Nueve años han transcurrido desde la tragedia que cimbró a México: el colapso del Colegio Rébsamen, un evento que cobró la vida de decenas de niños y adultos, y que hasta la fecha sigue marcado por la impunidad y el olvido oficial. Este año, la conmemoración de la tragedia se ha visto envuelta en un silencio inusual, sin la realización de misas o actos protocolarios por parte de los padres de familia, quienes cargan con el peso de la pérdida y la frustración ante la falta de justicia.

La ausencia de eventos formales este 2026 no debe interpretarse como un decaimiento del dolor o de la memoria. Al contrario, refleja una profunda desilusión y un cansancio acumulado por la lucha incansable de las familias por obtener respuestas y castigos para los responsables. La memoria de los pequeños fallecidos, como Frida Sofía y tantos otros, permanece viva en los corazones de sus seres queridos, pero la esperanza de que el Estado mexicano honre su memoria con acciones concretas parece desvanecerse.

El Eco de la Impunidad

El derrumbe del Colegio Rébsamen, ocurrido el 26 de septiembre de 2017, expuso una red de corrupción y negligencia que permitió la construcción de un edificio sobre un departamento que se había construido de manera irregular, provocando su colapso durante el sismo de magnitud 7.1. La tragedia puso al descubierto la falta de supervisión y la complicidad de autoridades que permitieron que un inmueble inseguro operara, poniendo en riesgo la vida de cientos de niños.

Las investigaciones posteriores, aunque arrojaron luz sobre las irregularidades, no han culminado en la justicia que las familias anhelan. La figura de Mónica Osorio, dueña del colegio, ha sido central en el proceso, pero las sentencias y los avances han sido lentos y, para muchos, insuficientes. La percepción generalizada es que el sistema judicial ha fallado en impartir una justicia ejemplar que sirva como precedente y evite futuras catástrofes.

La Lucha de las Familias

Los padres y madres de las víctimas han sido el motor principal en la búsqueda de justicia. A lo largo de estos nueve años, han organizado protestas, han recurrido a instancias legales y han alzado la voz en los medios de comunicación para mantener viva la memoria de sus hijos y exigir responsabilidades. Su lucha no solo ha sido contra los culpables directos, sino también contra la inercia y la indiferencia de las autoridades.

La falta de actos conmemorativos este año podría ser un reflejo de la desolación que sienten al ver que, a pesar de sus esfuerzos, la justicia parece esquiva. El recuerdo de los niños perdidos se mezcla con la amargura de saber que las estructuras de poder que permitieron esta tragedia siguen, en muchos casos, intactas, y que la memoria de sus hijos corre el riesgo de ser relegada al olvido por un Estado que parece priorizar otros asuntos.

Contexto de Inseguridad y Corrupción

La tragedia del Rébsamen no fue un hecho aislado, sino un síntoma de problemas estructurales más profundos en México, como la corrupción y la falta de regulación efectiva en la construcción y la seguridad. En un país donde la inseguridad y la impunidad son pan de cada día, casos como este evidencian la fragilidad de las instituciones y la vulnerabilidad de la población ante la negligencia y el dolo.

Históricamente, la corrupción ha permeado diversos sectores en México, permitiendo que se ignoren normativas de seguridad y se pongan en riesgo vidas humanas. La construcción de edificios sin los permisos adecuados, la falta de inspecciones rigurosas y la impunidad ante los delitos son factores que se entrelazan, creando un caldo de cultivo para tragedias como la del Rébsamen.

Implicaciones y el Camino a Seguir

La falta de justicia en casos como el del Colegio Rébsamen tiene implicaciones profundas para la sociedad mexicana. Erosiona la confianza en las instituciones, perpetúa un ciclo de impunidad y envía un mensaje peligroso de que las vidas humanas, especialmente las de los más vulnerables, no son una prioridad.

Para las familias, la ausencia de actos conmemorativos este año es un llamado de atención. No se trata de olvidar, sino de una forma de expresar su desesperación ante un sistema que no les ha brindado el consuelo de la justicia. La memoria de los niños fallecidos merece ser honrada no solo con recordatorios, sino con acciones concretas que garanticen que tragedias como esta no se repitan.

El camino a seguir para las familias, aunque arduo, no ha terminado. La lucha por la justicia es un proceso largo y desgastante, pero la memoria de sus hijos les da la fuerza para continuar. La sociedad, por su parte, debe recordar y exigir que las autoridades cumplan con su deber de proteger a la ciudadanía y de garantizar que los responsables de tales atrocidades rindan cuentas.

La memoria del Colegio Rébsamen debe servir como un recordatorio constante de la necesidad de fortalecer las instituciones, combatir la corrupción y priorizar la seguridad y el bienestar de todos los ciudadanos. La justicia, aunque tardía, es un derecho inalienable de las víctimas y un pilar fundamental para la reconstrucción del tejido social.