El gobierno federal mexicano está destinando más de 9 pesos por cada litro de diésel vendido para mantener su precio artificialmente controlado en 27 pesos, una medida que busca contener la inflación y proteger el bolsillo de los consumidores ante la escalada de precios internacionales.
La estrategia, que comenzó en abril como un "pacto voluntario" con el sector gasolinero, ha llevado a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y a Petróleos Mexicanos (Pemex) a absorber una parte significativa del costo. Para la semana del 19 al 25 de septiembre, la SHCP publicó en el Diario Oficial de la Federación (DOF) la exención total del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) al diésel, lo que representa un subsidio de 7.36 pesos por litro. Sin embargo, ante el alza sostenida del precio internacional, se tuvo que implementar un estímulo complementario de 1.83 pesos, sumando un total de 9.19 pesos subsidiados por litro.
El Precio Real del Diésel: Una Bomba de Tiempo
Si el gobierno decidiera eliminar ambos subsidios y cobrar la totalidad del IEPS, el precio promedio del diésel a nivel nacional, que actualmente se ubica en 27 pesos por litro, se dispararía a aproximadamente 36.19 pesos. Este escenario, basado en un análisis de Expansión, pone de manifiesto la magnitud del esfuerzo fiscal para mantener el precio controlado.
La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) ha sido la encargada de monitorear y señalar a las estaciones de servicio que exceden los precios pactados, tanto para la gasolina regular (tope de 24 pesos) como para el diésel. Incluso se han implementado medidas como la colocación de lonas informativas en gasolineras con precios elevados, una estrategia que ha generado debate en el sector, pues algunas estaciones argumentan que los costos logísticos les impiden operar dentro de los márgenes establecidos sin incurrir en pérdidas.
Factores Globales y Nacionales Detrás del Alza
La producción nacional de diésel en México, que oscila entre el 60% y 70% del consumo total, no es suficiente para cubrir la demanda, lo que obliga a importar combustible, principalmente de Estados Unidos. Este diésel importado se paga al precio de mercado internacional, sin subsidios. La fórmula para fijar los precios nacionales toma como referencia el mercado de la costa del Golfo de Estados Unidos, cuyos costos han experimentado un incremento considerable.
Actualmente, el precio del diésel en Estados Unidos ronda los 29.63 pesos por litro, superando ya el precio tope en México. A esta cifra, se deben sumar los costos de logística y la cadena de valor dentro del mercado mexicano, así como los impuestos correspondientes. Estimaciones de Ramsés Pech, socio de Grupo Caravia, sugieren que en un escenario optimista, el diésel en Estados Unidos podría alcanzar los 33.63 pesos por litro.
Tensiones Geopolíticas y Temporada Invernal: La Tormenta Perfecta
Pech explicó que varios factores globales están impulsando el encarecimiento del diésel. Las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, Irán y la guerra en Ucrania han reducido las exportaciones y afectado la capacidad de refinación, mermando la oferta global. Adicionalmente, las refinerías operan al límite, con márgenes de ganancia (crack spreads) elevados, lo que encarece el diésel incluso si el precio del crudo no sube proporcionalmente. Estos factores han resultado en inventarios globales muy bajos, especialmente en Europa y Estados Unidos, ejerciendo una presión alcista sobre los precios.
La proximidad de la temporada invernal, que incrementa el consumo de diésel para calefacción y otras necesidades, también contribuye a la escasez y al aumento de precios. La combinación de una oferta reducida y una demanda creciente crea un escenario de alta volatilidad en el mercado de este combustible esencial.
La Crucial Dependencia del Diésel en México
El diésel es un componente vital para la economía mexicana, siendo el combustible principal para el transporte de carga, la maquinaria agrícola y diversos procesos industriales. Un incremento descontrolado en su precio tendría repercusiones directas en toda la cadena productiva, desde el campo hasta la distribución de bienes de consumo, exacerbando la presión inflacionaria.
La política de subsidios, si bien alivia temporalmente al consumidor, representa una carga fiscal considerable para el gobierno. La sostenibilidad de esta medida a largo plazo es incierta, especialmente si los precios internacionales continúan su tendencia alcista. Analistas advierten que la dependencia de subsidios para mantener precios artificiales puede distorsionar el mercado y retrasar ajustes necesarios, creando vulnerabilidades futuras.
El gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta el desafío de equilibrar la necesidad de mantener la estabilidad de precios con la realidad de los mercados globales. La estrategia actual, aunque efectiva en el corto plazo, plantea interrogantes sobre su viabilidad y el impacto fiscal a mediano y largo plazo. La dependencia de las importaciones y la volatilidad de los precios internacionales son factores que exigen una revisión constante de la política energética del país.
En este contexto, la producción nacional de diésel y la eficiencia de las refinerías se vuelven cruciales. Inversiones en la modernización y expansión de la capacidad de refinación podrían mitigar la dependencia de las importaciones y ofrecer una mayor estabilidad en los precios. Sin embargo, estos procesos requieren tiempo y recursos significativos.
La situación actual subraya la interconexión de la economía mexicana con los mercados energéticos globales. Las decisiones tomadas en otras latitudes tienen un impacto directo en la vida cotidiana de los mexicanos, y la gestión de estos efectos se convierte en un pilar fundamental de la política económica del gobierno.