La carrera por albergar la creciente demanda de centros de datos en México está llevando la mirada más allá de Querétaro, el actual líder indiscutible. Ciudades costeras como Cancún y Veracruz emergen como contendientes serios, atraídas por la presencia estratégica de estaciones de amarre de cables submarinos que conectan al país con el tráfico global de información. Sin embargo, este potencial se ve ensombrecido por un obstáculo mayúsculo y recurrente: la insuficiente capacidad del suministro eléctrico y la complejidad de mantener operativas estas instalaciones de alta tecnología en climas adversos.

Gustavo Pérez, director de desarrollo para Latinoamérica de Vertiv, una empresa especializada en infraestructura digital crítica, señala que el sureste mexicano se perfila como una región prometedora para la expansión de data centers. Esta proyección no se basa únicamente en el crecimiento inmobiliario, sino en la posición geográfica privilegiada de estas ciudades, que actúan como nodos de conexión para cables submarinos internacionales. Estos cables, esenciales para el flujo de datos a nivel mundial, comparten requisitos técnicos, energéticos y de seguridad con los centros de procesamiento de información, lo que los convierte en una base sólida para el desarrollo de nueva infraestructura.

Adriana Rivera, directora ejecutiva de la Asociación Mexicana de Data Centers (Mexdc), subraya que el valor del sureste mexicano trasciende su capacidad instalada actual. Su papel en la arquitectura digital regional es fundamental, ya que estos nodos costeros no solo pueden servir al mercado nacional, sino también a clientes y operaciones en el Caribe, Centroamérica y otras zonas de la región. La diversificación geográfica que impulsan los cables submarinos es clave, ya que actualmente el 31% de los data centers en México se concentran en Querétaro. Invertir en Cancún y Veracruz permitiría descentralizar esta derrama económica y tecnológica.

No obstante, el acceso a energía eléctrica se mantiene como el principal cuello de botella. "La infraestructura eléctrica, al igual que en todo el mundo, es el cuello de botella más apremiante de la industria", admite Pérez. "Específicamente, las redes de transmisión y distribución necesarias para abastecer de forma continua a instalaciones de alto consumo energético". La falta de capacidad eléctrica suficiente, incluso con una ubicación estratégica, conectividad internacional y demanda creciente, impide el desarrollo de proyectos a gran escala, como lo complementa Rivera.

La coordinación con la Comisión Federal de Electricidad (CFE), el único proveedor de redes de transmisión y distribución en México, es crucial. Recientemente, la CFE y la Mexdc acordaron la implementación de tres planes piloto para asegurar 1,705 megavatios de potencia eléctrica para la industria para 2031, destinados a Polos de Desarrollo. Aunque los sitios específicos de estos proyectos aún no se han hecho públicos, las prioridades son claras: fortalecer la red de transmisión regional, construir nuevas subestaciones con capacidad de crecimiento, ampliar la infraestructura de distribución y agilizar los mecanismos de interconexión.

Rivera destaca que el sureste tiene una ventaja competitiva en la generación de energía renovable, un factor cada vez más valorado por los grandes operadores globales. Sin embargo, el desafío energético no es el único. Pérez señala que las elevadas temperaturas y la humedad en entidades tropicales como Quintana Roo y Veracruz hacen ineficientes los sistemas tradicionales de enfriamiento por aire, lo que acelera la necesidad de adoptar soluciones de refrigeración líquida directamente aplicadas a los procesadores.

"No hay manera de poder extraer ese calor de los chips de los servidores más que con refrigeración líquida", afirma Pérez, aclarando que esto no implica un consumo masivo de agua potable, sino la adopción de nuevos métodos a través de circuitos cerrados de acondicionamiento térmico. Las condiciones climáticas del sureste exigen sistemas de intercambio térmico más robustos, controles avanzados para prevenir la condensación y el uso de materiales resistentes a la corrosión, además de estrategias de mantenimiento especializadas para garantizar la operación continua de la infraestructura crítica.

Ante estas exigencias, las empresas están implementando nuevas tecnologías. Odata Colocation, por ejemplo, ha introducido en México su tecnología DeltaFlow, un circuito cerrado que utiliza refrigerante para una gestión térmica constante. Iniciativas más ambiciosas, como el primer centro de datos submarino comercial abierto en China, proponen el enfriamiento directo con agua de mar, lo que representa un ahorro energético significativo y una solución innovadora para las condiciones climáticas extremas.

La diversificación geográfica de los centros de datos es una tendencia global impulsada por la saturación de los mercados existentes y la búsqueda de eficiencias operativas. México, con su vasta costa y su creciente demanda tecnológica, tiene el potencial de convertirse en un jugador importante en este escenario. Sin embargo, la materialización de este potencial depende en gran medida de la capacidad del país para superar las barreras de infraestructura, especialmente en lo que respecta al suministro eléctrico y a la implementación de sistemas de enfriamiento avanzados y eficientes.

El desarrollo de data centers en Cancún y Veracruz no solo representa una oportunidad económica y tecnológica para estas regiones, sino también un desafío para la planeación energética y de infraestructura a nivel nacional. La colaboración entre el sector privado, la CFE y los gobiernos estatales será fundamental para asegurar que estas ciudades costeras puedan capitalizar su ventaja geográfica y convertirse en centros neurálgicos de procesamiento de datos, sin comprometer la estabilidad y la eficiencia de sus redes eléctricas.

La industria de centros de datos en México está en un punto de inflexión. Si bien la conectividad internacional a través de cables submarinos ofrece una ventaja competitiva clara para las zonas costeras, la resolución de los problemas de suministro eléctrico y la adaptación a las condiciones climáticas locales son pasos ineludibles para asegurar su crecimiento y consolidación a largo plazo.

El futuro de los data centers en México se jugará en gran medida en la capacidad de su infraestructura para soportar la demanda energética y térmica. Cancún y Veracruz, con su acceso a cables submarinos, tienen el potencial de ser los próximos grandes polos, pero solo si logran superar las barreras que hoy frenan su desarrollo y que son comunes a la industria a nivel global.

La inversión en la modernización y expansión de las redes de transmisión y distribución eléctrica, así como en la adopción de tecnologías de enfriamiento de vanguardia, serán determinantes para que estas ciudades costeras puedan competir eficazmente y atraer las inversiones necesarias para el desarrollo de centros de datos de clase mundial.

En última instancia, el éxito de Cancún y Veracruz como futuros centros de datos dependerá de una estrategia integral que aborde tanto la conectividad como la sostenibilidad energética y operativa, asegurando así su viabilidad a largo plazo en un mercado cada vez más competitivo.