En un giro diplomático que redefine su política exterior, Colombia ha anunciado su salida del Grupo de La Haya, un bloque internacional enfocado en buscar el fin de la ocupación israelí en territorios palestinos. La decisión, comunicada por el canciller Omar Bula, marca un distanciamiento significativo de la postura adoptada por la administración anterior y un acercamiento decidido hacia Israel.
El gobierno colombiano, encabezado por el presidente conservador Abelardo de la Espriella, ha justificado su retiro argumentando que el Grupo de La Haya fue concebido con el propósito de "aislar y atacar a Israel". Esta declaración subraya un cambio radical en la política exterior del país sudamericano, contrastando fuertemente con la gestión de su predecesor, el progresista Gustavo Petro, quien había roto relaciones diplomáticas con Israel en 2024 y se había convertido en uno de sus críticos más vocales.
Colombia, que fue miembro fundador del Grupo de La Haya desde su establecimiento en enero de 2025, formaba parte de un bloque que incluía a naciones como Bolivia, Cuba, Honduras, Malasia, Namibia, Senegal y Sudáfrica. La iniciativa del grupo buscaba ejercer presión sobre Israel mediante la restricción del suministro de armas y combustible, una estrategia que Colombia ahora parece rechazar explícitamente.
La decisión de Colombia de abandonar el grupo se produce en un contexto de creciente tensión geopolítica en Medio Oriente y tras un cambio de liderazgo en Bogotá. El profesor Rafael Piñeros, experto en Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia, señaló a The Associated Press que el giro en la relación bilateral con Israel fue tan drástico que, al cambiar la política interna, se generó un movimiento proporcional o incluso mayor en la política exterior.
Este realineamiento diplomático se ha materializado también con la inauguración de una nueva embajada colombiana en Jerusalén. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, celebró el evento calificándolo como un "hito diplomático" y declarando que "Colombia está de pie con nosotros". La apertura de esta sede diplomática en la disputada ciudad de Jerusalén ha sido vista como una señal clara del fortalecimiento de los lazos bilaterales entre ambas naciones.
Sin embargo, la decisión de Colombia no ha estado exenta de críticas. Arabia Saudita, a través de su Ministerio de Asuntos Exteriores, calificó la apertura de la embajada en Jerusalén como una "violación del derecho internacional" y un "perjuicio directo del estatus legal e histórico de la Jerusalén ocupada". Esta postura refleja las divisiones internacionales respecto al estatus de la ciudad y las políticas israelíes en los territorios palestinos.
El Grupo de La Haya ha experimentado una disminución en su membresía en los últimos meses. En marzo, Honduras, bajo la presidencia conservadora de Nasry Asfura, y Bolivia, con el gobierno centrista de Rodrigo Paz, anunciaron también su retiro. Ambos países, al igual que Colombia, han procedido a restablecer relaciones diplomáticas con Israel, evidenciando una tendencia regional de reconfiguración de alianzas en Medio Oriente.
La inauguración de la embajada en Jerusalén, según análisis como el del profesor Piñeros, puede interpretarse como un "guiño" tanto a Israel como a Estados Unidos. Esta maniobra se da en un escenario que algunos observadores describen como de "exceso de politización" en las relaciones bilaterales entre Colombia e Israel, especialmente tras las acciones y declaraciones del expresidente Petro.
Históricamente, la política exterior colombiana ha navegado complejas relaciones internacionales, buscando un equilibrio entre sus intereses nacionales y las dinámicas globales. El cambio de rumbo bajo la administración De la Espriella representa una ruptura con la política de su predecesor, quien había adoptado una postura de fuerte crítica hacia Israel, llegando a romper relaciones diplomáticas.
El contexto internacional actual, marcado por conflictos y tensiones en diversas regiones, hace que las decisiones diplomáticas de países como Colombia adquieran una relevancia particular. El fortalecimiento de lazos con Israel, y el consecuente distanciamiento de iniciativas como el Grupo de La Haya, posiciona a Colombia en una nueva órbita geopolítica, cuyas implicaciones a largo plazo aún están por determinarse.
La decisión de Colombia de abrir una embajada en Jerusalén, una ciudad reclamada tanto por israelíes como por palestinos como su capital, es un movimiento audaz que desafía el consenso internacional predominante, el cual aboga por una solución negociada para el estatus final de la ciudad. La mayoría de los países mantienen sus embajadas en Tel Aviv, reconociendo la complejidad del conflicto israelí-palestino.
El canciller Bula, al comunicar la retirada del Grupo de La Haya, enfatizó que Colombia busca una política exterior basada en el respeto mutuo y la cooperación, y que considera que el enfoque del grupo no contribuía a una solución pacífica y justa en la región. Esta declaración sugiere una reorientación hacia un pragmatismo diplomático que prioriza las relaciones bilaterales directas sobre los bloques multilaterales con agendas específicas.
Las repercusiones de esta decisión podrían sentirse en diversos foros internacionales, donde Colombia podría enfrentar un escrutinio mayor por parte de aquellos países que apoyan la causa palestina. Sin embargo, también podría fortalecer su posición ante Israel y sus aliados, abriendo nuevas oportunidades de cooperación económica, tecnológica y de seguridad.
En resumen, el reciente anuncio de Colombia marca un punto de inflexión en su política exterior, alineándose más estrechamente con Israel y distanciándose de iniciativas que buscan presionar a ese país. La apertura de la embajada en Jerusalén y el abandono del Grupo de La Haya son acciones concretas que reflejan una nueva estrategia diplomática, cuyas consecuencias continuarán desarrollándose en el escenario internacional.