El Parlamento de Francia ha dado un paso decisivo al aprobar el derecho a la muerte asistida, también conocida como eutanasia, para pacientes que padecen enfermedades incurables. Esta controvertida reforma, impulsada por el presidente Emmanuel Macron, culmina un largo proceso legislativo y ahora espera la revisión del Consejo Constitucional, el máximo órgano judicial del país.

La votación en la cámara baja resultó en 291 votos a favor y 241 en contra, marcando un hito en la legislación francesa. Sin embargo, la tramitación no ha concluido. El primer ministro Sébastien Lecornu ha solicitado formalmente al Consejo Constitucional que examine la ley, cuyas decisiones son vinculantes y podrían invalidar la legislación o señalar partes que requieran modificaciones.

Si el Consejo Constitucional otorga su aprobación, Francia se sumaría a un selecto grupo de naciones que legalizan la muerte asistida, como Bélgica, Países Bajos, Suiza, Canadá y Uruguay. El presidente Macron celebró el resultado, calificando el debate como "constructivo y respetuoso" y reafirmando su compromiso de "abrir este camino junto a los franceses con seriedad, humildad y respetando plenamente nuestra democracia".

La votación en la Asamblea Nacional reflejó una división clara: la izquierda y el partido oficialista Renaissance de Macron apoyaron la medida, mientras que la derecha y la extrema derecha votaron en contra. A pesar de las líneas partidistas, se concedió libertad de voto a los legisladores, dada la sensibilidad del tema para la sociedad francesa.

La ley establece que el derecho a la muerte asistida estará reservado para adultos con enfermedades incurables que puedan expresar su necesidad de manera "libre e informada" y que sufran dolores físicos insoportables o resistentes a tratamientos. El proceso requerirá la verificación de un médico, la evaluación de un comité y, finalmente, la decisión médica, con la posibilidad de que el paciente retire su consentimiento en cualquier momento.

Un aspecto crucial de la ley es que el propio paciente deberá autoadministrarse la sustancia letal, a menos que razones físicas le impidan hacerlo. La diputada macronista Brigitte Liso describió la ley como un momento histórico, mientras que el diputado de extrema derecha Christophe Bentz instó a votar en contra, abogando por "la esperanza" y "que la vida perdure".

La Iglesia Católica ha reaccionado con firmeza, calificando la aprobación como "una ruptura grave en la historia" de Francia. En un comunicado conjunto, representantes eclesiásticos, incluido el presidente de la Conferencia Episcopal, Jean-Marc Aveline, expresaron preocupación por los efectos a largo plazo en la relación de la sociedad con la vulnerabilidad, la vejez, la discapacidad y la enfermedad.

El camino hacia esta votación final ha sido arduo. La ley fue aprobada por la Asamblea Nacional pero rechazada en tres ocasiones por la cámara alta, el Senado. Ante el estancamiento, el Gobierno optó por dar la última palabra a la cámara baja, una prerrogativa constitucional.

Figuras prominentes de Los Republicanos, el partido conservador mayoritario en el Senado, se opusieron firmemente a la legislación. Grupos religiosos y organizaciones que tradicionalmente se oponen al aborto y la eutanasia también se manifestaron en las inmediaciones de la Asamblea Nacional.

Incluso algunos colectivos científicos y de personas con discapacidad han expresado su oposición, temiendo que la ley pueda generar presiones para que las personas vulnerables opten por la eutanasia. La promesa de una ley de muerte asistida fue un compromiso de campaña de Emmanuel Macron durante su reelección en 2022, y se considera una de las reformas sociales más significativas desde la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo en 2013.

El debate sobre la eutanasia en Francia ha puesto de manifiesto profundas divisiones éticas, morales y sociales. La decisión del Parlamento, aunque un avance para sus defensores, abre un nuevo capítulo de discusión y escrutinio en el país, con la mirada puesta en la resolución del Consejo Constitucional y las implicaciones futuras para la sociedad francesa y su concepción de la vida y la muerte.

La aprobación de esta ley en Francia se produce en un contexto global donde el debate sobre el final de la vida y la autonomía del paciente cobra cada vez más relevancia. Diversos países han abordado esta cuestión con enfoques distintos, generando un mosaico de legislaciones y debates éticos que continúan evolucionando.