La deuda pública de México continúa su escalada, y con ella, las preocupaciones de la agencia calificadora Moody's Ratings. No se trata solo de un aumento en los números, sino de una combinación peligrosa: un crecimiento económico insuficiente para cubrir las necesidades del país y un costo cada vez mayor para financiar el déficit fiscal. Renzo Merino, vicepresidente de Riesgo Soberano de Moody’s, ha encendido las alarmas al señalar que las proyecciones actuales del gobierno mexicano apuntan a un déficit para 2026 que oscila entre el 4% y el 4.5% del Producto Interno Bruto (PIB). Esta cifra, advierte, no sería suficiente para estabilizar la deuda, que ya ha experimentado un incremento significativo en los últimos años.
El Costo de Financiar la Deuda se Dispara
Un aspecto particularmente preocupante para Moody's es el creciente porcentaje de los ingresos gubernamentales que se destina al pago de intereses de la deuda. Según Merino, este rubro ha escalado hasta el 17% de los ingresos totales del gobierno, un salto considerable desde el 11% registrado en 2021. En comparación, el promedio de países con una calificación crediticia similar a la de México se sitúa en un 9%. Esta disparidad es alarmante: México dedica casi el doble de sus recursos a cubrir intereses que sus pares, a pesar de que su nivel de deuda, en proporción a la economía, aún es menor. En la práctica, esto significa que una porción cada vez mayor del presupuesto se ve comprometida para cumplir con obligaciones financieras pasadas, reduciendo drásticamente el margen de maniobra para otras áreas críticas como inversión en infraestructura, salud o educación.
Déficit Persistente y Ajustes Insuficientes
El gobierno mexicano ha intentado contener el gasto primario (excluyendo los intereses) y mejorar la recaudación fiscal. Sin embargo, estos esfuerzos se han visto mermados por el costo de financiar déficits más amplios a tasas de interés más elevadas, así como por los continuos apoyos financieros otorgados a Petróleos Mexicanos (Pemex). Estas presiones fiscales fueron un factor clave en la decisión de Moody's de rebajar la calificación crediticia de México a Baa3, el último escalón del grado de inversión, en mayo pasado. La perspectiva, aunque estable por ahora, pende de un hilo: la capacidad del país para revertir la tendencia alcista de la deuda y demostrar una gestión fiscal sólida.
Escenarios de Riesgo y la Clave del Crecimiento
Para estabilizar la deuda en 2026, Moody's estima que México necesitaría un ajuste fiscal adicional de más de 1.5 puntos porcentuales del PIB, una cifra considerablemente mayor a la reducción gradual que el gobierno tiene planeada. Si bien la agencia reconoce que las proyecciones económicas y fiscales más recientes del gobierno son más realistas, el déficit previsto sigue siendo un obstáculo para detener el endeudamiento. La pregunta clave para Moody's es qué tipo de ajuste se implementará y cuándo. Un aplazamiento de la corrección fiscal podría llevar la deuda a niveles aún más preocupantes, limitando la capacidad de respuesta del país ante futuras crisis.
La capacidad de generar ingresos también es un punto débil. La recaudación fiscal en México ronda el 20% del PIB, significativamente por debajo del 30% que registran economías como Brasil o Colombia. A esto se suman gastos estructurales difíciles de recortar y necesidades de inversión urgentes que no pueden posponerse indefinidamente. Moody's ha modelado diversos escenarios: si la economía crece a un ritmo moderado del 1.5% anual sin ajustes fiscales significativos, la deuda podría alcanzar el 55% del PIB en los próximos años y acercarse al 60% en una década. En un escenario de crecimiento más lento, cercano al 1%, el aumento de la deuda sería más acelerado. Incluso, ante un choque fiscal adverso o la necesidad de absorber más deuda de Pemex, la deuda podría escalar hasta el 65% del PIB.
La Inversión Privada, un Impulso Fugaz
La recuperación económica es, por tanto, fundamental para la salud de las finanzas públicas. Un crecimiento del PIB por debajo del 2% anual es considerado insuficiente por Moody's para cerrar las brechas sociales y atender las necesidades de infraestructura, educación y salud. El año 2023 ofreció un atisbo de esperanza con un repunte de la inversión privada que impulsó el crecimiento a un 3%. Sin embargo, este impulso fue efímero. La inversión privada ha perdido fuerza ante la creciente incertidumbre sobre el entorno de negocios en México.
Las dudas sobre la relación comercial con Estados Unidos, incluyendo la revisión del T-MEC y la posibilidad de aranceles, así como la incertidumbre regulatoria y los cambios institucionales dentro del país, han frenado la decisión de invertir. A estos factores se suman obstáculos estructurales de largo plazo, como la baja productividad en ciertos sectores, la alta informalidad que limita la recaudación fiscal y la inseguridad, que incrementa los costos operativos para las empresas. Si bien se reconoce una mayor apertura a la participación privada en sectores como energía y agua bajo ciertas condiciones, la falta de claridad y estabilidad en el marco normativo sigue siendo un desafío mayúsculo para atraer y retener la inversión necesaria para un crecimiento robusto y sostenible.