A pesar de los avances tecnológicos y la creciente adopción de métodos de pago digitales, el efectivo sigue siendo el rey indiscutible en las transacciones cotidianas de los mexicanos. Un contundente 98 por ciento de la población prefiere utilizar billetes y monedas para sus gastos diarios, una cifra que subraya la arraigada costumbre y confianza en el dinero físico.

El Banco de México (Banxico), a través de su estudio "Resultados de estudios cuantitativos sobre efectivo 2025", detalla que esta preferencia se sustenta en diversas razones prácticas. El 66 por ciento de los encuestados considera que el efectivo es más práctico, fácil o rápido de usar. Otro 15 por ciento lo percibe como una opción más segura, mientras que un 13 por ciento señala que es su única forma de pago disponible.

Auge de lo Digital, Persistencia del Efectivo

Si bien el efectivo domina, los métodos de pago electrónicos también han experimentado un crecimiento significativo. Al cierre del año pasado, 7 millones de personas utilizaron pagos a través del Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI) para gastos relacionados con alimentos, bebidas, tabaco y transporte. Esta cifra representa un notable incremento desde los 1.4 millones registrados en 2024.

El uso de tarjetas de débito también se disparó, alcanzando a 25.1 millones de personas, un salto considerable desde los 8.6 millones del año anterior. De manera similar, los pagos con tarjeta de crédito vieron un aumento, pasando de 2.3 millones a 12.3 millones de usuarios.

Sin embargo, estos incrementos en los pagos digitales no han mermado la popularidad del efectivo. La penetración de los pagos electrónicos, aunque en aumento, aún no logra desplazar la preferencia generalizada por el dinero físico en las rutinas de gasto de la mayoría de los mexicanos.

Ahorro y Respaldo en Efectivo

La tendencia de guardar efectivo fuera del sistema bancario también muestra una ligera disminución, pero sigue siendo relevante. En 2025, 14.3 millones de personas acostumbraban guardar efectivo en lugares no bancarios, una cifra menor a los 16.4 millones del año previo, marcando el nivel más bajo desde 2019. A pesar de esta reducción, la práctica persiste como una medida de seguridad o ahorro.

Las motivaciones para mantener efectivo guardado son variadas. El 44 por ciento lo hace pensando en alguna eventualidad o imprevisto, mientras que un 29 por ciento lo utiliza como método de ahorro. Otros motivos incluyen la conveniencia y comodidad que ofrece.

Preferencias de Denominación para el Ahorro

Dentro del efectivo guardado, existen preferencias claras en cuanto a las denominaciones. Los billetes de 100 pesos son los favoritos para el ahorro, elegidos por el 38 por ciento de las personas. Les siguen de cerca los billetes de 50 pesos y las monedas de 10 pesos, ambos con una preferencia del 35 por ciento. Los billetes de 500 pesos son preferidos por el 31 por ciento, y los de 200 pesos por el 27 por ciento.

Esta selección de denominaciones sugiere una estrategia de diversificación y accesibilidad para el ahorro y el uso cotidiano, priorizando billetes de valor intermedio y monedas de alta circulación.

Canales de Obtención de Efectivo

La forma en que los mexicanos obtienen su efectivo también revela patrones de comportamiento. El canal principal sigue siendo el cajero automático, utilizado por el 48 por ciento de la población. La nómina recibida en efectivo es otra fuente importante, representando el 28 por ciento. El apoyo familiar contribuye con un 15 por ciento, y las ventanillas bancarias con un 5 por ciento.

Adicionalmente, un 5 por ciento de las personas acude al banco para cambiar billetes de alta denominación por otros de menor valor. De este grupo, la mayoría (85 por ciento) reporta que el servicio es atendido satisfactoriamente, aunque un 12 por ciento señala no haber recibido la atención esperada en ocasiones.

Contexto Histórico y Futuro

Históricamente, el efectivo ha sido el pilar del sistema de pagos en México. A pesar de los esfuerzos gubernamentales y bancarios por fomentar la inclusión financiera digital, la cultura del efectivo está profundamente arraigada. Factores como la brecha digital, la desconfianza en el sistema financiero formal para ciertos sectores de la población, y la simplicidad percibida del manejo de efectivo, contribuyen a su persistencia.

El estudio de Banxico, si bien muestra un crecimiento en el uso de SPEI y tarjetas, confirma que la transición hacia una economía completamente digitalizada aún enfrenta barreras significativas en México. La practicidad y la seguridad percibida del efectivo aseguran su permanencia en el corto y mediano plazo, obligando a las instituciones financieras a coexistir con ambos mundos: el digital y el físico.

Las implicaciones de esta dualidad son importantes. Por un lado, la persistencia del efectivo puede limitar la trazabilidad de las transacciones y dificultar la recaudación fiscal. Por otro, asegura la inclusión de sectores de la población que aún no están plenamente integrados al sistema financiero digital, garantizando el acceso a bienes y servicios básicos.

Analistas señalan que la estrategia para reducir la dependencia del efectivo deberá enfocarse no solo en la promoción de tecnologías, sino también en la educación financiera, la mejora de la infraestructura digital en zonas remotas y la generación de mayor confianza en los sistemas de pago electrónicos. La coexistencia del efectivo y los medios digitales parece ser la norma para los próximos años en la economía mexicana.