El reciente y devastador terremoto de magnitud 7.4 que sacudió a Colombia ha puesto de manifiesto no solo la fragilidad de la infraestructura ante desastres naturales, sino también las complejas dinámicas políticas que pueden influir en la respuesta humanitaria. En medio de la conmoción y la urgencia por rescatar a las víctimas, el gobierno colombiano, encabezado por Abelardo de la Espriella, ha tomado una decisión que ha generado controversia: la negativa a recibir apoyo de brigadas de rescate internacionales, entre ellas la reconocida agrupación mexicana ‘Los Topos’ de Tlatelolco.
David Tamayo, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Rescates (UNGRD) de Colombia, fue el encargado de comunicar la postura oficial. Según Tamayo, la administración actual solo aceptará ayuda de países que puedan garantizar equipos de búsqueda y rescate reconocidos por el Insarag (Grupo Asesor Internacional de Operaciones de Búsqueda y Rescate de la ONU) y que cuenten con la certificación de sus propios países como personal capacitado bajo estándares internacionales. Esta declaración, si bien apela a la profesionalización y la eficiencia en las labores de rescate, ha sido interpretada por muchos como una barrera, especialmente cuando se considera la trayectoria y experiencia de organizaciones como ‘Los Topos’.
El Criterio de Selección: ¿Estándares o Ideología?
La explicación oficial se centra en la adhesión a protocolos internacionales y la necesidad de que los rescatistas extranjeros solo intervengan cuando los recursos nacionales se vean rebasados. Sin embargo, la lista de países a los que Colombia sí estaría dispuesta a recibir ayuda ha levantado suspicacias. Se mencionan Estados Unidos, Israel, El Salvador y Ecuador, naciones cuyos gobiernos actuales comparten una afinidad ideológica conservadora y que, en el pasado reciente, han mantenido posturas distantes o críticas hacia el expresidente Gustavo Petro y sus políticas.
Esta aparente preferencia por aliados conservadores ha sido el principal punto de crítica. El expresidente Gustavo Petro no tardó en alzar la voz, acusando al gobierno de De la Espriella de imponer un "filtro ideológico" a la ayuda internacional. Petro argumentó en redes sociales que la asistencia humanitaria debe ser universal, un asunto de "la humanidad y por la vida y punto", y que no se debe esperar mucho de la ayuda si esta se restringe por motivos políticos o ideológicos. Su postura subraya la creencia de que, en momentos de crisis extrema, la solidaridad trasciende las diferencias políticas.
La Trayectoria de 'Los Topos' y el Reconocimiento Internacional
La Brigada de Rescate ‘Topos’ Tlatelolco es una organización civil mexicana con una larga y destacada historia en labores de rescate tras desastres naturales, tanto en México como en el extranjero. Su experiencia se forjó en eventos como el sismo de 1985 en la Ciudad de México, y desde entonces han participado en innumerables misiones de auxilio. A pesar de su reconocida labor y su constante estado de preparación para despliegues internacionales, la organización no figura en el listado de equipos reconocidos directamente por el Insarag.
No obstante, ‘Los Topos’ han trabajado en estrecha colaboración con la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios del Sistema de Naciones Unidas (OCHA) y forman parte de la Liga Internacional de Rescate y Asistencia. Además, la propia brigada asegura realizar sus operaciones tácticas siguiendo las guías y metodologías del Insarag, lo que les permite mantener un alto nivel de competencia y coordinación en escenarios de emergencia. La falta de un reconocimiento formal por parte del Insarag, según la fuente, es el principal obstáculo para su aceptación en Colombia bajo los criterios establecidos por la UNGRD.
El Contexto Político y la Reconstrucción
La decisión de Colombia de priorizar ciertos países para la ayuda de rescate se enmarca en un contexto político polarizado. La administración de Abelardo de la Espriella ha buscado distanciarse de la agenda progresista promovida por Gustavo Petro, y la gestión de la crisis sísmica podría estar siendo utilizada como una plataforma para reafirmar esa nueva dirección política. La exclusión de ‘Los Topos’, una organización con un fuerte arraigo en México y una reputación de servicio desinteresado, añade una capa de complejidad a la respuesta humanitaria.
Históricamente, las brigadas de rescate voluntarias, como ‘Los Topos’, han sido pilares fundamentales en la respuesta a desastres a nivel global. Su capacidad para movilizarse rápidamente y su experiencia en operaciones de búsqueda y rescate urbano (USAR) son invaluables. La insistencia en certificaciones específicas, aunque busca garantizar la calidad, puede inadvertidamente excluir a actores clave que, si bien no poseen un aval formal de organismos internacionales como el Insarag, han demostrado su eficacia y compromiso en innumerables ocasiones.
Implicaciones y el Camino a Seguir
La situación plantea interrogantes sobre el futuro de la cooperación internacional en materia de desastres. ¿Se priorizará la afinidad política sobre la necesidad humanitaria? ¿Cómo se garantizará que los criterios de selección no se conviertan en barreras ideológicas? La respuesta del gobierno colombiano, aunque justificada en términos de estándares, deja una puerta abierta a la crítica sobre la politización de la ayuda en momentos de máxima vulnerabilidad.
Mientras tanto, las labores de rescate continúan en Colombia, con la esperanza de encontrar a más sobrevivientes entre los escombros. La comunidad internacional observa atentamente, esperando que la prioridad absoluta sea salvar vidas, independientemente de la bandera o la ideología de quienes ofrecen su ayuda. La experiencia de ‘Los Topos’ y su potencial contribución, ahora en pausa, resalta la importancia de un enfoque más inclusivo y pragmático en la gestión de crisis humanitarias a nivel global.
La decisión de Colombia, en este sentido, podría sentar un precedente. Si bien la profesionalización de las respuestas a desastres es crucial, la exclusión de grupos con probada experiencia bajo el pretexto de certificaciones específicas, especialmente cuando se percibe una inclinación política en la selección de otros países, genera un debate necesario sobre la verdadera naturaleza de la solidaridad internacional en tiempos de adversidad. La reconstrucción física y social de las zonas afectadas será un proceso largo, y la forma en que se gestione la ayuda externa será un factor determinante en su éxito.
El gobierno de De la Espriella enfrenta el desafío de demostrar que su enfoque en estándares internacionales no es una fachada para una agenda política, sino una estrategia genuina para optimizar la ayuda. La presión pública y las críticas de figuras como Petro sugieren que la transparencia y la apertura serán clave para mantener la confianza en el proceso de recuperación. La comunidad internacional, por su parte, deberá evaluar si los mecanismos de certificación actuales son suficientes o si es necesario un replanteamiento que permita la participación de todas las fuerzas capaces de brindar auxilio efectivo.
En última instancia, la tragedia en Colombia es un recordatorio de la interconexión global ante la adversidad. La capacidad de respuesta de una nación ante un desastre de esta magnitud depende no solo de sus propios recursos, sino también de la voluntad y la eficacia de la cooperación internacional. La forma en que se naveguen estas complejidades políticas y logísticas definirá no solo la recuperación de Colombia, sino también el futuro de la ayuda humanitaria en un mundo cada vez más interconectado y, a menudo, dividido.