La inseguridad en Morelos ha cobrado una nueva y trágica víctima: Claudia Tacoronte Aguilera, una estudiante española de 21 años que se encontraba en el estado como parte de un intercambio académico en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Su asesinato, ocurrido el pasado sábado 12 de septiembre en Cuautla, ha reavivado el debate sobre la alarmante violencia contra las mujeres en la entidad, que ya suma cuatro estudiantes universitarias asesinadas en lo que va de 2026.

La Fiscalía General de Morelos ha iniciado la investigación bajo el protocolo de feminicidio, buscando esclarecer las circunstancias y el móvil detrás de este brutal crimen. La noticia ha conmocionado no solo a la comunidad universitaria, sino también a España, de donde era originaria la joven, y ha puesto de manifiesto la persistente crisis de seguridad que azota a la región.

Una Sombra de Miedo sobre la UAEM

El caso de Claudia Tacoronte no es un hecho aislado. Desde principios de año, la UAEM ha sido escenario de una serie de crímenes que han sembrado el terror entre sus alumnos y han derivado en constantes protestas para exigir medidas de seguridad efectivas. La comunidad estudiantil ha alzado la voz, demandando a las autoridades acciones contundentes para garantizar su integridad.

En febrero, la desaparición de Kimberly Joselin Ramos Beltrán, estudiante de 18 años de la Facultad de Contaduría, Administración e Informática, conmocionó a todos. Su cuerpo fue hallado el 2 de marzo, y la Fiscalía inició una investigación por feminicidio, logrando la vinculación a proceso de al menos un sospechoso. Ese mismo día, Karol Toledo Gómez, también de 18 años y alumna de la UAEM, desapareció en Mazatepec. Su cuerpo fue localizado tres días después en Coatetelco, y la investigación también se sigue bajo el rubro de feminicidio, aunque las autoridades han señalado que no hay elementos que vinculen ambos casos.

La cadena de tragedias continuó en mayo con la desaparición de Michelle Itzayana Fuentes Calderón, una estudiante de bachillerato de 15 años e hija de una académica de la UAEM. La joven salió de su domicilio en Yautepec el 24 de mayo y su cuerpo fue encontrado días después cerca de Tepoztlán, uno de los emblemáticos pueblos mágicos de Morelos.

Contraste con Cifras Nacionales

Estos crímenes ocurren en un contexto donde el gobierno federal, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, ha reportado una disminución en los homicidios dolosos a nivel nacional. En Morelos, específicamente, se ha observado una caída en el promedio diario de asesinatos, pasando de 3.5 a 2.1 entre septiembre de 2024 y julio pasado. Sin embargo, esta aparente mejora en las estadísticas generales contrasta drásticamente con la cruda realidad de la violencia feminicida en el estado.

Las cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) revelan que Morelos se mantiene entre las entidades con mayor incidencia de feminicidio. De enero a julio, se registraron 21 víctimas, lo que se traduce en una tasa de 1.97 feminicidios por cada 100,000 mujeres, la segunda más alta del país. Esta alarmante estadística subraya la urgencia de abordar la violencia de género de manera frontal y efectiva.

Alerta de Género Vigente

La persistencia de la violencia feminicida ha llevado a que la Alerta de Violencia de Género continúe activa en ocho municipios de Morelos, incluyendo Cuautla, donde fue asesinada Claudia Tacoronte; Cuernavaca, Jiutepec, Temixco, Xochitepec, Emiliano Zapata, Yautepec y Puente de Ixtla. Esta alerta, si bien es un reconocimiento de la gravedad del problema, evidencia la insuficiencia de las medidas implementadas hasta ahora para proteger a las mujeres.

La situación en Morelos, un estado conocido por sus atractivos turísticos y su cercanía con la Ciudad de México, se ha convertido en un foco rojo para la seguridad, especialmente para las mujeres y las jóvenes que buscan oportunidades de estudio y desarrollo. La recurrencia de estos feminicidios plantea serias interrogantes sobre la efectividad de las estrategias de seguridad implementadas por las autoridades locales y federales, y exige una respuesta más contundente y sensible a la problemática de género.

El asesinato de Claudia Tacoronte y los casos previos de estudiantes de la UAEM son un doloroso recordatorio de que la lucha contra la violencia de género y la inseguridad en México está lejos de terminar. La exigencia de justicia y seguridad para todas las mujeres debe resonar con mayor fuerza, obligando a las autoridades a redoblar esfuerzos y a implementar políticas públicas que realmente garanticen la protección de la vida y la integridad de las ciudadanas.