Gonzalo Alonso, CEO de Ditto y con un pasado en gigantes tecnológicos como Google, Mercado Libre y Microsoft, ha lanzado una severa advertencia sobre la estrategia de México en materia de identidad digital. Según Alonso, la creciente tendencia a centralizar y acumular datos personales, impulsada por iniciativas como la CURP biométrica y el registro obligatorio de líneas telefónicas, no necesariamente conduce a una identificación más precisa, sino que, por el contrario, eleva exponencialmente los riesgos de seguridad y privacidad para los ciudadanos.

La premisa que ha guiado la construcción de sistemas de identidad durante las últimas dos décadas, basada en la recolección exhaustiva de información para aumentar la certeza sobre un individuo, está siendo cuestionada por Alonso. "No necesariamente más data te lleva a una identificación mejor", sentenció el ejecutivo, poniendo en tela de juicio la efectividad y seguridad de este modelo predominante.

El Peligro de la Centralización de Datos

La acumulación de información, si bien busca fortalecer la certeza sobre la identidad de las personas, introduce puntos de vulnerabilidad que pueden ser explotados. Cada nuevo dato almacenado se convierte en un potencial objetivo para ciberataques. Esta advertencia cobra especial relevancia en el contexto mexicano, donde se están implementando mecanismos para vincular la identidad de los ciudadanos con sus actividades digitales.

Desde enero de 2026, el registro de líneas telefónicas móviles es obligatorio, buscando combatir delitos como el fraude y la extorsión al eliminar el anonimato. La Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) ha informado que hasta junio de 2026, más de 63 millones de líneas ya estaban vinculadas a sus titulares. Este proceso, que incluye validación de identidad y prueba de vida, asocia el número telefónico con el nombre y la CURP del usuario, aunque no almacena datos biométricos como huellas dactilares o iris.

Sin embargo, para Alonso, la discusión fundamental debe centrarse en la arquitectura de seguridad que rodea a estos datos y quién tendrá acceso a ellos. "¿Quién va a fiscalizar esa base de datos y cómo va a ser fiscalizada y qué oportunidades de auditar?", cuestionó el directivo, subrayando la importancia de los mecanismos de supervisión y auditoría, tanto o más que la tecnología subyacente.

Más Allá de los Datos Personales: La Identidad Digital

Alonso distingue claramente entre la identidad digital y la simple posesión de datos personales. La identidad digital, explica, es el conjunto de elementos que permiten a una persona demostrar quién dice ser. El modelo tradicional, donde las organizaciones solicitan, almacenan y reutilizan información personal para autenticar a los usuarios, resulta en una vasta cantidad de datos distribuidos entre entidades públicas y privadas.

Estudios como el de Fortinet señalan un incremento alarmante en los delitos de identidad, con un aumento de 21 puntos porcentuales entre julio de 2023 y junio de 2024. El costo promedio mundial de una filtración de información alcanzó los 4.88 millones de dólares en 2024, evidenciando la magnitud del problema.

El riesgo no se limita a la obtención de bases de datos completas. Alonso advierte sobre la posibilidad de reconstruir identidades a partir de fragmentos de información obtenidos de diversas fuentes. "Y aunque no hackees toda la data, vas recuperando pedazos de data de información personal del ciudadano", señaló. Este fenómeno es una consecuencia directa del modelo centralizado, donde la información termina dispersa y cada institución posee piezas que pueden volverse obsoletas o quedar expuestas.

Como ejemplo personal, Alonso menciona que, a pesar de vivir en España, algunas de sus cuentas bancarias en México aún conservan información desactualizada que lo vincula a su país de origen, demostrando cómo datos que alguna vez fueron útiles pueden convertirse en señales estáticas y poco representativas de la realidad actual.

Hacia un Modelo de Verificación Criptográfica

Ante este panorama, Alonso propone un cambio de paradigma: pasar de un modelo basado en compartir información a uno centrado en comprobar atributos mediante pruebas criptográficas. En lugar de que una persona entregue todos sus datos para demostrar quién es, las organizaciones podrían recibir una prueba criptográfica de que el usuario cumple con una condición específica.

Por ejemplo, para verificar la mayoría de edad, en lugar de solicitar una identificación completa con nombre, fecha de nacimiento y domicilio, un usuario podría presentar una prueba criptográfica que valide únicamente que es mayor de edad, sin revelar datos sensibles como su fecha exacta de nacimiento. Este mismo principio podría aplicarse a la validación de identidades por autoridades, autorizaciones para operaciones o cumplimiento de requisitos, sin necesidad de compartir información personal en cada interacción.

La ventaja de este modelo es doble: las organizaciones obtienen la certeza necesaria para prestar sus servicios, mientras que los usuarios mantienen un mayor control sobre su información personal. "Nos tenemos que pasar a pruebas biométricas en lugar de datos personales", afirmó Alonso, abogando por un sistema que priorice la verificación segura y la protección de la privacidad.

El Control de la Identidad: El Próximo Gran Reto

El siguiente componente crucial en esta evolución son las credenciales reutilizables. La idea es que una persona obtenga una credencial validada que pueda ser utilizada en múltiples interacciones y servicios, simplificando el proceso de autenticación y reduciendo la necesidad de compartir datos repetidamente. Sin embargo, la implementación exitosa de estas tecnologías depende fundamentalmente de resolver quién tendrá el control sobre la identidad digital y cómo se gestionarán estas credenciales de manera segura y equitativa.

La arquitectura de seguridad, la fiscalización de las bases de datos y la transparencia en el acceso a la información son aspectos críticos que México debe abordar para construir un sistema de identidad digital robusto y confiable. La advertencia de Alonso resuena como un llamado urgente a reconsiderar las estrategias actuales y a priorizar la seguridad y la privacidad del ciudadano en la era digital.