La sesión de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión se transformó en un auténtico circo político este fin de semana, evidenciando la profunda fractura y la falta de civilidad que imperan en el ámbito legislativo mexicano. En medio de la declaratoria de constitucionalidad de reformas clave, como la del Poder Judicial y la que anula elecciones por intervención extranjera, el debate escaló a niveles de vulgaridad inaceptables, dejando al descubierto la desesperación y la bajeza de algunos de nuestros representantes.
El PRI, en un acto de protesta que buscaba ser simbólico, decidió dar la espalda al pleno durante la emisión de la declaratoria de la reforma judicial. Sin embargo, esta acción, lejos de ser un gesto de dignidad, fue recibida con furia desmedida por parte de la bancada oficialista. La diputada de Morena, Beatriz Andrea Navarro Pérez, originaria de Nayarit, no se guardó nada y desató una andanada de insultos contra los legisladores opositores.
Con un lenguaje que haría sonrojar al más curtido de los parroquianos, Navarro Pérez acusó al PRI de ser "traidores a la patria" y de "dar las nalgas a los países extranjeros". La diputada, en un arrebato de agresividad verbal, no solo denigró a los miembros del tricolor, sino que también arremetió contra los panistas, a quienes calificó de "ladronzuelos" y "rancios, hipócritas y rateros", en clara alusión a la defensa que han hecho de la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, en medio de investigaciones por presunta intervención extranjera.
La justificación del PRI para su peculiar protesta, según Rubén Moreira, coordinador de la bancada, radicó en que la reforma judicial empata la elección de jueces con la revocación de mandato y la reelección. Moreira, visiblemente molesto, criticó al oficialismo por "vitorear" la declaratoria mientras, según él, "quebraron a México" y lo endeudaron. Sin embargo, su defensa no logró opacar la virulencia del ataque recibido.
Pero la sesión no terminó ahí. La segunda parte del encuentro legislativo, enfocada en la agenda política y la situación del país, vio otro enfrentamiento verbal, esta vez entre la senadora del PRI, Carolina Viggiano, y el polémico diputado de Morena, Gerardo Fernández Noroña. El tema: una supuesta frase de Noroña, "el dedo en el anillo", que Viggiano le pidió explicar.
Noroña, fiel a su estilo confrontativo, respondió a Viggiano con ironía, sugiriendo que ella era demasiado "exquisita, elegante y refinada" para entender el "lenguaje popular" que él, egresado de "escuelas públicas", utiliza. La senadora del PRI, por su parte, no se quedó callada y respondió con agudeza, evidenciando la tensión y el choque de estilos que caracterizan a estos personajes.
Este lamentable espectáculo en la Comisión Permanente no es un hecho aislado, sino un reflejo de la polarización extrema que vive México. La clase política, en lugar de dedicarse a resolver los problemas del país, parece estar más interesada en enfrascarse en dimes y diretes, utilizando un lenguaje soez y descalificaciones personales que erosionan la confianza de los ciudadanos en sus instituciones.
La reforma al Poder Judicial, que busca extender el mandato de algunos de sus integrantes y posponer elecciones, es un tema de profunda relevancia que amerita un debate serio y constructivo, no un intercambio de insultos. De igual forma, la reforma para anular elecciones por intervención extranjera, si bien busca salvaguardar la soberanía nacional, no debe ser utilizada como pretexto para descalificar a la oposición con argumentos falaces y ofensivos.
Es imperativo que los legisladores de todos los partidos pongan un alto a esta degradación del debate público. La ciudadanía exige altura de miras, propuestas sólidas y un compromiso real con el bienestar del país, no un espectáculo de baja estofa que solo sirve para evidenciar la decadencia moral de quienes deberían ser nuestros guías.
La diputada Navarro Pérez, con sus improperios, no solo ofendió al PRI y al PAN, sino que ofendió a todos los mexicanos que esperan de sus representantes un comportamiento ejemplar. Su actitud, lejos de fortalecer a Morena, la debilita al asociarla con la vulgaridad y la falta de respeto.
Por su parte, el PRI, al recurrir a gestos como dar la espalda, puede estar buscando una forma de protesta, pero debe asegurarse de que sus acciones no sean interpretadas como una evasión del debate o una falta de compromiso con los temas importantes.
Gerardo Fernández Noroña, con su retórica encendida, sigue demostrando que su estilo es el de la confrontación, pero debe aprender a canalizar su energía hacia la construcción de consensos, en lugar de avivar las llamas del conflicto.
Carolina Viggiano, al responder con inteligencia, muestra que la oposición tiene voces capaces de defender sus posturas sin caer en la bajeza, pero debe asegurarse de que sus intervenciones no se pierdan en el ruido de las descalificaciones.
En definitiva, la Comisión Permanente ha dado una muestra preocupante de lo que puede ocurrir cuando la política se reduce a un campo de batalla de egos y descalificaciones. Los ciudadanos merecen algo mejor, y es hora de que los políticos asuman su responsabilidad y eleven el nivel del debate público, dejando de lado la vulgaridad y la confrontación estéril para enfocarse en las verdaderas necesidades del país.