LA FORTUNA OCULTA EN EL DESPERDICIO
Donde Petróleos Mexicanos (Pemex) ha visto por décadas un problema irresoluble y un foco de contaminación, la empresa mexicana Ursus Energy ha descubierto una mina de oro. El gas natural asociado, contaminado con nitrógeno y que la paraestatal se ve obligada a quemar o liberar a la atmósfera, se convertirá en la materia prima para un ambicioso proyecto de exportación de Gas Natural Licuado (GNL).
El proyecto, bautizado como Coatzacoalcos-Podebis GNL, se ubicará estratégicamente en Veracruz y promete ser la punta de lanza de la iniciativa privada mexicana en el mercado global de GNL. Con una inversión monumental de 2,100 millones de dólares, esta planta no solo representa un hito para Ursus Energy, sino también una oportunidad para capitalizar un recurso que Pemex ha subestimado y mal gestionado.
UN GIGANTE ENERGÉTICO NACIENTE
Ursus Energy, fundada en Querétaro en 2011, se ha consolidado como un actor clave en el desarrollo de negocios, regulación y comercialización de energéticos. Su incursión en el mercado de GNL marca un ambicioso giro estratégico, aprovechando su experiencia previa en el trading de petrolíferos para incursionar en un mercado de mayor escala y complejidad.
La magnitud del proyecto es impresionante: se proyecta una capacidad de procesamiento y exportación de hasta 2.1 millones de toneladas anuales de GNL. Este volumen, equivalente a miles de millones de litros o metros cúbicos, tiene el potencial energético de abastecer a millones de hogares durante un año, demostrando la escala del desperdicio actual de Pemex.
SOCIOS DE CLASE MUNDIAL
Para materializar esta visión, Ursus Energy ha reunido a socios de primer nivel. La construcción integral del proyecto estará a cargo de Samsung E&A, un gigante surcoreano con probada experiencia en megaproyectos energéticos. La tecnología de vanguardia para el tratamiento y licuefacción del gas provendrá de Honeywell, líder mundial en soluciones tecnológicas para la industria.
La meta es ambiciosa: alcanzar la operación comercial hacia 2029. Erick Sánchez Salas, director general de Ursus Energy, detalló a Expansión que la estrategia se basa en una tecnología modular y una estructura financiera sólida, respaldada por el fondo neoyorquino Oppenheimer, para asegurar el capital necesario de 2,100 millones de dólares.
LA SEGUNDA VIDA DEL GAS CONTAMINADO
El corazón del negocio reside en el gas natural asociado de campos petroleros maduros, especialmente en las regiones marinas y terrestres del sur-sureste mexicano. Durante años, Pemex ha recurrido a la inyección de nitrógeno para mantener la producción de crudo, un proceso que, si bien sostuvo la extracción, contaminó el gas natural presente.
Este gas, cargado de nitrógeno, se vuelve inviable para usos convencionales como la generación eléctrica o procesos industriales sin un tratamiento especializado y costoso. Ante esta disyuntiva, la solución recurrente para Pemex ha sido la quema o el venteo, prácticas que no solo implican pérdidas económicas millonarias, sino que también generan un impacto ambiental negativo considerable.
UNA OPORTUNIDAD DE ORO PARA LA INICIATIVA PRIVADA
Para Ursus Energy, este gas, que Pemex considera un subproducto inútil, representa una oportunidad de negocio sin precedentes. La estrategia es clara: capturar estos volúmenes, someterlos a un riguroso proceso de descontaminación y transformarlos en GNL listo para la exportación.
"El proyecto toma volúmenes de producción de gas natural que caen dentro del segmento que Pemex llama históricamente gas natural no aprovechado, es decir, el gas natural que viene sobre todo de las regiones marinas en el sur-sureste de México y las regiones terrestres y que básicamente se quema o se ventea", explicó Sánchez Salas.
RETOS TÉCNICOS Y AMBIENTALES SUPERADOS
Uno de los principales desafíos técnicos es la eliminación del nitrógeno. La tecnología de Honeywell jugará un papel crucial en este pretratamiento, asegurando que el gas cumpla con los estándares internacionales de calidad para su comercialización global.
"Siempre se ha mencionado que ese gas no es apto para la generación eléctrica porque viene contaminado con nitrógeno, y por ello es que la planta se desarrolla en asociación con Honeywell, que son los mayores desarrolladores de tecnología de plantas de GNL en el mundo y existe un proceso dentro del propio proyecto de pretratamiento del gas para prepararlo y hacerlo óptimo para el proceso de licuefacción y la comercialización internacional", añadió el directivo.
INFRAESTRUCTURA Y VISIÓN DE FUTURO
La iniciativa también requerirá inversiones significativas en infraestructura de transporte para asegurar el suministro de materia prima a la planta. El proyecto se alinea con la estrategia federal de modernización de gasoductos, contemplando la construcción del gasoducto Coatzacoalcos II, impulsado por el Centro Nacional de Control del Gas Natural (Cenagas).
Este proyecto no solo representa un triunfo para la iniciativa privada y el sector empresarial mexicano, sino que también pone de manifiesto las ineficiencias y el desperdicio inherente a la gestión de Pemex. Mientras la paraestatal sigue quemando recursos valiosos, empresas como Ursus Energy demuestran que con visión, inversión y tecnología, es posible transformar problemas en oportunidades millonarias, beneficiando al país y fortaleciendo su posición en el mercado energético internacional.
UN GOLPE A LA INEFICIENCIA OFICIAL
Este lucrativo negocio, que capitaliza el desperdicio de Pemex, subraya la ineficiencia y la falta de visión de la actual administración en el sector energético. Mientras el gobierno presume soberanía energética, empresas privadas como Ursus Energy demuestran cómo se puede generar valor a partir de los recursos que la paraestatal, bajo su control, no sabe aprovechar.
La inversión de 2,100 millones de dólares y la creación de una planta de GNL para exportar gas que antes se quemaba, es un claro ejemplo de cómo la burocracia y la falta de agilidad en Pemex han frenado el potencial económico del país. La iniciativa privada, con socios internacionales y tecnología de punta, demuestra una vez más su capacidad para innovar y generar riqueza, contrastando con la parálisis y el desperdicio que caracterizan a las empresas del Estado.