El Congreso de Estados Unidos ha enviado una clara señal de respaldo a la estrategia comercial de la administración, manifestando su deseo de extender el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Sin embargo, esta extensión no será incondicional ni se realizará bajo la presión de una fecha límite. Legisladores estadounidenses han expresado su apoyo a que Washington condicione la prórroga del acuerdo a la obtención de resultados tangibles por parte de México y Canadá, incluso si esto implica que las negociaciones se prolonguen.

En una misiva dirigida a Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, los congresistas subrayaron su postura: “Respaldamos la decisión de priorizar los resultados por encima de cualquier plazo. Esperamos que México y Canadá trabajen de manera constructiva y expedita para alcanzar ese objetivo”. Este mensaje refuerza la posición previamente fijada por Greer el 1 de julio, cuando Estados Unidos rechazó extender el tratado en su formato actual. Aunque el T-MEC permanece vigente, su renovación está en pausa mientras las tres naciones buscan resolver las diferencias planteadas por Washington.

La carta no solo consolida la estrategia de negociación, sino que también incrementa la presión sobre México y Canadá. Los congresistas dejaron claro que cualquier extensión del acuerdo dependerá de la implementación de cambios sustanciales que beneficien a los fabricantes, agricultores, ganaderos, trabajadores y proveedores de servicios y energía estadounidenses.

Las Exigencias del Congreso Estadounidense

Los legisladores han concentrado sus demandas en cuatro frentes principales, buscando asegurar que el T-MEC cumpla plenamente sus objetivos y se adapte a los desafíos actuales.

El primer punto se enfoca en garantizar el acceso a mercados. Los congresistas señalan que, a pesar de los compromisos adquiridos por México y Canadá al momento de la entrada en vigor del tratado hace seis años, este acceso aún no se ha materializado de forma significativa. Esta afirmación abre la puerta para que Estados Unidos reintroduzca en la negociación disputas relacionadas con productos agrícolas, energía, servicios, telecomunicaciones, normas técnicas, aduanas y otras barreras identificadas por sus empresas en los mercados mexicano y canadiense.

El segundo frente aborda directamente las “nuevas medidas” implementadas por México y Canadá. Desde la perspectiva del Congreso de EE.UU., estas políticas perjudican a los fabricantes, productores agropecuarios, proveedores de servicios y trabajadores estadounidenses. Aunque la carta no detalla estas políticas específicas, solicita que Greer las aborde como parte integral de la revisión del tratado.

La tercera exigencia amplía el alcance del T-MEC, trascendiendo las relaciones bilaterales entre los tres países miembros. Los legisladores piden activamente frenar las prácticas desleales de comercio e inversión provenientes de terceros países que buscan acceder al mercado norteamericano o explotar sus cadenas productivas. Si bien el documento no menciona explícitamente a China, esta petición se alinea directamente con uno de los objetivos comerciales primordiales de Washington: impedir que empresas y mercancías de economías externas utilicen a México o Canadá como plataformas para ingresar a Estados Unidos. Esto podría traducirse en la implementación de reglas de origen más estrictas, controles reforzados sobre las inversiones extranjeras y una supervisión más rigurosa del contenido de los productos fabricados en Norteamérica.

Racionalización Arancelaria y Competitividad Regional

El cuarto y último frente planteado por el Congreso de EE.UU. se centra en la “racionalización de las estructuras arancelarias” con el objetivo de potenciar la competitividad regional en el mercado global. Esta propuesta abre la posibilidad de una mayor coordinación en los aranceles que Estados Unidos, México y Canadá aplican a países con los que no mantienen tratados comerciales. La iniciativa adquiere una relevancia particular para México, que busca salvaguardar el acceso preferencial de sus exportaciones al mercado estadounidense, al tiempo que enfrenta la presión de elevar barreras arancelarias a mercancías originarias de Asia.

El Congreso reconoce los beneficios que el T-MEC ha generado, incluyendo la certidumbre para la inversión, el empleo, los salarios y las exportaciones. No obstante, considera que la actual revisión es una oportunidad crucial para corregir las fallas detectadas y adaptar el acuerdo a los desafíos emergentes que no poseían la misma magnitud cuando el tratado entró en vigor en julio de 2020.

En resumen, la carta emitida por el Congreso de Estados Unidos combina dos mensajes fundamentales. Por un lado, descarta, al menos por el momento, una ruptura con el T-MEC. Por otro lado, advierte de manera contundente que el respaldo político para extender el acuerdo dependerá directamente de las concesiones que México y Canadá estén dispuestas a realizar en las próximas negociaciones.