La practicidad del cobro en efectivo para las pequeñas y medianas empresas (pymes) mexicanas esconde un costo oculto y significativo: las vuelve invisibles ante el sistema financiero. Esta opacidad, derivada de la falta de registros formales sobre sus operaciones de venta, cobro y pago, se traduce en una barrera formidable para acceder a créditos, ya que las instituciones financieras carecen de la información necesaria para evaluar su capacidad real de pago y el riesgo asociado.
En el contexto de una inminente aprobación de la Ley de Economía Digital en el Congreso, que busca precisamente desincentivar el uso del efectivo, especialistas del sector financiero urgen a la digitalización de las operaciones. Argumentan que la migración hacia cuentas y canales electrónicos es crucial para construir una huella financiera que permita a las pymes demostrar su solvencia y acceder a financiamiento.
La Brecha Financiera de las MiPymes
Las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPymes) constituyen la vasta mayoría de las unidades económicas en México, representando un abrumador 99.7%. Sin embargo, su participación en la cartera de crédito empresarial es desproporcionadamente baja, concentrando apenas el 35%. Las razones esgrimidas por las propias empresas para justificar esta disparidad suelen incluir tasas de interés y comisiones elevadas, un exceso de requisitos y trámites burocráticos complejos. No obstante, las instituciones financieras a menudo vinculan las tasas de interés altas precisamente a la falta de información y a un mayor riesgo inherente en la evaluación de estas unidades económicas.
El gobierno, consciente de esta problemática, ha impulsado iniciativas como el Plan México, buscando ampliar el acceso al crédito. Recientemente, Nacional Financiera (Nafin) y Bancomext anunciaron esquemas ambiciosos destinados a movilizar hasta 120,000 millones de pesos en financiamiento para MiPymes. Estos programas ofrecen garantías sustanciales, cubriendo hasta el 70% para créditos de hasta 20 millones de pesos y hasta el 80% para aquellas empresas que acceden a financiamiento por primera vez.
Matías Umaschi, CEO de Payana, una firma especializada en la automatización de procesos financieros empresariales, enfatiza la correlación directa entre la formalización y la información financiera con el acceso al crédito. Su compañía se enfoca en optimizar procesos como cuentas por pagar, cuentas por cobrar, gestión de tesorería y validación de facturas ante el Servicio de Administración Tributaria (SAT). Umaschi señala que la digitalización de estas operaciones permite a las empresas comenzar a edificar un historial financiero auditable, que documenta sus ingresos, egresos y comportamiento financiero general. Esta información se convierte en un activo valioso para acceder a diversas alternativas de financiamiento, como el factoring, el confirming, el financiamiento de capital de trabajo o el crédito bancario tradicional.
Umaschi también destaca el desafío regional de formalizar a las empresas desde sus etapas iniciales, mediante incentivos y facilidades fiscales, para fomentar su crecimiento y su eventual contribución como generadoras de empleo a gran escala. Este mismo argumento fue reiterado durante la Convención de la Asociación Mexicana de Sofipos (Sociedades Financieras Populares).
Marlene Garayzar, presidenta de la asociación, subrayó en una entrevista con Expansión que el efectivo actúa como un velo que oculta la verdadera dimensión de un pequeño negocio ante las entidades financieras. Si las ventas no se registran a través de una cuenta bancaria, la información sobre los ingresos reales del establecimiento, la frecuencia con la que se generan, y la capacidad de endeudamiento y pago se vuelve escasa o inexistente.
La Tecnología Frente a los Hábitos Arraigados
En contraposición a la opacidad del efectivo, las transacciones digitales dejan una huella electrónica o "huella transaccional" que resulta invaluable para la construcción de perfiles de riesgo más completos y precisos. Para una institución financiera, disponer de datos detallados sobre ingresos, gastos y la frecuencia de las operaciones puede significar una reducción considerable en los costos asociados a la originación de un préstamo. Además, permite una segmentación de clientes mucho más afinada, lo que, bajo ciertas condiciones, podría traducirse en mejores términos y condiciones de financiamiento.
Othón Moreno, director general de Sistemas de Pagos e Infraestructuras de Mercado del Banco de México (Banxico), ha señalado que un incremento en la transaccionalidad digital no solo puede disminuir los costos operativos para las pymes, sino también generar incentivos para la expansión de la infraestructura de pagos, particularmente en mercados donde las Sofipos juegan un rol preponderante.
Sin embargo, la mera disponibilidad de tecnología avanzada no garantiza una transición inmediata ni automática hacia la digitalización. David Romero, vicepresidente de la Asociación Mexicana de Sofipos y director general de Fincomún, advierte que, si bien las instituciones financieras cuentan cada vez con más herramientas para una originación de crédito eficiente y el seguimiento de indicadores de riesgo alternativos, los hábitos de los clientes siguen representando un obstáculo significativo. En diversas regiones del país, la preferencia por la interacción presencial y el contacto directo con una sucursal o un asesor financiero persiste, obligando a las instituciones a mantener modelos híbridos que combinen el uso de tecnología y datos con la atención en canales físicos.
Es importante aclarar que la adopción de pagos electrónicos por sí sola no asegura la obtención automática de un crédito. Las instituciones financieras continuarán realizando evaluaciones rigurosas sobre el nivel de endeudamiento de la empresa, su estabilidad financiera, el flujo de efectivo y la capacidad general de pago. La diferencia fundamental, según Romero, radica en que una empresa que opera a través de canales digitalizados puede proporcionar una cantidad significativamente mayor de información para respaldar y demostrar estas condiciones financieras, facilitando así un proceso de evaluación más transparente y potencialmente más favorable.