En 1983, México tuvo el honor de recibir a la Reina Isabel II, una visita que no solo marcó un hito diplomático, sino que también dejó una huella imborrable en el ámbito gastronómico gracias a la intervención de la reconocida chef mexicana Susana Palazuelos.

La tía del famoso actor Roberto Palazuelos, quien se ha consolidado como una figura prominente en la promoción de la cocina nacional, fue la encargada de diseñar y ejecutar un menú especial para la soberana británica durante su estancia en Acapulco, Guerrero. El evento se llevó a cabo en el emblemático Museo Histórico Fuerte de San Diego, un lugar que, a pesar de su valor histórico, presentaba un estado de conservación precario en aquel entonces.

Susana Palazuelos, con tan solo 38 años en ese momento, aceptó el desafío propuesto por el entonces presidente Miguel de la Madrid. Su visión fue clara: transformar un espacio deteriorado en un escenario digno de una visita real, dotándolo de la elegancia y el protocolo necesarios para tan distinguido evento. La chef relató en una entrevista para Cuna de Grillos con Alberto Tavira cómo se organizó la logística, incluyendo la adecuación del inmueble con plantas y una iluminación especial para disimular las imperfecciones.

La llegada del Britannia, el majestuoso yate real británico, frente a las costas de Acapulco, fue el preludio de una velada que prometía ser inolvidable. La expectativa era alta, no solo por la presencia de la Reina Isabel II, sino también por la propuesta culinaria que Susana Palazuelos había preparado.

Lejos de recurrir a platillos internacionales o recetas europeas, la chef optó por una audaz estrategia: exhibir la riqueza y diversidad de la gastronomía mexicana. Su objetivo era presentar a la monarca sabores y texturas poco comunes para el paladar británico, reafirmando su compromiso de toda la vida con la difusión de la cocina de su país.

El menú diseñado por Palazuelos comenzó con una selección de antojitos mexicanos, cuidadosamente elaborados para ofrecer una probada auténtica de la cultura culinaria local. Entre las opciones se encontraban picaditas, tacos dorados y quesadillas, platillos que representan la esencia de la comida callejera y casera de México.

La experiencia continuó con platillos más elaborados y sofisticados. Se sirvieron sopa de flor de calabaza con rajas, un clásico reconfortante de la cocina mexicana. El plato fuerte incluyó una langosta preparada con una salsa especial de la madre de la chef, acompañada de una mayonesa de alcaparras y aceitunas, una fusión de sabores que combinaba la exquisitez del marisco con toques mediterráneos.

Para añadir un toque de originalidad y sorpresa, se presentó un huevo relleno adornado con caviar, un manjar que denota lujo y refinamiento. La ensalada, por su parte, incorporó una piña silvestre, un ingrediente exótico proveniente de las sierras cercanas a Acapulco, aportando un dulzor natural y distintivo.

El broche de oro lo puso un postre a base de la misma piña regional, servido en forma de sorbete, una opción refrescante y ligera. Este postre fue maridado con Grand Marnier, un licor francés de renombre, creando una armonía perfecta entre los sabores mexicanos y un toque de sofisticación europea.

La reacción de la Reina Isabel II ante este despliegue culinario fue sumamente positiva. Según relató la propia chef, la monarca disfrutó cada uno de los platillos al punto de “limpiar el plato”, una señal inequívoca de su satisfacción. Este gesto, acompañado de elogios de la delegación mexicana, encabezada por el presidente de la Madrid, consolidó el éxito del banquete.

La impresión dejada por la comida fue tan favorable que, al finalizar el evento, Susana Palazuelos recibió un reconocimiento especial por parte de la delegación mexicana. Se le calificó como la responsable del “mejor banquete” servido a la Reina Isabel II en sus dos visitas a México, un logro que subraya la maestría y dedicación de la chef.

La anécdota se ha mantenido viva en la memoria colectiva y en las redes sociales, donde la propia chef ha compartido detalles de esta experiencia, confirmando que la Reina Isabel II no solo disfrutó la comida, sino que literalmente se “chupó los dedos” ante el deleite.

Susana Palazuelos Rosenzweig, originaria de Acapulco, Guerrero, es una figura consolidada en el mundo de la gastronomía mexicana. Con más de cuatro décadas de trayectoria, no solo se ha destacado en el ámbito de los banquetes y eventos, sino que también ha sido una embajadora incansable de la cocina nacional en festivales y encuentros gastronómicos alrededor del mundo, demostrando que la comida mexicana tiene el poder de conquistar hasta a las figuras más exigentes del escenario internacional.

Esta memorable cena no solo resalta el talento de Susana Palazuelos, sino que también pone de manifiesto la riqueza y el potencial de la gastronomía mexicana para cautivar paladares de todas partes del mundo, incluso el de una de las figuras más reconocidas de la realeza.