La cuenta regresiva para el Mundial 2026 ha comenzado, y con ella, la imposición de las estrictas normativas de la FIFA. El Estadio Banorte, uno de los escenarios que albergará la máxima justa futbolística, ya está siendo sometido a pruebas piloto de la denominada 'última milla', un operativo diseñado para controlar el acceso y la movilidad de los miles de aficionados que se esperan.
Este concepto, promovido por el máximo organismo del fútbol mundial, se traduce en un perímetro de seguridad de aproximadamente 1.6 kilómetros alrededor del recinto deportivo. Dentro de esta zona, el acceso vehicular se restringe drásticamente, con cierres totales o parciales de las vialidades aledañas, y se despliega un imponente dispositivo de seguridad para garantizar el orden y la fluidez.
La práctica de esta 'última milla' no es nueva. Se ha venido implementando en eventos previos, como el partido de leyendas entre México y Brasil, y anteriormente en el encuentro de la Selección Nacional contra Portugal. La intención es afinar todos los detalles logísticos antes del arranque oficial del torneo, que dará inicio el 11 de junio con el partido inaugural entre México y Sudáfrica.
Para los asistentes que no residen en las inmediaciones del Estadio Banorte, la logística para llegar se convierte en una verdadera aventura. La FIFA, en colaboración con las autoridades locales, ha diseñado un plan que prioriza el transporte público y los servicios de 'Park & Ride'. La opción de llegar en vehículo particular hasta las cercanías del estadio es prácticamente inviable, obligando a los aficionados a dejar sus coches en estacionamientos remotos y continuar su trayecto en autobuses o trolebuses.
Los puntos de partida para estos servicios de transporte son variados y estratégicos. Desde el Auditorio Nacional, Plaza Carso, Six Flags, Centro Comercial Santa Fe y el Parque Ecológico Xochimilco, parten autobuses RTP que llevan a los aficionados hasta los límites de la 'última milla'. Por su parte, los trolebuses ofrecen rutas desde lugares como Bellas Artes, Estadio Olímpico Universitario, Palacio de los Deportes, Ángel de la Independencia, Tasqueña, Perisur y Metro Universidad, también con destino a las zonas de acceso controlado.
Incluso para quienes optan por servicios de transporte privado como taxis, Uber o Didi, la experiencia no será directa. Estos vehículos solo podrán dejar a los pasajeros en puntos habilitados en zonas aledañas al estadio, lo que significa que la caminata será inevitable. La FIFA busca desincentivar el uso de vehículos particulares para reducir la congestión y optimizar la seguridad.
La opción más cercana para algunos, el Tren Ligero, también presenta sus limitaciones. Si bien se mantiene en operación, se prevé el cierre de la estación Estadio Azteca durante las horas de mayor afluencia. Esto implica que, incluso utilizando este medio, los aficionados deberán recorrer una distancia considerable a pie para llegar al recinto.
Una vez dentro del perímetro de la 'última milla', la única opción es caminar. La FIFA recomienda calzado cómodo, ya que el trayecto puede ser extenso. La organización busca que los aficionados se preparen para un recorrido significativo antes de siquiera poder acceder a las inmediaciones del estadio.
El acceso al estadio no es un trámite rápido. Los aficionados deberán pasar por rigurosos controles de seguridad. Además de los objetos obvios como armas, drogas o explosivos, la FIFA prohíbe artículos menos intuitivos como máscaras, sombreros o cinturones, buscando estandarizar la experiencia y minimizar riesgos. Se aconseja portar pertenencias en bolsas pequeñas o cangureras para agilizar la revisión.
La digitalización de los boletos es otra de las directrices. Tener los boletos previamente abiertos o descargados en los dispositivos móviles es crucial para agilizar el proceso de entrada y evitar cuellos de botella en los accesos. La eficiencia en este punto es clave para la experiencia general del aficionado.
Tras superar los controles, la travesía continúa dentro del estadio. Con una capacidad de 87 mil espectadores tras su remodelación, encontrar el asiento asignado puede implicar otra caminata, posiblemente a través de las rampas del recinto, que, según la experiencia previa, pueden ser tan exigentes como siempre.
La FIFA, con estas medidas, busca replicar un modelo de organización que ha implementado en otros torneos internacionales, priorizando la seguridad y el control sobre la comodidad inmediata del aficionado. La 'última milla' se convierte así en un símbolo de la rigurosidad y la planificación exhaustiva que caracterizan a los eventos organizados por el organismo rector del fútbol mundial.
Si bien estas medidas pueden generar incomodidad y requerir una planificación considerable por parte de los asistentes, la FIFA las defiende como necesarias para garantizar un ambiente seguro y ordenado durante la Copa Mundial. La experiencia del aficionado, aunque implique un esfuerzo físico adicional, se enmarca dentro de un operativo de gran escala diseñado para el éxito del torneo.
El Mundial 2026 promete ser un evento espectacular, y la FIFA está haciendo todo lo posible para que la logística, desde el primer hasta el último kilómetro, sea impecable. La 'última milla' es solo una muestra de la meticulosidad con la que se están preparando para recibir a las selecciones y aficionados de todo el mundo.