La industria del gas natural en México enfrenta un panorama sombrío, marcado por una carga fiscal que ahoga su potencial de crecimiento y la deja en clara desventaja frente a Estados Unidos. Productores locales denuncian que las regalías exigidas en el país son hasta tres veces superiores a las que pagan sus homólogos al norte de la frontera, una disparidad que merma la rentabilidad de los proyectos y desalienta la inversión necesaria para incrementar la producción nacional.

Óscar Roldán, director del Consorcio Petrolero 5M del Golfo, ha sido una voz crítica en esta materia, señalando que las empresas mexicanas se ven obligadas a competir en el mercado global de gas natural, el más grande del mundo, bajo condiciones fiscales sumamente desfavorables. Esta situación, advierte, se convierte en un obstáculo insalvable para atraer capital fresco y expandir las operaciones.

"Que a los productores de gas aquí en México nos dieran la misma regalía que en Estados Unidos, al menos los mismos impuestos, te aseguro que seguiríamos produciendo mucho más", afirmó Roldán, subrayando la urgencia de un cambio en la política fiscal para liberar el potencial energético del país.

Como ejemplo concreto de la severidad del problema, Roldán mencionó el campo Cuitláhuac, donde la regalía asciende a un 50 por ciento, y el campo Benavides, con una carga del 40 por ciento. Estos porcentajes, considerablemente elevados, erosionan drásticamente los márgenes de ganancia, haciendo que muchos proyectos sean inviables o, en el mejor de los casos, apenas rentables.

Un Llamado a la Competitividad Fiscal

El empresario enfatizó la necesidad imperante de que México adopte condiciones fiscales más competitivas si aspira a aprovechar de manera efectiva sus vastos recursos energéticos. Esta demanda se vuelve aún más crucial ante la creciente disponibilidad de gas natural barato proveniente de Estados Unidos, un factor que presiona aún más a la industria nacional.

La dependencia de las importaciones de gas, además de representar una fuga de capital, se traduce en una pérdida significativa de oportunidades en términos de generación de empleo, recaudación fiscal y actividad económica en las regiones productoras. Asimismo, limita el desarrollo de la industria petroquímica nacional, que depende de subproductos del gas mexicano como el etano, propano y butano.

La estrategia de importar gas seco estadounidense, si bien puede ofrecer soluciones a corto plazo, ha tenido el efecto pernicioso de desincentivar la producción local. Esto es particularmente preocupante dado que el gas mexicano, a diferencia del estadounidense, a menudo contiene líquidos valiosos para la industria petroquímica.

Contratos Mixtos: Una Vía de Exploración

En cuanto a los nuevos esquemas de participación privada en la industria petrolera, Roldán Flores ve potencial en los contratos mixtos como una alternativa para impulsar la producción de hidrocarburos. Sin embargo, es cauto al señalar que su aplicación no es universalmente beneficiosa y depende en gran medida de las características de cada proyecto.

Estos contratos, explicó, resultan más efectivos en campos maduros que ya cuentan con una producción establecida y generan flujos de efectivo. Los ingresos existentes pueden ser reinvertidos para financiar nuevas exploraciones y recuperar costos operativos, creando un ciclo virtuoso de inversión y producción.

"Vemos un potencial importante, en el sur, se puede ver que Pemex tenía áreas de al menos 50-70 millones de barriles, nosotros con cinco o 10 estamos más que felices, podemos empezar con proyectos pequeños, pero que, sin duda, son rentables", comentó, ilustrando la viabilidad de proyectos de menor escala bajo el esquema de contratos mixtos.

El Consorcio Petrolero 5M del Golfo, de hecho, fue uno de los adjudicatarios de contratos mixtos con Pemex, lo que demuestra el interés y la confianza de empresas privadas en este modelo, siempre y cuando las condiciones fiscales y operativas sean favorables.

La situación actual, sin embargo, exige una revisión profunda de la política fiscal energética. La alta carga de regalías no solo desincentiva la inversión y la producción nacional de gas natural, sino que también compromete la autosuficiencia energética del país y limita el desarrollo de industrias conexas. La comparación con Estados Unidos, donde las condiciones son notablemente más laxas, pone de manifiesto la necesidad de un ajuste urgente para que México pueda competir y prosperar en el mercado energético global.