RESERVAS EN MÍNIMOS HISTÓRICOS

Las reservas de petróleo de Estados Unidos han experimentado una notable disminución, encendiendo las alarmas en el sector energético. En la última semana, los inventarios comerciales se contrajeron en 7.2 millones de barriles, mientras que la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR) vio una reducción de 3.8 millones de barriles adicionales. En total, el mercado estadounidense ha mermado cerca de 11 millones de barriles almacenados en tan solo siete días, un periodo marcado por la creciente tensión en Oriente Medio, que amenaza la infraestructura y el transporte energético en una de las regiones productoras más cruciales del mundo.

Esta caída ha sorprendido al mercado, ya que los analistas consultados por Bloomberg esperaban un ligero aumento de un millón de barriles en los inventarios comerciales. El informe de la Agencia de Información Energética de Estados Unidos (EIA) detalla que la reducción se debió a una disminución del 2.12% en las importaciones y un aumento del 3.40% en las exportaciones. Adicionalmente, una modificación estadística de la EIA redujo en 468,000 barriles diarios el volumen de petróleo contabilizado como entrada al mercado estadounidense. Esta tendencia profundiza la vulnerabilidad de los inventarios del país, que, según gráficos de Franklin Templeton, se encuentran cerca de sus niveles más bajos desde la década de 1980, tras haber alcanzado picos entre 2015 y 2020.

LA RESERVA ESTRATÉGICA, UN COLCHÓN AGOTADO

El gobierno estadounidense ha recurrido a su reserva estratégica para mitigar las disrupciones en el suministro causadas por el conflicto en Oriente Medio. Hasta la fecha, se han liberado aproximadamente 107 millones de barriles de los 172 millones comprometidos por Washington, lo que representa el 62% del volumen anunciado. Quedan alrededor de 65 millones de barriles por liberar. La SPR funciona como un amortiguador esencial para responder a interrupciones extraordinarias del suministro. Sin embargo, cada extracción reduce el margen disponible para afrontar eventualidades mayores, como el posible cierre del Estrecho de Ormuz o ataques directos a instalaciones petroleras.

El riesgo se intensificó tras el reciente ataque de Irán a una base militar estadounidense en Jordania. Aunque el Comando Central de Estados Unidos reportó la interceptación de los proyectiles, la respuesta de Washington y Arabia Saudita con ataques contra grupos respaldados por Teherán en Irak elevó la tensión. Las advertencias del presidente Donald Trump sobre una respuesta contundente a Irán, marcando un cambio en su tono conciliador, han disminuido las expectativas de una desescalada inmediata. Esta renovada tensión geopolítica ha provocado un repunte significativo en los precios de la energía.

IMPACTO EN PRECIOS Y LA INFLACIÓN

El petróleo West Texas Intermediate (WTI) cotizaba en 84.71 dólares por barril, registrando un avance del 6.88%, mientras que el Brent se situaba en 88.04 dólares, con un incremento del 7.26%. Estas alzas rompieron una racha de tres sesiones consecutivas de pérdidas. A pesar de la corrección, el WTI acumula un aumento de aproximadamente el 25.6% desde el inicio de la guerra, y el Brent cerca del 24.4%. El gas natural europeo también ha mostrado presiones, cotizando alrededor de 60.79 euros por megavatio hora, un aumento diario del 5.31%, y acumulando un encarecimiento superior al 90% desde el comienzo del conflicto.

El principal riesgo para la estabilidad del mercado energético global reside en el Estrecho de Ormuz, una ruta vital por donde transita una porción considerable del petróleo y gas natural licuado comercializado a nivel mundial. Una interrupción prolongada en esta vía marítima podría disparar los costos de transporte, seguros, combustibles y electricidad, incluso si la producción física no se viera afectada de inmediato. El encarecimiento energético tiene el potencial de trasladarse rápidamente a los precios de la gasolina, el transporte, los alimentos y los bienes manufacturados. Además, incrementa los costos de producción para empresas que dependen de combustibles, electricidad, plásticos, fertilizantes o servicios logísticos.

LA FED EN JAQUE Y EL MERCADO ACCIONARIO

El desafío para los bancos centrales se agrava ante una inflación que aún no ha desaparecido por completo. En Estados Unidos, el índice general de precios se ubicó en 3.5% anual en junio, superando la inflación subyacente del 2.6%, según datos de Franklin Templeton. Los escenarios analizados por la gestora sugieren que los riesgos inflacionarios están sesgados al alza, con precios particularmente sensibles a un régimen prolongado de petróleo caro. Para México, los escenarios de un mayor premio petrolero proyectan una inflación por encima de la trayectoria base.

En este contexto, la Reserva Federal de Estados Unidos decidió mantener su tasa de referencia en un rango de 3.50% a 3.75% por quinta reunión consecutiva. Sin embargo, la decisión reveló una división interna, con tres de los doce participantes votando a favor de un aumento de 25 puntos base. Esta disidencia subraya la preocupación de una parte del banco central de que el repunte de las materias primas podría requerir condiciones monetarias aún más restrictivas. Antes de la decisión, el mercado ya había reincorporado la posibilidad de un incremento de 25 puntos base en septiembre. Incluso si la Fed opta por no aumentar la tasa, el encarecimiento del petróleo limita el espacio para recortes y obliga a mantener el costo del dinero elevado por un período más prolongado.

La combinación de petróleo caro, inflación persistente y tasas de interés elevadas ejerce una presión considerable sobre los mercados accionarios. El S&P 500 registraba un descenso del 0.41%, situándose en 7,398.56 puntos, mientras que el Nasdaq 100 retrocedía un 0.36%, a 27,662.83 unidades. Estas caídas reflejan la creciente incertidumbre económica y la preocupación de los inversores ante un panorama de mayores costos y menor liquidez.