La República de Cuba se encuentra sumida en una profunda crisis energética que ha escalado a niveles alarmantes, evidenciada por el reciente colapso del Sistema Electroenergético Nacional (SEN). Este miércoles, la isla logró restablecer el suministro eléctrico tras sufrir el tercer apagón general en tan solo siete días, y el quinto en lo que va del año 2026. La situación, reportada por la estatal Unión Eléctrica (UNE), ha dejado a millones de cubanos a oscuras durante periodos extensos, exacerbando el descontento social y la precariedad de la vida cotidiana.

El más reciente apagón, que se extendió por aproximadamente 20 horas, afectó a más de 9.4 millones de habitantes. Según declaraciones del ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, a medios estatales, el colapso se debió a "oscilaciones en la red nacional" que provocaron la desconexión secuencial de varias unidades generadoras hasta llegar a una caída generalizada. El ministro, sin embargo, desestimó que estos fallos se deban a "errores de operación", apuntando directamente al "bloqueo petrolero estadounidense" y a una "reciente orden ejecutiva" de Estados Unidos como las causas principales.

"Hay una total ausencia de combustible y no tenemos acceso a piezas de repuesto para nuestras unidades termoeléctricas ni para las plantas de Energás", afirmó De la O Levy, subrayando la crítica escasez de recursos que padece la isla para mantener su infraestructura energética operativa. Esta dependencia de combustibles importados y la falta de acceso a componentes esenciales para el mantenimiento de las termoeléctricas, muchas de ellas con décadas de antigüedad, configuran un panorama sombrío para la generación eléctrica cubana.

Una Crisis Energética Crónica y Agravada

La crisis energética en Cuba no es un fenómeno reciente, sino una problemática que se ha venido gestando desde mediados de 2024. La obsolescencia de las termoeléctricas, que constituyen la columna vertebral del sistema de generación eléctrica del país, ha sido un factor determinante. Estas plantas, sometidas a un uso intensivo durante décadas y con una inversión insuficiente en mantenimiento y modernización, sufren averías de forma habitual, lo que las hace poco fiables y propensas a fallos.

A esta situación estructural se suma, desde enero de 2026, el endurecimiento del bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos. La medida, intensificada tras el arresto de Nicolás Maduro y las amenazas del entonces presidente Donald Trump de imponer aranceles a los países que suministraran crudo a Cuba, ha cortado drásticamente los envíos de petróleo, principalmente desde Venezuela. Esta restricción ha mermado la capacidad de Cuba para operar sus termoeléctricas y mantener un suministro energético estable.

Un Historial de Apagones y Descontento Social

La última semana ha sido particularmente crítica, con tres apagones generales reportados: el 6, el 10 y el 14 de julio. Este patrón de colapsos masivos se suma a otros incidentes ocurridos previamente en el año. En marzo de 2026, la isla experimentó dos desconexiones totales del SEN en un lapso de apenas cinco días. En total, en los últimos 24 meses, se han registrado diez apagones generales, una cifra que refleja la fragilidad del sistema eléctrico cubano.

Expertos independientes han estimado que la rehabilitación completa del SEN requeriría una inversión de entre 8 mil y 10 mil millones de dólares, una suma considerablemente fuera del alcance de la economía cubana, que atraviesa una grave crisis desde hace más de cinco años. La falta de divisas y las restricciones impuestas por el bloqueo dificultan enormemente la obtención de los fondos necesarios para acometer las reparaciones y modernizaciones urgentes.

Búsqueda de Alternativas y Protestas Ciudadanas

Ante este panorama, el gobierno cubano ha puesto sus esperanzas en el desarrollo de energías renovables, particularmente la energía solar, con el apoyo de China. Se ha implementado un ambicioso programa para la construcción de 92 parques solares en toda la isla, con una capacidad instalada proyectada de unos 2,000 megavatios (MW). Hasta la fecha, 54 de estos parques fotovoltaicos ya contribuyen a la red nacional, alcanzando una potencia máxima de hasta 600 MW en horarios de alta radiación solar.

Sin embargo, la energía solar, aunque prometedora, aún no es suficiente para suplir la demanda y compensar las deficiencias de las termoeléctricas. Los cortes diarios de electricidad en La Habana pueden superar las 30 horas consecutivas, mientras que en el resto del país las interrupciones llegan a las 72 horas seguidas. Esta situación ha generado un creciente descontento social, manifestado en protestas pacíficas, caceroladas, bloqueos de calles y quema de basura, donde los ciudadanos exigen al Estado el acceso a servicios básicos como electricidad, agua y alimentos.

La crisis energética en Cuba se presenta como un complejo entramado de factores: infraestructura obsoleta, falta de inversión, escasez de combustible y el impacto de sanciones internacionales. La búsqueda de soluciones a largo plazo, como la diversificación energética, se enfrenta a la urgencia de resolver los problemas inmediatos que afectan la vida de millones de cubanos, quienes reclaman un mínimo de estabilidad y bienestar en medio de apagones recurrentes y una economía en declive.