A pesar de no alzar la copa del Mundial 2026, la pasión argentina se desbordó en las calles de Buenos Aires y otras ciudades. La derrota ante España en la final, si bien amarga, no impidió que miles de ciudadanos salieran a las calles para celebrar el esfuerzo de su selección y el camino recorrido en el torneo.

Sin embargo, lo que comenzó como una muestra de apoyo y agradecimiento, especialmente hacia el capitán Lionel Messi, derivó en escenas de caos y violencia. El Obelisco, tradicional punto de encuentro, se convirtió en el epicentro de una celebración que, para muchos, terminó en tragedia.

La euforia se desata en violencia

La noche del domingo se tiñó de luto y confrontación. En el Obelisco, miles de personas se congregaron para cantar, bailar y encender fuegos artificiales, creando un ambiente de fiesta que se extendió a otros barrios emblemáticos de la capital argentina. La música electrónica y los cánticos de las hinchadas resonaban en el aire, un reflejo de la profunda conexión del país con el fútbol.

Pero la celebración se vio empañada por actos vandálicos y enfrentamientos. La policía intervino con gases lacrimógenos, agua y balas de goma para dispersar a un grupo que protagonizó disturbios, resultando en al menos 15 detenciones. Siete agentes de seguridad también resultaron heridos en los choques.

Dos vidas truncadas por la celebración

La gravedad de los incidentes se hizo evidente con la confirmación de dos muertes. En Rosario, ciudad natal de Lionel Messi, una mujer identificada como Érica Silvana M. perdió la vida al caer de la caja de una camioneta en movimiento mientras participaba en una caravana de festejo. En Neuquén, al sur del país, un hombre falleció y otras tres personas sufrieron heridas graves tras la explosión de un artefacto pirotécnico.

Estos trágicos sucesos ponen de manifiesto los peligros de una euforia descontrolada y la necesidad de mantener el orden público incluso en momentos de celebración colectiva.

Un recibimiento oficial modificado

El gobierno del presidente Javier Milei había contemplado inicialmente un operativo especial para recibir a la selección y hasta se había especulado con la posibilidad de decretar un feriado nacional. Sin embargo, los planes sufrieron un giro inesperado.

Fuentes de la Casa Rosada, citadas por el diario Clarín, informaron que las celebraciones oficiales se limitarían a un recibimiento de honor en el aeropuerto internacional de Ezeiza. La decisión, según se indicó, obedeció a un pedido de los propios jugadores y del cuerpo técnico, quienes no mostraban el ánimo para grandes festejos y, además, varios futbolistas no regresarían en el mismo vuelo.

Ausencias notables y regreso parcial

La ausencia de Lionel Messi y de otros jugadores clave en la comitiva que regresaría a Buenos Aires fue un factor determinante para la modificación de los planes. La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) emitió un comunicado informando que solo una parte de la delegación, integrada por jugadores, cuerpo técnico y staff, volvería a la capital.

El avión que transportaba a los futbolistas desde Nueva York estaba previsto para aterrizar en Ezeiza alrededor de las 18:30 locales. Sin embargo, se confirmó que no habría recepción armada ni convocatoria a medios. En el aeropuerto se desplegó un operativo policial de prevención, y se anticipó que algunos futbolistas se dirigirían directamente desde Estados Unidos a sus destinos para reincorporarse a sus clubes o iniciar su período de descanso.

Entre los jugadores que se esperaba que aterrizaran en Buenos Aires se encontraban Emiliano 'Dibu' Martínez, Julián Álvarez, Enzo Fernández, Cuti Romero, Lautaro Martínez y Alexis Mac Allister. La AFA no precisó la decisión de Messi, pero la prensa local descartó su regreso junto con el resto del plantel. Se especulaba también con la ausencia del director técnico Lionel Scaloni.

Contexto de pasión y decepción

La reacción de los aficionados argentinos, a pesar de la derrota, subraya la profunda conexión emocional que el país tiene con su selección nacional. El subcampeonato, si bien no es el título soñado, representa un logro significativo en un torneo de la magnitud de la Copa del Mundo.

Históricamente, las celebraciones deportivas en Argentina han sido eventos masivos que reflejan la identidad nacional. Sin embargo, estos eventos también pueden ser un caldo de cultivo para la desorganización y la violencia si no se gestionan adecuadamente, como lo demuestran los disturbios ocurridos.

Implicaciones y el futuro inmediato

Los incidentes ocurridos tras la final del Mundial plantean interrogantes sobre la gestión de eventos masivos y la contención de la violencia en contextos de alta emotividad. La respuesta de las autoridades y la actitud de los aficionados serán clave para evitar que situaciones similares se repitan.

La modificación del recibimiento oficial, aunque comprensible dada la ausencia de figuras clave y el ánimo general, también puede ser interpretada como una señal de la complejidad de manejar las expectativas y las emociones de una nación entera. El foco ahora se traslada a la reincorporación de los jugadores a sus clubes y al inicio de un nuevo ciclo para la selección argentina, mientras el país procesa la decepción y la euforia de un Mundial que, una vez más, mantuvo a todos al borde del asiento.