El panorama financiero de México se torna cada vez más sombrío, con proyecciones que apuntan a que el pago de intereses de la deuda pública alcanzará en 2027 su nivel más elevado en más de tres décadas, específicamente desde 1990. Según cifras de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), este costo financiero se situará en un preocupante 4% del Producto Interno Bruto (PIB), una cifra que no se veía en décadas y que genera inquietud entre analistas y agencias calificadoras.
Esta escalada en el pago de intereses se deriva de la previsión de que la deuda pública total de México alcance el 55% del PIB para el año 2027. Si bien es cierto que otras economías, como Brasil, Colombia e incluso Estados Unidos, presentan niveles de endeudamiento superiores en proporción a su PIB, la preocupación para México radica en la velocidad con la que su deuda está creciendo y el consecuente estrechamiento del margen fiscal disponible para el gobierno.
La Sombra del Endeudamiento Creciente
Federico De Noriega Olea, socio del área corporativa y financiera en Hogan Lovells Cadwalader, subraya que el foco de atención de las calificadoras no es únicamente el porcentaje del PIB que representa la deuda, sino la tendencia ascendente que ha mostrado. El año 2027 marcará el cuarto año consecutivo de incremento en la deuda pública como proporción del PIB. Tras una disminución observada entre 2021 y 2023, se anticipa un repunte significativo. De hecho, Fitch Ratings proyecta que para el cierre del presente año, la deuda podría alcanzar el 58% del PIB, una cifra que ya supera las estimaciones iniciales.
Este escenario de deuda en ascenso y su creciente costo financiero tiene implicaciones directas en la calificación crediticia de México. Una calificación deteriorada no solo encarece el acceso a nuevos financiamientos, sino que también reduce el atractivo del país para la inversión extranjera, un motor clave para el crecimiento económico.
El Costo Financiero Supera los Ingresos por Deuda
La preocupación fundamental, más allá de las comparaciones internacionales, reside en el impacto interno de esta situación. El costo de financiar la deuda y el espacio fiscal reducido limitan la capacidad del gobierno para atender otras necesidades públicas esenciales. Con gastos obligatorios en aumento, ingresos tributarios y petroleros menguantes que han sido suplidos con deuda, y un entorno de tasas de interés al alza, el costo financiero proyectado para 2027 no solo será el más alto desde 1990, sino que superará los propios ingresos que el erario público obtendrá por concepto de financiamiento en ese mismo año.
Judith Senyacen Méndez Méndez, directora ejecutiva del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), advierte que la deuda se ha convertido en un obstáculo para la consolidación fiscal. El crecimiento de la deuda supera los esfuerzos de ajuste en los ingresos, creando un círculo vicioso difícil de romper.
Pérdida de Espacio Fiscal y su Impacto en la Inversión
La pérdida de espacio fiscal es uno de los factores que más inquietan a las agencias calificadoras. Jorge Cano, coordinador del Programa de Gasto Público en México Evalúa, señala que un aumento descontrolado del costo financiero puede comprometer la sostenibilidad fiscal del país. Si bien México Evalúa estima que el costo financiero se estabilizará en 3.7% del PIB entre 2028 y 2030, con saldos de deuda rondando el 56.4% del PIB, otras proyecciones son más alarmantes.
México Evalúa calcula que el saldo histórico de la deuda podría alcanzar el 61% en 2030, lo que elevaría el pago de intereses a un 4.4% del PIB. Esta situación es particularmente preocupante si se considera que el costo de la deuda proyectado para 2027 (4% del PIB) superará la inversión pública en infraestructura, que se estima en un 2.6% del PIB.
Un Círculo Virtuoso Interrumpido
De Noriega Olea enfatiza la importancia de la inversión en infraestructura para generar un círculo virtuoso de crecimiento económico. Una mayor infraestructura impulsa la inversión empresarial, aumenta la producción, genera más impuestos y, en última instancia, proporciona al gobierno más recursos para invertir o reducir su deuda. Destinar una porción tan significativa de los recursos públicos al pago de intereses, en lugar de a la inversión productiva, interrumpe este ciclo positivo.
Con una expectativa de 1.6 billones de pesos, el costo financiero de la deuda para 2027 es abrumador. Esta cifra equivale a más de nueve veces el presupuesto proyectado para la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) en ese año. Además, representa el doble del presupuesto destinado a Pemex y es apenas 197,000 millones de pesos menor a la recaudación prevista por Hacienda para el Impuesto al Valor Agregado (IVA) en el mismo ejercicio fiscal.
La magnitud de estos pagos de intereses subraya la urgencia de abordar la trayectoria de la deuda pública y sus implicaciones a largo plazo para la economía mexicana. La sostenibilidad fiscal y el potencial de crecimiento del país están en juego ante este desafío financiero sin precedentes.