PEMEX, EL TALÓN DE AQUÍLES DE LA ECONOMÍA MEXICANA
La calificadora internacional Fitch Ratings ha encendido las alarmas sobre la salud financiera de México, señalando que, si bien el país aún conserva las características de una economía con grado de inversión, existen riesgos significativos que podrían erosionar esta posición. El principal foco de preocupación, según la agencia, reside en la petrolera estatal Petróleos Mexicanos (Pemex), cuya precaria situación financiera representa una carga constante para las finanzas públicas y, por ende, para la calificación soberana.
Shelly Shetty, directora global de Riesgo Soberano para América de Fitch, detalló que la agencia asume que Pemex continuará requiriendo un respaldo financiero sustancial por parte del gobierno federal. Este apoyo se materializa a través de diversas vías, que van desde aportaciones directas del presupuesto hasta esquemas diseñados para cubrir la deuda y las obligaciones pendientes de la empresa. Este respaldo, crucial para la supervivencia de Pemex, ya está contemplado en el análisis de la deuda soberana de México.
De hecho, Shetty reveló que Fitch aplica una reducción de un escalón completo en su modelo de calificación para reflejar el costo potencial que Pemex representa para las finanzas públicas. "Tomamos un notch (escalón) completo para reflejar no sólo el apoyo actual, sino también el apoyo futuro que esperamos que el gobierno continúe otorgando a Pemex", explicó la ejecutiva. Si bien reconoció que el esquema de apoyo actual es más transparente que los rescates extraordinarios del pasado, al contar con partidas presupuestarias específicas, Fitch considera que aún no se ha producido una transformación estructural que disminuya de manera significativa la dependencia de la petrolera de los recursos públicos.
CRECIMIENTO LENTO, LA OTRA GRAN PREOCUPACIÓN
Más allá de Pemex, Fitch identifica el bajo crecimiento económico como el segundo gran desafío para México. La agencia prevé que el país apenas alcanzará un crecimiento del 1% este año, una cifra que se suma a un modesto avance cercano al 0.5% registrado el año anterior. Este desempeño, advierte Shetty, coloca a México por debajo del promedio de crecimiento de América Latina, de las economías emergentes e incluso de Brasil.
"Sin importar cómo se compare, México está creciendo por debajo de sus pares", sentenció Shetty, quien alertó sobre el riesgo de que el país quede atrapado en una fase de crecimiento estructuralmente bajo. La recuperación económica post-pandemia ha sido particularmente débil en la región, y en el caso mexicano, la inversión se perfila como el principal cuello de botella. La inversión pública ha perdido dinamismo tras la conclusión de grandes proyectos de infraestructura de la administración anterior, y la inversión privada aún no logra suplir ese vacío.
A esta situación se suma la incertidumbre generada por la política comercial de Estados Unidos, la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), y factores internos como la reforma judicial, elementos que, según Fitch, continúan minando la confianza empresarial.
NEARSHORING IMPULSA EXPORTACIONES, PERO NO LA INVERSIÓN
El fenómeno del nearshoring, la relocalización de cadenas de suministro a países cercanos, ha fortalecido la posición exportadora de México, pero este dinamismo aún no se traduce en un aumento significativo de la inversión extranjera directa (IED). Fitch destaca que México mantiene una ventaja competitiva frente a otros países, con una tasa arancelaria efectiva cercana al 3.5%, considerablemente inferior a la de China. El país ha logrado aumentar su participación en las importaciones estadounidenses, mientras que la presencia china ha disminuido.
Sin embargo, la IED se ha mantenido prácticamente en los mismos niveles observados antes del auge del nearshoring, promediando alrededor del 2.5% del Producto Interno Bruto (PIB), una proporción incluso inferior al 2.9% registrado entre 2015 y 2019. La analista de Fitch subrayó que la revisión anual del T-MEC introduce un elemento adicional de incertidumbre para las empresas que contemplan inversiones manufactureras a largo plazo. "Las fábricas se construyen pensando en horizontes de 20 o 30 años y los acuerdos comerciales existen precisamente para dar certidumbre sobre las reglas del juego", argumentó.
El atractivo de México para la inversión, según Fitch, dependerá no solo del desenlace de la política comercial estadounidense, sino también de avances internos en áreas clave como infraestructura, energía, agua, Estado de derecho y seguridad jurídica.
CONSOLIDACIÓN FISCAL: LA PRUEBA DE FUEGO
Fitch reconoció los esfuerzos del gobierno mexicano para reducir el déficit fiscal tras el deterioro observado en 2024. No obstante, la agencia anticipa que la siguiente etapa de consolidación fiscal será más compleja. Las presiones provienen de la disminución de los ingresos petroleros, una desaceleración en la recaudación tributaria vinculada al menor crecimiento económico y un gasto social en constante aumento.
Adicionalmente, la capacidad de incrementar los ingresos fiscales mediante mejoras administrativas se está agotando, lo que plantea un escenario desafiante para mantener la disciplina fiscal. La agencia enfatiza que la evolución de la deuda pública y la solidez de las cuentas públicas serán determinantes para que México conserve su calificación crediticia actual y evite una degradación que podría encarecer su financiamiento y afectar la confianza de los inversionistas.
En resumen, mientras México exhibe fortalezas macroeconómicas como un tipo de cambio flexible y un banco central creíble, los riesgos asociados a Pemex y al bajo crecimiento económico, sumados a la incertidumbre comercial y la necesidad de una consolidación fiscal robusta, ponen en entredicho la sostenibilidad de su grado de inversión a largo plazo. La agencia mantiene una perspectiva estable, pero advierte que cualquier deterioro en estos frentes podría llevar a una revisión a la baja de la calificación soberana.