La administración de Claudia Sheinbaum ha lanzado una ofensiva de comunicación para destacar una supuesta disminución del 46% en los homicidios dolosos entre septiembre de 2024 y mayo de 2026. Según cifras presentadas en su conferencia matutina, el promedio diario de víctimas mortales habría pasado de 86.9 a 47.3, la cifra más baja para un mes de mayo en los últimos 12 años. La mandataria atribuye estos supuestos logros a la "Estrategia Nacional de Seguridad" y al "trabajo coordinado" de su Gabinete, al que califica de "servidores públicos excepcionales".
Sin embargo, un análisis crítico de estas cifras revela un panorama mucho más complejo y preocupante. Si bien la reducción porcentual puede ser estadísticamente cierta en los datos presentados, ignora la persistencia de la violencia y la profunda infiltración del crimen organizado en diversas regiones del país. La narrativa oficial busca pintar un cuadro de éxito rotundo, pero la realidad sobre el terreno dista mucho de ser un triunfo absoluto.
La "Estrategia Nacional de Seguridad", heredada y presumiblemente continuada por la administración actual, ha sido objeto de severas críticas por su enfoque en "atender las causas" en detrimento de una acción frontal y contundente contra los grupos criminales. Si bien se reportan más de 56 mil detenciones en el periodo reciente, incluyendo 57 "generadores de violencia", la pregunta fundamental es: ¿cuántos de estos detenidos han sido reemplazados o cuántos líderes de alto perfil han sido realmente neutralizados de forma permanente?
La propia Sheinbaum ha rechazado enérgicamente las versiones sobre una "supuesta falta de acciones contra grupos criminales", pero sus declaraciones contrastan con la percepción generalizada de impunidad y la continua disputa territorial entre cárteles. La cifra de 56 mil 134 detenidos en poco más de un año y medio, comparada con las 95 mil 19 personas detenidas durante todo el sexenio de Andrés Manuel López Obrador (incluyendo 39 "objetivos relevantes"), podría parecer impresionante, pero la efectividad real de estas capturas es lo que debe ser escrutado.
La secretaria ejecutiva del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Marcela Figueroa Franco, ha validado la estadística, señalando que mayo de 2026 registró el promedio diario de homicidios más bajo de los últimos 12 años. El promedio de enero a mayo de 2026, con 50.4 casos diarios, también se presenta como la cifra más baja desde 2016. Estos datos, presentados de forma aislada, buscan consolidar la narrativa de un México más seguro bajo el liderazgo de Sheinbaum.
No obstante, es crucial recordar que las estadísticas de homicidios dolosos, si bien son un indicador importante, no capturan la totalidad de la violencia que azota al país. La extorsión, el secuestro, el cobro de piso, las desapariciones forzadas y la violencia contra mujeres y periodistas continúan siendo problemas graves que afectan la vida cotidiana de millones de mexicanos. La "reducción" en homicidios podría deberse, en parte, a una reconfiguración de las dinámicas criminales o a una mayor capacidad de los grupos para operar con menor confrontación directa, no necesariamente a una erradicación del problema.
La administración de la "Cuarta Transformación", y ahora la de Sheinbaum, ha insistido en que sus políticas de seguridad están dando frutos. Sin embargo, la persistencia de masacres, enfrentamientos entre grupos criminales y la presencia visible de armamento en diversas regiones del país contradicen la imagen de un control efectivo. La "honestidad" que Sheinbaum invoca como pilar de sus resultados es precisamente lo que exige una transparencia total y una autocrítica profunda sobre las fallas del sistema de seguridad.
La comparación con el sexenio anterior, donde se reportaron 95 mil 19 detenciones, incluyendo 39 objetivos relevantes, frente a las 56 mil 134 detenciones y 57 generadores de violencia en el periodo actual, busca resaltar un avance. Sin embargo, la efectividad de estas detenciones y el impacto real en la desarticulación de las estructuras criminales son las verdaderas métricas de éxito, no solo el número de aprehensiones. ¿Cuántos de esos "generadores de violencia" han sido sustituidos y cuántos más operan con impunidad?
El Gabinete de Seguridad, que se reúne diariamente para revisar un tablero de seguimiento con información de fiscalías estatales y federales, opera bajo un esquema de monitoreo constante. Si bien esta metodología permite una visión detallada de los indicadores, la interpretación de los datos y las acciones subsecuentes son las que definen el éxito o el fracaso. La presentación de gráficas y mapas actualizados puede ser un ejercicio técnico, pero no garantiza la seguridad real de los ciudadanos.
La narrativa oficial busca presentar una disminución de casi la mitad de los homicidios dolosos desde el inicio de la administración. Este dato, aunque estadísticamente presentado, debe ser contextualizado. La violencia en México es un fenómeno multifacético y profundamente arraigado. Reducir la discusión a una simple estadística de homicidios, sin abordar las causas estructurales, la corrupción y la debilidad institucional, es una simplificación peligrosa que puede llevar a una falsa sensación de seguridad.
La administración de Sheinbaum enfrenta el desafío de demostrar que la reducción de homicidios no es un espejismo estadístico, sino el resultado de una estrategia integral y efectiva que va más allá de las cifras. La confianza ciudadana se construye con resultados tangibles y una seguridad que se sienta en las calles, no solo en los comunicados oficiales. La persistencia de la violencia y la operación de grupos criminales a plena luz del día son un recordatorio constante de que la batalla por la paz y la seguridad en México está lejos de haber terminado.
La "Estrategia Nacional de Seguridad" y el "trabajo coordinado" son términos que se repiten, pero la efectividad de estas acciones debe ser medida por su impacto real en la vida de las personas. La detención de miles de individuos, incluyendo supuestos "generadores de violencia", debe traducirse en una disminución palpable de la criminalidad y en la recuperación del Estado de derecho en todas las regiones del país. De lo contrario, las cifras presentadas por el gobierno solo servirán para maquillar una realidad que sigue siendo sombría para muchos mexicanos.
En definitiva, mientras la administración de Claudia Sheinbaum celebra cifras que apuntan a una menor letalidad, la sociedad mexicana exige respuestas contundentes y una estrategia de seguridad que no solo reduzca estadísticas, sino que erradique la violencia y garantice la paz. La opacidad en ciertos aspectos de la lucha contra el crimen y la persistencia de grupos delictivos organizados plantean serias dudas sobre la profundidad y sostenibilidad de los supuestos avances.