La apuesta fallida del oficialismo
El pacto gubernamental para congelar los precios de gasolina Magna y diésel, que ya supera un año de vigencia, enfrenta su peor momento. Lo que el gobierno de Morena vendió como una medida de protección al bolsillo de los mexicanos se revela ahora como una política insostenible que amenaza con colapsar el abastecimiento nacional de combustibles.
Al menos once estados reportan problemas graves: Aguascalientes y Zacatecas confirman desabasto de Magna y Premium; Saltillo enfrenta sobredemanda mientras Pemex desvía producto para emergencias en Monclova. Chihuahua, Ciudad Juárez, El Castillo, Tula, Querétaro, Zamora, Toluca, Azcapotzalco, Cadereyta y Santa Catarina también registran afectaciones en el suministro, según documentó el columnista Atzayaelh Torres de El Financiero.
Las cuentas que no cuadran
La raíz del problema es matemática simple que el oficialismo se niega a reconocer: Pemex importa cerca del 70 por ciento del combustible que consume el país. Con precios de venta congelados y costos de importación disparados por el conflicto entre Estados Unidos e Irán, la operación genera pérdidas sistemáticas. El flete marítimo desde territorio estadounidense se encareció casi 50 por ciento, pero el gobierno mantiene su apuesta ideológica al control de precios.
La situación de las reservas es alarmante. Reynosa registra almacenamiento en cero, mientras el Valle de México apenas cuenta con tres días de inventario cuando la ley exige mínimo cinco. El sistema opera al borde del colapso.
Gasolineros se rebelan contra el pacto
Ante la imposibilidad de operar con rentabilidad, los empresarios del sector tomaron medidas por cuenta propia: reducción de inventarios, disminución en volúmenes de pedido y cierre selectivo de estaciones bajo el pretexto de "mantenimiento". El cumplimiento del tope en diésel cayó hasta 61 por ciento; cuatro de cada diez estaciones venden por arriba del precio acordado.
La apuesta gubernamental a que los precios internacionales caigan antes del colapso total del sistema luce cada vez más temeraria. Mientras tanto, el discurso oficial sobre el éxito del pacto con gasolineros niega una realidad que los conductores ya observan en las estaciones de servicio, erosionando la credibilidad de las autoridades en un tema que golpea directamente la economía familiar de millones de mexicanos.
El costo político de negar la realidad
La crisis del desabasto expone la fragilidad de las políticas populistas que ignoran las leyes del mercado. Mantener precios artificialmente bajos sin resolver los problemas estructurales de Pemex y la dependencia de importaciones genera distorsiones que terminan perjudicando precisamente a quienes se pretendía proteger. La pregunta ya no es si habrá desabasto generalizado, sino cuándo.