El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) se ha consolidado como una fuerza paramilitar que empequeñece a ejércitos de naciones desarrolladas. Estimaciones del gobierno de Estados Unidos revelan que esta organización criminal cuenta con un contingente de entre 15 mil y 20 mil elementos activos, una cifra que supera las capacidades militares de países como Suecia o Dinamarca, cuyas fuerzas armadas rondan los 16 mil efectivos.
Esta magnitud pone al CJNG en una posición de poderío militar que rivaliza con ejércitos nacionales, e incluso supera a naciones como Paraguay, que cuenta con 20 mil elementos, y duplica a Irlanda, con sus 8 mil 500 soldados.
El Poderío Criminal en Cifras
Según una evaluación del Centro Nacional Contra el Terrorismo de Estados Unidos (NCTC), el CJNG no solo es el grupo criminal más grande de México, sino que lidera una lista de organizaciones con capacidades bélicas significativas. Le siguen La Nueva Familia Michoacana, con aproximadamente cinco mil integrantes, y el Cártel del Noreste (sucesores de Los Zetas), con alrededor de mil miembros.
La "Guía Antiterrorista" del NCTC, actualizada recientemente tras la designación de varios cárteles mexicanos como organizaciones terroristas extranjeras por parte de EE.UU., también menciona al Cártel de Sinaloa, el Cártel del Golfo, el Cártel de Juárez, y grupos como Cárteles Unidos y Los Viagra. Aunque los datos para algunos de estos aún están en proceso de recolección, se advierte que sus efectivos "probablemente son miles".
Un Enemigo Global
El informe del NCTC subraya la naturaleza expansiva y violenta del CJNG, señalando que disputa el liderazgo criminal con el Cártel de Sinaloa y es responsable de una parte considerable del tráfico de drogas hacia Estados Unidos, incluyendo el letal fentanilo. Su presencia se extiende por toda Norteamérica y se ha documentado en Europa, Asia, África y Australia, consolidándolo como una amenaza transnacional.
La organización no solo siembra terror a través de la violencia explícita, sino que también ejerce una influencia corruptora sobre las instituciones. El reporte destaca que el CJNG "coacciona o incentiva a jueces, fiscales, políticos y fuerzas de seguridad locales, estatales y federales para facilitar sus actividades ilícitas". Esta infiltración institucional representa uno de los mayores desafíos para el Estado de derecho.
El Rostro de la Violencia Extrema
El CJNG es tristemente célebre por sus métodos brutales, que incluyen ejecuciones públicas, el uso de coches bomba y el asesinato de figuras políticas. El magnicidio del exgobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, ocurrido el 18 de diciembre de 2020, es un sombrío recordatorio de su capacidad para golpear al Estado. Asimismo, el atentado contra Omar García Harfuch, entonces Secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, el 26 de junio de 2020, evidenció la audacia del cártel al lanzar un ataque con más de 400 disparos calibre .50, del cual Harfuch sobrevivió milagrosamente gracias al blindaje de su vehículo.
Contexto de Inseguridad y Debilidad Institucional
La existencia y el poderío de organizaciones como el CJNG son un reflejo directo de la persistente crisis de inseguridad que azota a México. A pesar de los esfuerzos gubernamentales, la capacidad de estos grupos para reclutar, armar y operar con tal magnitud pone en entredicho la efectividad de las estrategias de seguridad implementadas hasta la fecha. La infiltración del crimen organizado en diversos niveles de gobierno, como lo señala el reporte del NCTC, debilita las instituciones y perpetúa un ciclo de violencia e impunidad.
Históricamente, la lucha contra el narcotráfico en México ha sido un desafío complejo, marcado por la corrupción, la violencia y la constante adaptación de los grupos criminales. La aparición y expansión de cárteles como el CJNG, con estructuras y capacidades que rivalizan con ejércitos nacionales, representa una escalada en esta confrontación, exigiendo respuestas más contundentes y estrategias innovadoras que aborden no solo la erradicación de cultivos o la captura de líderes, sino también la desarticulación de sus redes financieras y de corrupción.
Las implicaciones de este poderío criminal van más allá de las fronteras mexicanas. La designación del CJNG como organización terrorista extranjera por parte de Estados Unidos subraya la preocupación internacional ante la amenaza que representa. La capacidad del cártel para influir en la política y la economía, tanto a nivel nacional como internacional, genera inestabilidad y representa un riesgo para la seguridad global.
Analistas señalan que la estrategia de seguridad debe enfocarse en fortalecer el Estado de derecho, depurar las instituciones de corrupción y ofrecer alternativas económicas y sociales a las comunidades vulnerables, que a menudo son el caldo de cultivo para el reclutamiento de jóvenes por parte de estos grupos. La magnitud del CJNG exige una respuesta coordinada y multifacética, que involucre no solo a las fuerzas de seguridad, sino también a la sociedad civil y a la comunidad internacional.
La comparación del CJNG con ejércitos nacionales no es meramente una hipérbole; es un reflejo de la realidad operativa de un grupo que ha logrado construir una estructura militarizada, capaz de desafiar al Estado y proyectar su poder a escala global. La pregunta que surge es si las estrategias actuales son suficientes para contener y desmantelar a una organización de esta envergadura, o si se requiere un replanteamiento radical de la política de seguridad.
La continua violencia y la capacidad de reclutamiento del CJNG sugieren que la guerra contra el crimen organizado está lejos de terminar. La magnitud de su "ejército" es un testimonio de la profunda penetración del crimen en el tejido social y político de México, un problema que requiere atención urgente y soluciones sostenibles para recuperar la paz y la seguridad en el país.
La capacidad del CJNG para operar con tal número de efectivos y su alcance internacional plantean serias dudas sobre la soberanía y la capacidad del Estado mexicano para controlar su territorio y garantizar la seguridad de sus ciudadanos. La situación exige una evaluación crítica de las políticas de seguridad y una voluntad política férrea para enfrentar a un enemigo que ha demostrado una capacidad de adaptación y resiliencia alarmantes.
En este contexto, la designación del CJNG como organización terrorista extranjera por parte de EE.UU. es un paso significativo, pero la verdadera batalla se libra en el terreno, desmantelando sus operaciones, cortando sus fuentes de financiamiento y, crucialmente, combatiendo la corrupción que le permite operar con impunidad.