La economía mexicana, a pesar de generar casi 600,000 nuevos puestos de trabajo en el último año, enfrenta una preocupante tendencia: la gran mayoría de estos empleos se concentran en la informalidad. Este fenómeno, que se agudizó en el segundo trimestre de 2026, sugiere que el mercado laboral avanza en cantidad, pero no necesariamente en calidad, dejando a una porción creciente de trabajadores sin las protecciones y beneficios asociados al empleo formal.
Auge de la Informalidad Laboral
De acuerdo con cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), la población ocupada en México alcanzó los 60.04 millones de personas entre abril y junio de 2026, lo que representa un incremento de 599,334 respecto al mismo periodo del año anterior. Sin embargo, el análisis detallado revela que 494,607 de estas nuevas incorporaciones se dieron en modalidades de empleo informal, lo que equivale a un alarmante 82.5% del total del crecimiento neto de la población ocupada. Esto implica que solo alrededor de 105,000 personas se sumaron a empleos fuera de la informalidad.
Como consecuencia directa, la tasa de informalidad laboral experimentó un repunte, pasando de 54.8% en el segundo trimestre de 2025 a 55.1% en 2026. Este incremento se produce a pesar de que la tasa de desempleo se mantuvo relativamente baja y estable en 2.7%. Si bien el país exhibe una baja tasa de desocupación, la creciente proporción de trabajadores en la informalidad subraya una desconexión entre la generación de empleo y la mejora de las condiciones laborales.
Definición y Alcance de la Informalidad
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) define la informalidad de manera amplia. Incluye no solo a quienes trabajan en negocios no registrados o a trabajadores por cuenta propia en actividades de subsistencia, sino también a aquellos empleados en empresas formalmente constituidas pero que carecen de protección de seguridad social. Esta definición abarca un espectro diverso de situaciones laborales precarias.
El deterioro en las condiciones laborales se hace aún más evidente al examinar el llamado sector informal, que agrupa a unidades económicas no agropecuarias operando sin registros contables y a menudo con recursos de los hogares. La población ocupada en este sector creció en 915,189 personas en el último año, sumando un total de 18.16 millones. Su peso dentro de la población ocupada total aumentó del 29% al 30.2%. Incluso considerando cifras desestacionalizadas, la ocupación en el sector informal mostró un incremento de 0.5 puntos porcentuales respecto al trimestre anterior.
Trabajadores por Cuenta Propia y Empleo Subordinado
Otro segmento que ha experimentado un crecimiento significativo es el de los trabajadores por cuenta propia. Entre el segundo trimestre de 2025 y el mismo periodo de 2026, su número aumentó en 371,000 personas, alcanzando los 13.23 millones. Este incremento por sí solo representa cerca del 62% del aumento total de la población ocupada, evidenciando una tendencia hacia el autoempleo, a menudo en condiciones de subsistencia.
En contraste, los trabajadores subordinados y remunerados, que suelen gozar de mayores protecciones, aumentaron en aproximadamente 201,000 personas. Sin embargo, su participación dentro de la ocupación total disminuyó ligeramente, cayendo del 69.1% al 68.8%. Esta dinámica sugiere una posible migración de empleos formales hacia modalidades menos seguras o un crecimiento más lento del empleo asalariado tradicional.
Impacto en Micronegocios y Grandes Empresas
La estructura del empleo también muestra cambios notables. En el ámbito no agropecuario, la ocupación en micronegocios se disparó con un aumento de 786,616 personas en el último año. Los establecimientos pequeños también contribuyeron al crecimiento, sumando 515,260 trabajadores, y los medianos incorporaron alrededor de 400,000 empleados. Estos datos sugieren que las pequeñas y medianas unidades económicas están absorbiendo la mayor parte de la creación de empleo.
Por otro lado, las empresas grandes experimentaron una disminución en su población ocupada de 279,907 personas, cayendo de 5.83 millones a 5.55 millones. Su participación dentro del empleo no agropecuario se redujo del 12% al 11.1%. Esta contracción en el empleo de grandes corporativos podría indicar una reestructuración empresarial, una mayor externalización de servicios o una menor inversión en fuerza laboral directa por parte de las compañías de mayor tamaño.
Condiciones Críticas de Ocupación en Aumento
Un indicador particularmente preocupante es el aumento de la tasa de condiciones críticas de ocupación, que pasó del 36.4% al 38% de la población ocupada entre el segundo trimestre de 2025 y el mismo periodo de 2026. Esta métrica, según la ENOE, engloba a personas que trabajan menos de 35 horas semanales por causas ajenas a su voluntad, aquellos que laboran más de 35 horas con ingresos inferiores al salario mínimo, y quienes trabajan más de 48 horas semanales con ingresos de hasta dos salarios mínimos.
Aplicado a los 60 millones de ocupados registrados, una tasa del 38% se traduce en aproximadamente 22.8 millones de personas en condiciones laborales precarias. Esto significa que una parte sustancial de la fuerza laboral mexicana enfrenta jornadas extenuantes, bajos salarios o subempleo involuntario, a pesar de tener un empleo.
Contexto Económico y Perspectivas
Históricamente, México ha luchado con altos niveles de informalidad laboral, un fenómeno intrínsecamente ligado a la estructura económica del país, la debilidad institucional y la falta de oportunidades en el sector formal. La persistencia de esta tendencia, incluso en periodos de crecimiento económico, plantea desafíos significativos para la política pública.
Las implicaciones de una alta tasa de informalidad son múltiples: menor recaudación fiscal para el gobierno, menor acceso a seguridad social para los trabajadores (salud, pensiones, seguros de desempleo), mayor vulnerabilidad económica ante crisis y una competencia desleal para las empresas formales que cumplen con sus obligaciones fiscales y laborales.
Analistas señalan que para revertir esta tendencia se requieren políticas integrales que no solo fomenten la creación de empleo, sino que también incentiven la formalización, mejoren las condiciones laborales y fortalezcan el estado de derecho. Esto podría incluir simplificación administrativa para la creación de empresas, programas de capacitación y certificación, y una fiscalización más efectiva, sin ahogar a las pequeñas unidades económicas.
La estabilidad en la tasa de desempleo, si bien es una señal positiva en el corto plazo, no debe opacar la realidad de un mercado laboral que, en gran medida, ofrece empleos de baja calidad y sin protección. La política económica futura deberá enfocarse en transitar de un crecimiento cuantitativo a uno cualitativo, donde la generación de empleos formales y dignos sea la prioridad.
En el horizonte, la continua dependencia de la economía mexicana de la informalidad podría limitar su potencial de crecimiento a largo plazo y exacerbar las desigualdades sociales. Abordar este desafío estructural será crucial para el desarrollo sostenible del país y el bienestar de su población trabajadora.