación por el suministro global de petróleo.

Aunque existe un alto el fuego en vigor, las negociaciones de paz entre Irán y Estados Unidos aún no concluyen, y la tensión en la región persiste. Esta inestabilidad geopolítica es el telón de fondo sobre el cual la selección iraní deberá competir.

El calendario de Irán en el Mundial 2026 los sitúa en el Grupo G. Su debut será contra Nueva Zelanda el 14 de junio en el estadio de los Rams en Inglewood, cerca de Los Ángeles. Posteriormente, se enfrentarán a Bélgica el 21 de junio y cerrarán la fase de grupos contra Egipto el 26 de junio, ambos partidos también en Inglewood.

Ezatolahi, cuya carrera lo ha llevado por diversos clubes en Europa y Medio Oriente, enfatizó la necesidad de concentración y resiliencia. "Necesitamos despejar la mente y estar frescos porque nuestro objetivo y nuestro deber es luchar por nuestra gente, representar a nuestro país y mostrar lo buenos que somos", sostuvo.

Ghorbani coincidió, destacando el poder unificador del deporte. "El mejor mensaje que puedo dar ahora mismo es que el equipo iraní está mostrando lo que significa ser un equipo", declaró. "Estamos mostrando que un equipo puede llevar alegría a todo nuestro país".

La participación de Irán en el Mundial 2026 no es solo una competencia deportiva, sino un símbolo de esperanza y resistencia para un país que atraviesa tiempos difíciles. Los jugadores asumen la responsabilidad de llevar alegría y orgullo a su gente, utilizando el escenario global del fútbol como plataforma para demostrar la fortaleza y el espíritu de Irán.

La compleja situación política y bélica añade una dimensión única a la participación iraní, convirtiendo cada partido en una batalla no solo por la gloria deportiva, sino también por la representación de una nación bajo presión. El mundo observará no solo su desempeño en la cancha, sino también cómo manejan la carga emocional y la responsabilidad que conlleva jugar en estas circunstancias.