Jorge Correa Fuentes, un nombre que resuena en los círculos del teatro mexicano, no solo por su trayectoria como dramaturgo y actor, sino por una faceta menos conocida: su labor pionera en el ámbito penitenciario. Correa Fuentes, originario de Guanajuato, se formó en las artes escénicas con la mira puesta en los escenarios tradicionales, pero el destino profesional lo llevó por un camino inesperado y profundamente humano: el teatro como herramienta de reinserción social.
Su incursión en el sistema penitenciario mexicano se dio a principios de la década de 1980, tras incorporarse a la Dirección General de Reclusorios. Fue en 1983, en el Reclusorio Oriente, donde montó su primera obra con personas privadas de la libertad. Aquella experiencia, según relata, marcó un antes y un después en su carrera, sentando las bases para lo que se convertiría en su legado: el Teatro Penitenciario.
Con el tiempo, Correa Fuentes desarrolló el Sistema Teatral de Readaptación y Asistencia Preventiva (STRAP), una metodología innovadora que utilizaba la actuación para abordar aspectos psicológicos y emocionales de los internos. Este sistema buscaba no solo ofrecer una vía de escape temporal, sino también facilitar un proceso de autoconocimiento y transformación personal durante el tiempo de reclusión.
La labor de Correa Fuentes trascendió los muros de una sola prisión. Llegó a trabajar en centros penitenciarios a lo largo y ancho del país, logrando un hito notable: reunir a miembros de grupos criminales rivales en actividades teatrales conjuntas sin que se presentaran incidentes. Su objetivo, reiteradamente expresado, no era formar actores profesionales, sino utilizar el poder del arte escénico para impactar positivamente en la vida de quienes purgan una condena.
Fue en el penal de máxima seguridad de El Altiplano donde Jorge Correa Fuentes tuvo un encuentro singular con Joaquín Guzmán Loera, conocido mundialmente como 'El Chapo'. El entonces líder del Cártel de Sinaloa, recluido en esta fortaleza penitenciaria, se convirtió en uno de los alumnos de Correa Fuentes en el taller de actuación.
Lejos de la imagen pública de temido narcotraficante, el maestro Correa Fuentes describe a 'El Chapo' como una persona con notables cualidades. En declaraciones recientes, el dramaturgo señaló que Guzmán Loera era un alumno ordenado, respetuoso y metódico. "Escuchaba, tenía disciplina, era metódico, no te miraba mal", afirmó Correa Fuentes, añadiendo que el diálogo con él era "increíble", que era "noble y nada prepotente".
El acercamiento teatral entre ambos se materializó en la preparación de una adaptación de la clásica obra "Don Juan Tenorio". Durante los ensayos, Correa Fuentes trabajó con 'El Chapo' en la dicción y la interpretación de los diálogos. Sin embargo, la presentación final estuvo marcada por un momento anecdótico que provocó risas entre el público.
Al momento de pronunciar su primera línea, el acento norteño característico de Joaquín Guzmán Loera se hizo presente, provocando la reacción del auditorio. Según relata el actor Héctor Kotsifakis, quien participó en la película "La captura" de Netflix, 'El Chapo' se bloqueó, salió del escenario y se dirigió al camerino visiblemente afectado. "Le fallé, maestro", habría dicho a Correa Fuentes, golpeando la pared en señal de frustración.
La distinción entre "teatro en prisión" y "teatro penitenciario" es fundamental para entender la obra de Correa Fuentes. Mientras el primero se refiere a la representación de obras ajenas dentro de los centros de reclusión, el segundo, el concepto que él impulsó, se enfoca en las vivencias, los miedos, las frustraciones y las consecuencias de los actos de las personas privadas de su libertad.
Este enfoque transformador y profundamente humano le valió el reconocimiento internacional. En 2010, el International Theatre Institute (ITI) de la UNESCO distinguió a Jorge Correa Fuentes con la medalla "Mi Vida en el Teatro", un galardón que honra décadas de dedicación al arte como vehículo de cambio y expresión en uno de los entornos más difíciles.
La labor de Correa Fuentes, aunque centrada en el ámbito penitenciario, también tuvo otros alumnos notables en el mundo del crimen organizado. Figuras como Rafael Caro Quintero y Daniel Arizmendi, alias 'El Mochaorejas', también pasaron por sus talleres, demostrando el alcance y la particularidad de su trabajo.
El legado de Jorge Correa Fuentes reside en su convicción de que el teatro puede ser una fuerza poderosa para la reflexión y la reinserción, incluso en los contextos más adversos. Su trabajo con 'El Chapo' Guzmán, más allá de la anécdota, subraya la complejidad humana y el potencial del arte para revelar facetas insospechadas de cualquier individuo.
La historia de Correa Fuentes y su método STRAP es un testimonio del poder del teatro para tocar las fibras más profundas del ser humano, ofreciendo una perspectiva diferente sobre la rehabilitación y el impacto del arte en la sociedad, incluso en los rincones más oscuros.