La Secretaría de Movilidad (Semovi) de la Ciudad de México ha lanzado una señal de alerta al admitir que las cifras sobre la cantidad de vehículos de movilidad personal (VMPs) en circulación son, cuanto menos, imprecisas. Hasta la fecha, solo se han registrado oficialmente 2 mil de estas unidades, una cifra que contrasta drásticamente con la percepción general de su omnipresencia en las calles de la capital.
El problema fundamental radica en la falta de un censo confiable. Las autoridades de la Semovi han reconocido abiertamente que desconocen el número exacto de bicicletas y patinetas eléctricas que recorren a diario las avenidas y ciclovías de la metrópoli. Esta laguna informativa impide determinar cuántas unidades están operando de manera irregular, es decir, sin cumplir con el registro obligatorio.
Un Registro Insuficiente ante la Realidad Urbana
El programa de registro de VMPs, implementado con el objetivo de regular y dar certeza a la movilidad en la ciudad, parece haber captado solo una fracción mínima del universo real de estos vehículos. La meta de registrar 2 mil unidades, si bien alcanzada, se queda corta ante la avalancha de estos dispositivos que se han convertido en una alternativa de transporte cada vez más popular, especialmente entre los jóvenes y para trayectos cortos.
La falta de datos precisos sobre la cantidad de VMPs en circulación genera múltiples interrogantes y desafíos para la gestión urbana. ¿Cómo se puede planificar la infraestructura ciclista si no se sabe cuántos usuarios la utilizarán? ¿Cómo se garantiza la seguridad vial si una gran parte de los vehículos no están identificados ni sujetos a normativas claras?
Implicaciones en Seguridad y Planeación Vial
La opacidad en las cifras de VMPs registradas y en circulación tiene implicaciones directas en la seguridad. Sin un registro exhaustivo, se dificulta la identificación de vehículos involucrados en incidentes de tránsito, así como la aplicación de sanciones en caso de infracciones. La Semovi, al no tener un panorama claro, se encuentra en una posición vulnerable para ejercer su labor de regulación y supervisión efectiva.
Históricamente, la Ciudad de México ha enfrentado retos significativos en la integración de nuevas formas de movilidad. La irrupción de los VMPs, si bien responde a una demanda de alternativas sostenibles y eficientes, ha superado en muchos casos la capacidad de las autoridades para establecer marcos regulatorios claros y aplicables.
El Contexto de la Movilidad Personal en la Capital
En contexto, la Ciudad de México ha buscado activamente promover el uso de la bicicleta y otros medios de transporte no motorizados como parte de su estrategia para reducir la congestión vehicular y la contaminación. La proliferación de servicios de bicicletas y patinetas compartidas, así como la creciente adopción de unidades privadas, son testimonio de esta tendencia.
Sin embargo, la falta de un censo detallado y actualizado de estos vehículos plantea un obstáculo considerable para la consecución de estos objetivos. La Semovi se enfrenta al reto de no solo incentivar el registro, sino también de implementar mecanismos más efectivos para censar la totalidad de los VMPs que circulan en la urbe.
¿Qué Sigue para la Regulación de VMPs?
Ante este escenario, es previsible que la Semovi deba redoblar esfuerzos para mejorar sus sistemas de registro y monitoreo. Esto podría incluir campañas de concientización más intensivas, la simplificación de los trámites de registro, o incluso la implementación de tecnologías que permitan un rastreo más preciso de las unidades.
La falta de datos concretos sobre la cantidad de VMPs en circulación no solo es un problema administrativo, sino que también refleja un desafío mayor en la gestión de la movilidad urbana en una de las ciudades más grandes y complejas del mundo. La transparencia y la precisión en las cifras son fundamentales para una toma de decisiones informada y para garantizar un entorno de movilidad seguro y eficiente para todos los ciudadanos.
La situación actual subraya la necesidad de una estrategia integral que aborde tanto la promoción de la movilidad sostenible como la regulación efectiva de los nuevos actores que participan en ella. Sin un conocimiento claro de la magnitud del fenómeno, cualquier política pública en materia de VMPs corre el riesgo de ser ineficaz o, peor aún, contraproducente.
La Semovi, en su rol de ente rector de la movilidad, tiene la encomienda de cerrar esta brecha de información. La ciudadanía espera respuestas claras y acciones concretas que permitan transitar hacia un modelo de movilidad más ordenado y seguro, donde los vehículos de movilidad personal jueguen un papel importante pero debidamente regulado.
La cifra de 2 mil registros oficiales se presenta como un punto de partida, pero la realidad palpable en las calles sugiere que la tarea de censar y regular los VMPs apenas comienza. La falta de datos precisos es un llamado de atención sobre la complejidad de gobernar una metrópoli en constante evolución y adaptación a nuevas dinámicas de transporte.