La noche mexicana se pintó de verde, blanco y rojo. Miles de aficionados, desafiando la lluvia y el frío, se congregaron en el emblemático Ángel de la Independencia para celebrar la victoria de la Selección Nacional sobre Corea del Sur en el Mundial 2026. El ambiente era de pura euforia, con cánticos, banderas y un optimismo desbordante que resonaba en el corazón de la Ciudad de México.

Desde tempranas horas, la anticipación se palpaba en el aire. Familias enteras, grupos de amigos y hasta aficionados que viajaron desde otros estados se dieron cita en el Paseo de la Reforma. El punto de encuentro, como ha sido tradición, fue el Ángel, un símbolo de unidad y celebración para el país.

La lluvia, que amenazaba con aguar la fiesta, no fue impedimento. Al contrario, pareció avivar el espíritu festivo. Los paraguas se convirtieron en banderas improvisadas y el aguacero se transformó en un telón de fondo para la alegría desbordante de los seguidores del Tri.

"¡México uno, Corea cero!", coreaban al unísono, mientras las notas del 'Son de la Negra' invitaban al baile y a la algarabía. La pasión por el fútbol se desbordaba, y cada gol, cada jugada de peligro, era vitoreada con la intensidad que solo la afición mexicana sabe imprimir.

José Cervantes, uno de los asistentes, resumió el sentir general: "Venimos a celebrar, no nos importa si ganamos o perdemos. Solo importa venir". Una frase que encapsula la esencia de la fiesta mexicana, donde el apoyo incondicional a la selección trasciende el resultado.

El camino hacia el Ángel no fue sencillo para muchos. Algunos provenían del FIFA Fan Fest en el Zócalo, otros de las pantallas gigantes instaladas en el Centro Histórico. La decisión de dirigirse al monumento era unánime: celebrar juntos, sin importar las adversidades.

La cifra de asistentes se estimó en cerca de 400 mil personas, una marea humana que tiñó de colores patrios el paisaje urbano. La energía era contagiosa, y extranjeros que aún permanecían en la ciudad se unieron a la celebración, maravillados por la pasión que se vivía.

Cristian, un joven de Bogotá, se mostró sorprendido y encantado: "Vimos que aquí todos se reúnen y está chévere. ¡Muchas felicidades (para su selección)!". Su presencia es un testimonio de la hospitalidad mexicana y de cómo el fútbol une a las naciones.

La euforia no se limitó a los cánticos y bailes. Las conversaciones giraban en torno al desempeño del equipo. El triunfo por la mínima diferencia ante Corea del Sur, que aseguró el liderato del Grupo A y el pase a dieciseisavos de final, encendió las esperanzas de llegar lejos en el torneo.

"Tenemos todo para llegar a la final", afirmó con convicción Daniel Hernández, reflejando el optimismo que se respiraba. La idea de romper la histórica 'maldición del quinto partido' cobró fuerza entre los aficionados, quienes ven en esta generación un potencial único.

Alejandro Porras, un veterano de estas celebraciones, añadió: "El siguiente partido lo ganan". La fe en el equipo es palpable, alimentada por la solidez mostrada hasta el momento y la garra que caracteriza al combinado nacional.

Sin embargo, no todo es complacencia. Algunos aficionados, como Marco, mantienen una visión más cautelosa: "Ya vamos a ver qué pasa en la siguiente fase, que es la que siempre se nos complica". Reconoce la dificultad del camino, pero confía en que, con entrega, el equipo puede superar los obstáculos.

La Selección Mexicana ha logrado, una vez más, unir al país en una fiesta de pasión y esperanza. El Mundial 2026, celebrado en casa, se está viviendo con una intensidad especial, y la afición está lista para seguir apoyando al Tri en cada paso hacia la gloria.

El festejo en el Ángel de la Independencia es solo el preludio de lo que podría ser una histórica participación en el torneo. La afición ha hablado: el sueño de la final está más vivo que nunca.