La seguridad aérea de México se encuentra nuevamente bajo el escrutinio de la Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos. La capacidad de la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) para supervisar la seguridad de las aeronaves que operan en el país está siendo evaluada, y la crucial Categoría 1, que permite a las aerolíneas mexicanas operar sin restricciones en territorio estadounidense, “pende de un hilo”.
Fuentes consultadas por El Financiero revelan que la AFAC ha respondido un extenso cuestionario de más de 300 preguntas, cuya finalidad es determinar si México conservará su estatus o será degradado, como ha ocurrido en ocasiones anteriores. La FAA evalúa diversos rubros bajo su Programa Internacional de Evaluación de la Seguridad Aérea (IASA), que incluyen la legislación aeronáutica, reglamentos operativos, el sistema estatal de aviación civil, funciones de supervisión, cualificación y formación del personal técnico, así como la resolución de problemas de seguridad.
Cumplimiento de Promesas Bajo la Lupa
Uno de los factores determinantes en la decisión de la FAA es el cumplimiento de las promesas que México hizo al gobierno estadounidense tras recuperar la Categoría 1 en 2023. Entre estas promesas, destacaba el compromiso de aumentar el presupuesto de la AFAC para fortalecer sus capacidades de vigilancia y supervisión.
Sin embargo, la realidad presupuestaria ha sido distinta. Desde la recuperación del estatus, el Gobierno de México ha reducido significativamente el presupuesto asignado a la autoridad aeronáutica. Según un análisis de El Financiero, el presupuesto ejercido por la AFAC en 2023 fue de 902 millones de pesos, mientras que para 2026, el presupuesto aprobado se redujo en 244 millones de pesos, lo que representa una disminución del 37%.
La propia AFAC estima que sus necesidades presupuestarias ascienden a al menos 2 mil millones de pesos para operar adecuadamente. Esta cifra ha sido respaldada por organizaciones como el Colegio de Pilotos Aviadores de México (CPAM) y la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores (ASPA).
El Riesgo de la Degradación
La pérdida de la Categoría 1, como ha sucedido en 2010 y 2021, acarrearía severas sanciones para las aerolíneas mexicanas. Los estados degradados no pueden operar nuevas rutas ni ampliar frecuencias hacia Estados Unidos. Además, se les prohíbe utilizar aeronaves nuevas para servicios ya autorizados, lo que otorga una ventaja competitiva a las aerolíneas estadounidenses, que sí pueden expandir su presencia en el mercado.
Jesús Ortiz, secretario general de ASPA, expresó su preocupación ante la situación, señalando que el presupuesto insuficiente para la AFAC es un “gran tema” que los legisladores deben atender. “Si no le quieren dar autonomía presupuestal, que le destinen más recursos para poder evitar una degradación”, enfatizó.
Además del presupuesto, otro pendiente crucial es la cantidad de personal técnico aeronáutico capacitado para llevar a cabo los programas de supervisión necesarios. La falta de personal y recursos adecuados compromete la seguridad y la vigilancia, rubros esenciales para mantener la Categoría 1.
Contexto Histórico y Implicaciones
La relación entre México y Estados Unidos en materia de seguridad aérea ha sido históricamente compleja. La recuperación de la Categoría 1 en 2023 fue un logro significativo tras un periodo de degradación que afectó la conectividad y la competitividad de las aerolíneas mexicanas. La FAA, como organismo regulador de uno de los mercados aéreos más grandes del mundo, ejerce una influencia considerable en los estándares de seguridad a nivel global.
La evaluación actual no solo pone a prueba la capacidad técnica y operativa de la AFAC, sino también la voluntad política del gobierno mexicano para priorizar la seguridad aérea y cumplir con los compromisos internacionales. La falta de inversión sostenida y la reducción presupuestaria plantean serias dudas sobre la viabilidad a largo plazo de mantener los estándares requeridos por la FAA.
Analistas del sector aéreo señalan que una nueva degradación tendría repercusiones económicas significativas, no solo para las aerolíneas, sino también para el turismo y el comercio entre ambos países. La incertidumbre generada por esta evaluación podría frenar inversiones y planes de expansión de las compañías aéreas mexicanas, beneficiando directamente a sus competidores estadounidenses.
La AFAC, por su parte, enfrenta el desafío de demostrar su capacidad de supervisión y cumplimiento normativo en un contexto de recursos limitados. La respuesta al cuestionario de la FAA es solo una parte del proceso; la implementación efectiva de las medidas correctivas y la asignación presupuestaria adecuada serán cruciales para revertir la tendencia y asegurar la permanencia de México en la Categoría 1.
La comunidad aeronáutica mexicana observa con atención los próximos pasos, esperando que las autoridades tomen las medidas necesarias para salvaguardar la seguridad aérea y evitar las consecuencias negativas de una posible degradación. La transparencia en el proceso y la comunicación efectiva entre la AFAC, la FAA y los actores del sector serán fundamentales para navegar esta delicada situación.