La euforia por la Copa del Mundo de la FIFA 2026 se ha visto empañada por la creciente ola de robos de teléfonos celulares, un delito que se ha convertido en el pan de cada día en los puntos de reunión masiva de la Ciudad de México. Lugares emblemáticos como el Fan Fest del Zócalo y el área del Ángel de la Independencia, que deberían ser espacios seguros para la convivencia familiar y el disfrute deportivo, se han transformado en escenarios propicios para la acción de la delincuencia organizada.

La Fiscalía General de Justicia (FGJ) capitalina ha confirmado la apertura de 92 carpetas de investigación relacionadas con este ilícito, una cifra que, si bien podría parecer manejable en el contexto de eventos masivos, revela una tendencia preocupante y una clara vulnerabilidad en la seguridad pública. La mayoría de estos robos, según reportes preliminares, se ejecutan bajo la modalidad de "conejeros" o "chupacabras", donde grupos de delincuentes operan de manera coordinada para sustraer los dispositivos de los bolsillos o mochilas de los asistentes, a menudo sin que estos se percaten de inmediato.

Las autoridades han logrado la recuperación de 44 teléfonos móviles hasta el momento, lo que sugiere que una parte significativa de los objetos robados no llega a ser recuperada, alimentando el mercado negro de dispositivos y generando pérdidas considerables para los ciudadanos afectados. La falta de una estrategia de seguridad más robusta y visible en estos puntos de alta concentración de personas es evidente, y la respuesta de las autoridades parece ser reactiva en lugar de preventiva.

Este fenómeno no es nuevo en la Ciudad de México, pero la magnitud con la que se presenta durante los festejos mundialistas pone de manifiesto la incapacidad de las autoridades para garantizar la seguridad en eventos de gran escala. La narrativa oficial de una ciudad segura y vibrante para el turismo y los eventos internacionales choca frontalmente con la realidad que viven miles de ciudadanos y visitantes, quienes se convierten en víctimas de la inseguridad.

La Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) ha desplegado operativos y patrullajes en las zonas de mayor afluencia, buscando disuadir a los delincuentes y brindar atención a las víctimas. Sin embargo, la efectividad de estas medidas es cuestionable cuando los robos continúan ocurriendo a pesar de la presencia policial. La coordinación entre la SSC y la FGJ es crucial para desarticular las redes de robo de celulares, pero hasta ahora, los resultados son insuficientes para generar un cambio real.

Expertos en seguridad señalan que la falta de personal policial capacitado y suficiente, así como la limitada inteligencia para detectar y prevenir la operación de grupos delictivos, son factores clave que contribuyen a esta problemática. Además, la impunidad que rodea a este tipo de delitos, donde muchos casos no llegan a sentencia o las penas son mínimas, incentiva a los delincuentes a seguir operando.

La situación genera un ambiente de desconfianza y temor entre los asistentes, quienes deben estar en constante alerta, lo que inevitablemente resta disfrute a la experiencia de seguir los partidos en compañía de otros aficionados. La imagen que se proyecta de la Ciudad de México a nivel internacional se ve seriamente afectada, pues los incidentes de inseguridad son rápidamente difundidos en redes sociales y medios de comunicación.

La oposición política ha aprovechado la coyuntura para criticar la gestión de la seguridad en la capital, señalando que la administración actual ha fallado en su encomienda de proteger a los ciudadanos. "Es inaceptable que mientras la gente celebra, la delincuencia haga su agosto. Esto demuestra la falta de estrategia y de resultados del gobierno de la Ciudad", declaró un representante del PAN.

Por su parte, el gobierno capitalino ha reiterado su compromiso de redoblar esfuerzos y ha hecho un llamado a la ciudadanía para que tome precauciones adicionales, como no exhibir objetos de valor y reportar cualquier actividad sospechosa a las autoridades. Sin embargo, la responsabilidad principal recae en quienes tienen el deber de garantizar la seguridad pública y que, hasta ahora, no han logrado contener la ola de robos.

La pregunta que queda en el aire es si las autoridades serán capaces de revertir esta tendencia y garantizar la seguridad de los ciudadanos en los próximos eventos masivos que se avecinan. La confianza en las instituciones de seguridad se erosiona día a día, y la ciudadanía exige resultados tangibles y no solo discursos.

La FIFA y los organizadores del evento también podrían verse presionados a exigir mayores garantías de seguridad para futuros eventos, lo que pondría en entredicho la capacidad de la Ciudad de México para albergar competencias de talla internacional si no se toman medidas drásticas y efectivas para combatir la delincuencia.

La recuperación de 44 celulares es un número que, si bien representa un esfuerzo, palidece ante las 92 carpetas de investigación abiertas. Esto sugiere que la tasa de recuperación es apenas del 47.8%, lo que deja a más de la mitad de las víctimas sin sus dispositivos y sin una solución efectiva.

La estrategia de seguridad debe ir más allá de la simple presencia policial. Se requiere inteligencia, investigación profunda para desmantelar las bandas criminales y un sistema judicial que aplique sanciones ejemplares para disuadir a los infractores. De lo contrario, la fiesta del Mundial seguirá siendo un caldo de cultivo para la delincuencia.